La poeta portuguesa Filipa Leal, invitada a la FILBo 2019. Foto: Daniel Mordzinski. La poeta portuguesa Filipa Leal, invitada a la FILBo 2019. Foto: Daniel Mordzinski.

“Escribimos poemas de amor para que otros los roben”: Filipa Leal

En 2010, el diario ‘Expreso’ incluyó a esta poeta en la lista de los diez talentos portugueses a tener en cuenta. Nueve años después, es un referente literario en su país y en otros lugares y lenguas, como la nuestra. Antes de su participación en la FILBo, ARCADIA conversó con ella.

2019/04/29

Por Juan de Frono

El nombre de Filipa Leal se hizo conocido en Colombia por la impecable antología de su obra que realizó en 2016 la editorial Tragaluz: En los días tristes no se habla de aves. Sí, “en los días tristes no se habla de aves” y “caminamos helados con el cigarrillo en la mano” y “uno habla solo / y un ave siempre se posa / sobre las cosas / en lugar de posarse en nuestro corazón”. Con este libro, la primera reunión de sus poemas en América Latina, Filipa se convirtió en alguien cercano, casi una poeta nuestra, como pasa con algunos escritores portugueses que esta editorial paisa traduce y publica con frecuencia en su colección Lusitania.

Eugenio de Andrade fue un poeta portugués que vivió la mayor parte de su vida en Oporto, la ciudad donde Filipa nació. En uno de sus poemas De Andrade escribió que “Toda la poesía es luminosa, hasta / la más oscura. / El lector es quien a veces, / en lugar de sol, dentro tiene niebla”. Unos versos que relumbran en estos dos de Filipa, como si fueran pregunta y respuesta: “Te digo por eso / que no impongas las luz”.

Filipa ha publicado Tal vez los lirios comprendan (2004), La ciudad líquida y otras texturas (2006), El problema de ser Norte (2008), La inexistencia de Eva (2009), Valle Hermoso (2012), Adília Lopes Lopes (2014), entre otros. En 2015 escribió el manifiesto “A favor de los lectores de poesía”, donde se leen frases como: “A los poetas les gusta dormir hasta tarde” o “Los poetas odian trabajar en oficinas” o “A algunos poetas no les gusta nadie; otros sienten lástima por todo mundo” o “A los poetas no les gusta dar entrevistas”.

Hablemos de esos momentos en que su mamá recitaba poemas de Camões y Pessoa. ¿Cómo los recuerda?

Mi madre amaba la literatura (tenía estudios en Literatura Inglesa y era profesora de inglés) y tenía una voz muy bonita, intensa y ronca. Escribía mucho mejor que yo, pero eligió ser solo lectora, lo que no es poco. Recitados por mi madre, todos los poemas nos parecían simples, a mí y a mis hermanos. Me acuerdo del color con el que recitaba el poema “Liberdade”, de Pessoa: “Ay qué placer / No cumplir un deber, / Tener un libro para leer / Y dejarlo de hacer!1 / Leer es cosa pesada, / estudiar es nada. / El sol dora / sin literatura…”. (“Ai que prazer/ não cumprir um dever,/ ter um livro para ler/ E não o fazer!/ Ler é maçada,/ Estudar é nada./ O sol doira/ sem Literatura…”).  Nos encantaba.

Me encantan los sonetos de Camões. Cuando era adolescente, en lugar de afiches de estrellas pop, colocaba en el cuarto recortes con sonetos de Camões y otros textos. Había un pasaje de Los lusiadas (de Luís de Camões) que nuestra madre citaba mucho, refiriéndose a los escritores que más admiraba: “Aquellos que por hechos valerosos / de la ley de la muerte se van liberando”. (“Aqueles que por obras valerosas/ se vão da lei da morte libertando”). Creo que tuve ganas de liberarme de la muerte, también. Y rápidamente percibí que el sol no brillaba sin literatura.

Su tesis doctoral es sobre lo cómico en varios autores y ha dicho que le interesa mucho la autoironía. ¿Es posible decidir escribir con humor o es algo más inconsciente?

La ironía y el humor son herramientas que siempre he usado en la vida real. Son, también, una herencia de familia. Mi padrino, que era un lector obsesivo, tenía un sentido del humor refinadísimo, que habría merecido otra tesis. En mis primeros libros no llevé el humor a la poesía. Pero creo que desde Valle Hermoso (2012), aunque de forma sutil, él está allí. En los más recientes, el humor negro y la autoironía son, de facto, recurrentes. No fue una decisión consciente. Fue, quizá, haber traído mi voz del día a día al poema.  

Ha dicho que sus primeros libros son grandes metáforas, más alegóricos, y que ahora le interesa lo cercano, lo que pasa en su alrededor más inmediato. Hablemos un poco de esto.

Comencé por intentar crear cosas imposibles: una ciudad líquida, donde las aves se mojaban contra las torres, donde los gatos se evaporaban del suelo (La ciudad líquida); o una sala muy blanca donde estaba encerrada una mujer: Eva (A inexistência de Eva). Después, viví el dolor, el luto, sentí los primeros grandes disgustos, y creo que fue en ese momento que dejé de tener ganas de mirar solo hacia adentro, en busca de cosas que no existían. Creo que fue eso, pero no estoy segura: una voluntad de mirar hacia afuera, de ir al balcón a respirar.

Le puede interesar: La poeta chilena Elvira Hernández: “Deja para mañana lo que puedes hacer hoy”

Hay muchos versos suyos donde intenta comprender, nombrar, atrapar la ciudad. ¿Qué es Lisboa para usted?

Lisboa es un amor que comenzó hace once años. Soy de Oporto, en el norte de Portugal, allí nací. Hice el pregrado en Londres y después una maestría en Literatura en Oporto, donde elegí vivir. Cuando comenzó la más reciente crisis europea, el periódico centenario en el que trabajaba cerró. Mucha gente emigró en ese momento, no había empleo en ningún lado. Pero yo no quería volver a salir; quería escribir en portugués. Terminé yendo a Lisboa, supuestamente por un año. Y ya han pasado once. Estoy a tres horas en tren de mi familia, lo que es bueno.  Portugal es un país pequeño.

Ha dicho que quiere alejarse de la tradición portuguesa del mar. ¿Por qué?

Prefiero el mar que la palabra “mar”. En realidad, lo que quise decir con eso es que me parece que no debemos estar sujetos a los temas recurrentes de una supuesta tradición literaria. El mar, el saudade, la nostalgia, las partidas y los retornos no son materias obligatorias de la literatura portuguesa.

“Todos somos tristes”, ha escrito, y este sentimiento ha estado muy ligado a la literatura portuguesa. ¿Escribe poesía triste?

Hace algunos días, después del lanzamiento de mi más reciente libro (Fósforos e Metal sobre Imitação de ser Humano), algunos amigos leían poemas míos en voz alta y reían, divertidos. Yo estaba muy contenta y les dije que tenía la sensación de que habría dos reacciones posibles a este libro: reírse o cortarse las venas. Menos mal se rieron. Qué alivio.

En su manifiesto defiende a los lectores de poesía con cierta ironía. ¿Cuál es su lector ideal?

Defiendo a los lectores de poesía sin ironía, a pesar de la ironía del manifiesto. Hay tantos lectores que aseguran que no les gusta la poesía y que leen solo ficción, y que son respetados por sus pares... ¿Por qué no ocurre lo contrario? El lector ideal es aquel que lee lo que le apetece: si le apetece leer solo poesía, no es menos lector. Es esa la “tesis” de mi manifiesto: una defensa de los posibles lectores de poesía.


Filipa Leal retratada por Daniel Mordzinski. Cortesía FILBo.

En un verso le habla a la poeta Adília Lopes diciéndole: “Sepa usted que también yo perdí el miedo al ridículo”. ¿Cree que la buena poesía pierde el miedo al ridículo casi siempre?

Creo que lo ideal para el mundo sería que la gente, en general, perdiera el miedo al ridículo. Crecimos llenos de miedo de parecer ridículos. Mucho de lo que hacemos, y de lo que no hacemos, cuando aún somos solo hipótesis de personas, tiene que ver con eso. Como escribió Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa) en “Poema en línea recta”: “Podrán las mujeres no haberlos amado, / pueden haber sido traicionados –¡pero ridículos nunca! / Y yo, que he sido ridículo sin que me hayan traicionado, / ¿cómo puedo hablar con mis superiores sin titubear? (“Poderão as mulheres não os terem amado,/ podem ter sido traídos - mas ridículos nunca!/ E eu, que tenho sido ridículo sem ter sido traído,/ Como posso eu falar com os meus superiores sem titubear?”).

Con respecto a la pregunta anterior, hablemos del amor en los poemas, que se encuentra en su poesía, un tema en que el ridículo se pierde. ¿Para qué o por qué escribir poemas de amor?

Creo que nosotros, sin saber, escribimos poemas de amor para que otros los roben y los envíen a sus novios y a sus novias. Los poetas son una especie de agencia involuntaria de matrimonio.

¿Sigue pensando que le “faltan / lazos y decepciones” para ser “poeta de la actualidad”?

No. Ya he tenido mis desilusiones. Llegué, finalmente, a mi siglo.

¿Cuál es su relación con la poesía en castellano, y más específicamente con la poesía latinoamericana?

En América Latina, mi relación más directa (como lectora) es, naturalmente, con los poetas y escritores brasileños, porque escriben en la misma lengua. Pero la alegría del lector es nunca haber leído todo y estar siempre sorprendiéndose. Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges y Pablo Neruda son quizás nombres más accesibles en traducciones. Tuve la gran alegría de conocer personalmente, en Cartagena de Indias y en Medellín, grandes poetas colombianos como Piedad Bonnett y Juan Manuel Roca, cuyas obras me encantan. Y, también en Medellín, a Frank Báez, poeta de República Dominicana que redescubrí este año en un festival en Portugal. Hace algunos años tuve la fortuna de encontrarme con el mexicano José Emilio Pacheco, quien me ofreció algunos libros y me encantó, también. He estado leyendo y me he maravillado con la obra de la argentina Alejandra Pizarnik, aunque creo que aún no ha recibido una buena traducción en Portugal.

Le puede interesar: Ocho poemas de Fernando Pessoa y sus heterónimos

Usted ha escrito guiones para cine y también teatro, facetas suyas poco conocidas en nuestro país. ¿Cómo ha sido esto?

Ha sido fascinante y sorprendente. En los últimos años, escribí para teatro (obras cortas), cine (el argumento de la película Juego de damas, realizado por Patricia Sequeira) y televisión (una serie de veinte episodios: Mujeres así). Desde pequeña formé parte de grupos de teatro: en la escuela, en la universidad (en Londres) y, más tarde, en el Balleteatro do Porto, cuando estaba, al mismo tiempo, haciendo prácticas en una radio como periodista. Creo que no había manera alguna y empecé a creer que el escritor es un actor frustrado. Escribir argumentos me hizo sentir que, de alguna forma, también entraba en escena a través de los actores. Escribir para personajes es una experiencia impresionante.

Usted es periodista de profesión y ha trabajado en diferentes medios. ¿Qué le interesa del periodismo?

Hay un escritor brasileño, Zuenir Ventura, que escribió en algún momento algo como: “Un periodista no es aquel que sabe. Es el que sabe encontrar a las personas que saben”. Lo que más me interesa del  periodismo es encontrar las personas que saben y poder sentarme con ellas, oírlas y seguir aprendiendo. Y, luego, seguir buscando.

Finalmente, ¿cuál fue el último poema que leyó?

Fue hoy, un poema de Adília Lopes, en el ensayo para el recital que voy a hacer con Mafalda Veiga (escritora de canciones, compositora e intérprete portuguesa que también participa en la FILBo) y Pedro Rapoula en un  coloquio de la Universidad de los Andes, en Bogotá. Es un poema que comienza así: “No me gustan tanto / los libros / como a Mallarmé / parece que le gustaban / yo no soy un libro / y cuando me dicen / me gustan mucho sus libros / me gustaría poder decir / como el poeta Cesariny / mira / lo que a mí me gustaría / es que yo te guste a ti”2. (“Não gosto tanto/ de livros/ como Mallarmé/ parece que gostava/ eu não sou um livro/ e quando me dizem/ gosto muito dos seus livros/ gostava de poder dizer/ como o poeta Cesariny/ olha/ eu gostava/ é que tu gostasses de mim”).

¿Y sobre qué tema trata el poema más reciente que escribió, y cuándo y dónde lo escribió?

El último poema que escribí, la semana pasada, es sobre un oso. Estaba viendo con mi padre un documental en el canal National Geographic y me impresioné porque el presentador decía que aquel era el único oso en América Latina. Imagino que no es el único, debe haber sido un problema de traducción. Pero el poema, como el amor, también puede nacer de un malentendido.

Le recomendamos: “El uso paupérrimo del lenguaje nos hace seres más tristes”: Abraham Gragera

Tres poemas de Filipa Leal*

El principio de la oración

Señor, llena mi habitación
de altamar.

32

Cuando yo era pequeña
quería ser payaso.
Era, por supuesto, una forma de optar
por la tristeza
en la misma medida que terminé estudiando
la obra del escritor más triste de Portugal
desde el punto de vista
de lo Cómico.
Jugaba a los payasos cuando mis primas
se dedicaban a otras cosas.
Ponía en el bolso
el sombrero hongo y la nariz roja
y me iba.
Hoy todavía me pregunto: ¿para dónde?

Te dije: una casa

Te dije: una casa.
No hablábamos hacía meses y esto
fue todo lo que supe decirte:
una casa, tengo una casa.

Acomodé primero los discos, después las películas,
y luego los libros, la vajilla.
Como quien se abriga de la lluvia,
colgué los primeros cuadros.
Cuatro: carretera, mar, mujer, corazón.

Empezó a llover cuando me preguntaste
si te invitaba a cenar.
Era innecesariamente julio
y adentro de la casa llovía mucho.

Te lo dije, confieso, sin esperanza;
solo porque una casa
es demasiado grande para quedarse en la boca.

*De la antología En los días tristes no se habla de aves, Tragaluz Editores
1. Traducción de Jerónimo Pizarro en el libro Todos los sueños del mundo, Tragaluz Editores.
2. Traducción de Alejandro Giraldo Gil, en el libro Escribir un poema es como atrapar un pez, Tragaluz Editores.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en REVISTA ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 165

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.