Collage: Daniel Villamizar. Collage: Daniel Villamizar.

Fast Fashion y violencia de género: una relación estrecha

Se necesita un consumo de moda consciente y responsable, y una redifinición radical del modelo de producción que no se base en la explotación ni viole los derechos humanos de los más pobres. Hoy, la industria que produce ropa a bajo costo no funciona. Aquí le contamos por qué.

2018/12/13

Por Andrea Mejía Fajardo.

El 27 de septiembre de 2017, Radhika, sentada frente a su máquina de coser, haciendo caso omiso al agotamiento, el hambre y la sed, trabajaba arduamente para cumplir la cuota de 230 piezas impuesta por su superior. Sus manos le dolían y sus piernas estaban exhaustas. Llevaba 12 horas sin pararse de su silla y aún le faltaban dos horas más para terminar el día laboral. Ese día, su supervisor se acercó y comenzó a gritarle: “¡No estás cumpliendo con tu meta de producción!”. Tiró a Radhika al piso y la golpeó repetidas veces. La tomó de los brazos y la alzó, solo para volverla a dejar caer.

En busca de ayuda, Radhika recurrió a recursos humanos. La persona a quien ella le confió su caso llamó al supervisor: “Le dijo ‘El mes pasado hiciste lo mismo con otra mujer, ¿no has aprendido?’ Acto seguido, le pidieron que se disculpara conmigo, pero me pidieron no volver a mencionar el incidente”.

Su supervisor no cambió de actitud: “¡Estúpida! No sabes trabajar”. Renunciar no es una opción. Su hija, con una discapacidad física, nunca podrá encontrar trabajo. Radhika sigue aguantando semanas laborales de hasta sesenta horas, sin días de descanso, sin permiso de ir al baño o beber un poco de agua fresca para calmar la sed durante los meses más calurosos.

Radhika es una de las mujeres entrevistadas para un reporte del Global Labor Justice sobre violencia de género en los talleres de confección en países de Asia, y es una de las millones de mujeres alrededor del mundo que sufren de forma diaria algún tipo de violencia y abuso en sus puestos de trabajo. Se estima que la violencia contra mujeres y niñas es “una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo”, lo que “supone un gran impedimento para el cumplimiento de los derechos humanos de mujeres y niñas, y para la consecución de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Esta violencia se produce en todo el mundo y afecta a todas las generaciones, nacionalidades, comunidades y esferas de nuestras sociedades independientemente de la edad, la etnia, la discapacidad u otros aspectos”, advierte la OIT.

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Con la apertura económica de China, Bangladesh, Vietnam, India, Hong Kong, Indonesia y Camboya, se abrió la posibilidad de producir a precios bajos, cosa que no posibles en otros países. En 2016, más del 55.4% de las exportaciones globales de vestuario salieron de estos países asiáticos. En Bangladesh, esta industria representa el 81% de los ingresos generados por exportación. Las cifras difieren en el número de trabajadores textiles del país, pero la Bangladesh Manufacturers Association estima que actualmente la industria textil-confección emplea, formal e informalmente, a unos cuatro millones de trabajadores de los cuales, según algunos estudios, sindicatos y activistas, afirman que alrededor del 80% son mujeres, muchas con contratos por fuera del sistema de regulación del gobierno. En Sri Lanka, el 19% de la población esta empleada en trabajos relacionados con la confección, de las cuales el 85% son mujeres, según el informe Gender Based Violence in the H&M Garment Supply Chain.

Debido a la alta y constante demanda creada por las dinámicas de consumo en los países occidentales, los confeccionistas se han visto presionadas por cumplir con unas altas metas de producción a muy bajos costos. El factor costo de producción es determinante al escoger a los proveedores. El mismo reporte afirma que “solo el 2.9-4.2% del precio al consumidor está destinado para el salario de los trabajadores”.

El fast fashion busca de forma constante acelerar los ciclos de producción al tiempo que acorta tiempos de entrega. Para la Global Labor Justice, estas exigencias llevan a que los supervisores y gerentes de las platas de confección incurran en prácticas “disciplinarias”, psicologícas y en ocasiones físicas, hacia las trabajadoras. Ieva Zilinskaite, de la Universidad de Lund, y otros académicos afirman que el sistema empleado por esta forma de producción y de (híper)oferta e (híper)consumo es insostenible.

Una mujer confeccionista puede llegar a trabajar hasta 60 horas semanales, horas extras no son remuneradas y su salario no alcanza para la manutención propia ni de su familia. En contraste, Inditex logró un record de ingresos durante el primer trimestre de 2018 por $6.6 billones de dólares, aumentando la riqueza personal de Amancio Ortega, propietario y presidente, en $73.9 billones, según cifras presentadas por Hoda Katebi.

Violencia de género en las plantas de confección

Doris Acevedo define la violencia laboral como “toda manifestación de agresión verbal, física, psicológica y sexual, que afecte la dignidad e integridad de las personas, su salud y sus posibilidades de acceso o permanencia en el empleo y ascenso laboral”. Esto se intensifica en las mujeres en diversas posiciones laborales debido a “la percepción social de las mujeres en el mercado de trabajo como fuerza de trabajo secundaria”, enfatiza. Se han registrados casos de suicidio de mujeres a causa del abuso y acoso excesivo en el ámbito laboral.

Que el acoso laboral hacia las mujeres se haya incrementado también tiene que ver con una mayor participación femenina en el ámbito laboral a nivel mundial. Esta se presenta en ocasiones con contratos que incumplen con las leyes en un mercado laboral informal donde carecen de protección en sociedades patriarcales y relaciones de poder. Global Labor Justice explica que estos factores han creado ambientes vulnerables en todas las áreas de trabajo para las mujeres, lo que incrementa el acoso y abuso físico, verbal y sexual.

Global Labor Justice, junto con el apoyo de Asia Floor Wage Alliance, CENTRAL Cambodia, Sedane Labour Resources Centre y Society for Labour and Development, publicaron tres informes resaltando la situación de violencia a la  que son sometidas las mujeres en las plantas de confección de marcas de fast fashion en Asia. El informe sobre H&M tomado como referencia para esta investigación, se realizó en Bangladesh, Camboya, India, Indonesia y Sri Lanka.

En estos países las mujeres han sido expuestas a situaciones de extrema vulnerabilidad frente a sus compañeros hombres y superiores en el trabajo donde sus derechos son desconocidos o ignorados. La prohibición por parte de las empresas de crear sindicatos y uniones laborales les impide fortalecerse como gremio laboral.

En Sri Lanka las jóvenes son acosadas de forma constante, mientras las adultas son humilladas debido a su edad. “Mi supervisor vino a mi puesto de trabajo a las 5:30 pm. Me dijo que me parara de la silla y no fuera a trabajar a partir del día siguiente. ‘Váyase a morir a su casa’, me gritó. Otro trabajador se unió y preguntó ‘¿Por qué viene a trabajar si es tan vieja?’”.

Los supervisores, conscientes de las necesidades económicas de las trabajadoras, se aprovechan ofreciéndoles beneficios como aumento del salario, menos horas laborales y promociones a cambio de favores sexuales. Negarse a estas propuestas puede llevar a graves consecuencias, ya que desde la posición de poder el supervisor tiene la autoridad para despedirlas sin previo aviso, dificultarles la contratación en otras fábricas, aumentarles la cuota de prendas y las horas laborales.

Piya decidió denunciar las constantes insinuaciones de su supervisor ante la policía local. “La policía se negó a tomar mi declaración. Me dijeron ‘solo es una propuesta’. Cuando regresé al trabajo al otro día, me despidieron. Más tarde me enteré que la policía informó al gerente de muestras que había ido a denunciarlo”.

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Todas las mujeres entrevistadas para el informe presentado por Global Labor Justice, afirmaron ser víctimas de constantes abusos verbales, frecuentes amenazas y violencia física. Las acciones violentas tienden a incrementarse durante los altos picos de producción.

“Yo puedo alcanzar mi meta si trabajo sin parar, pero esto no es posible. Algunas veces necesito un descanso para ir al baño o para beber agua. Pero si lo hago, no logro cumplir la meta.” A estas situaciones los directores de planta responden con gritos e insultos: “¡Estúpida! ¿No puedes trabajar? Si no estás dispuesta a trabajar, vete para tu casa. Ten cuidado. Yo no renovaré tu contrato si tú no puedes trabajar”.

Mientras las mujeres trabajan sin parar para cumplir las cuotas exigidas, Hoda Katebi informa sobre las acusaciones contra H&M al quemar anualmente 12 toneladas de prendas nuevas mientras posee un inventario estimado en $4.3 billones de dólares, lo cual no le impide continuar con una producción anual estimada entre $550 y $600 millones de prendas.

Las pésimas condiciones de infraestructuras y prevención de riesgos ponen en peligro la salud de las trabajadoras. La falta de ventilación hace que las mujeres deban inhalar durante largas jornadas los químicos usados en textiles y acabados causándoles problemas respiratorios. A esto se suman problemas de anemia debido a la falta de alimentación: los salarios son insuficientes para comprar alimentos y en momentos de alta productividad los superiores les prohíben tener hora de almuerzo, beber agua e ir al baño. Esto se ha visto reflejado en múltiples desmayos y el informe reporta dos casos de muerte.

En la India, el Employees State Insurance Corporation realizó en 2014 una encuesta entre trabajadores de plantas de confección donde concluyó que el 60.6% eran anémicos mientras que en 2009 el 80% de los casos de tuberculosis registrados eran de personas trabajadoras en la industria de la confección.

Por otro lado, quedar embarazada representa la posibilidad de perder el trabajo. Muchas se exigen a sí mismas trabajar bajo condiciones extremas hasta el último día de embarazo por temor a perder su único sustento. El informe incluso reporta casos en Camboya donde las mujeres han preferido dar por terminado su embarazo por miedo a no encontrar otro trabajo.

Sara David Heydemann presentó en su informe “Gender Based Violence is a Global Problem & We Need International Tools to Fight Back” el siguiente suceso: “En Jacksonville, Florida, Otisha Woolbright, empelada de Walmart experimentó algunas complicaciones durante su embarazo. Por sugerencia medica debía evitar esfuerzos físicos. Su supervisor ignoró el problema y le exigió continuar con sus actividades, un embarazo no es excusa. La empresa no reacomodó a Otisha hasta que su salud empeoró. Fue despedida cuando pidió tiempo libre”.

A las formas de violencia mencionadas se suman las de contratación. Las trabajadoras son en la mayoría de los casos contratadas de forma informal a término fijo sin prestaciones y ningún tipo de afiliaciones a salud ni seguridad social. Varios proveedores de H&M despiden y contratan una y otra vez a las trabajadoras para evadir pagos asociadas a la antigüedad.

Para su informe sobre la violencia en el trabajo, publicado en la revista de la OIT, Elisa Oddone estima que el 80% de los 60 millones de trabajadores de la industria textil-confección son mujeres, muchas de ellas menores de 30 años provenientes de zonas rurales de sus países de origen.

Jennifer Rosenbaum, directora en Estados Unidos de Global Labor Justice, afirma que “debemos entender la violencia de género como un resultado de la estructura global de la cadena de suministro. La cadena de suministro de fast fashion crea metas de producción irrazonables y contratos con salarios muy bajos, dando como resultado horas laborales extra sin remuneración y una forma de trabajo acelerada bajo extrema presión”.

Sobre la violencia laboral contra las mujeres, Manuela Tomei, directora del Programa de Condiciones de Trabajo y Empleo de la OIT comentó: “Este es un problema universal y afecta a todas las mujeres, sin importar su educación ni dónde trabajan. ¿Por qué nos importa? Porque es una violación de derechos humanos, es una amenaza a la dignidad, a su seguridad salarial, a su salud y bienestar”. Tomei recalcó además la necesidad de redefinir qué es el lugar de trabajo “ya que los abusos no ocurren solamente entre las paredes de una oficina, sino también por fuera, durante entrenamientos, reuniones, medios de transporte o incluso en la propia casa, en el caso de las empleadas domésticas y de quienes trabajan a distancia”.

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H&M intenta ser sostenible, pero, ¿lo logra?

Athit Kong, vicepresidente de CCAWDU, explicó que son “las marcas multinacionales las que extraen las utilidades más grandes del trabajo de los trabajadores de las plantas de confección en Camboya, pero ellos se esconden detrás del outsourcing y subcontrataciones para evitar responsabilidades.”

El grupo sueco H&M afirma que todos sus productos son confeccionados por proveedores independientes, por lo general, en países subdesarrollados. “Toda persona debe ser tratada con respeto y los proveedores deberían ofrecerles a sus trabajadores salarios justos y buenas condiciones laborales”. La multinacional reconoce los retos y problemáticas referentes a los derechos humanos y estándares ambientales. H&M enfatiza su compromiso en apoyar países en desarrollo impulsando colaboraciones y negocios, y enfatizando en la importancia del respeto hacia los derechos humanos, el pago de fair living wages además de infraestructuras optimas y seguras. Pero Según Clean Clothes Campaign, “cientos y miles de trabajadores detrás de los productos de H&M todavía reciben salarios de miseria y trabajan en miserables condiciones. El living wage busca asegurar que los salarios pagados en no más de 48 horas por semana permitan a los trabajadores en el sector confección pagar por alimentación para ellos y sus familias, como también vivienda, salud, vestuario, transporte, educación y destinar una pequeña parte al ahorro.”

En entrevista con el periódico The Guardian, H&M respondió con respecto al informe: “Todas las formas de abuso y acoso son en contra de todo lo que el grupo H&M representa. La violencia basada en género hace que todas las mujeres alrededor del mundo sufran diariamente debilitando su salud, dignidad y seguridad. Es por esto que recibimos de buena forma cualquier iniciativa para fortalecer los derechos humanos de las mujeres en el trabajo, como la convención internacional contra la violencia de género en el puesto de trabajo discutida dentro de la ILO.”

Una vocera de H&M habló con Fashion United y afirmó que “este reporte muestra claramente la necesidad de continuar hablando sobre estas problemáticas. El empoderamiento de las mujeres a nivel económico y social es una forma de prevenir la violencia de género. Vamos a analizar cada sección del reporte y hacerle un seguimiento a las fábricas en conjunto con nuestros equipos locales ubicados en cada uno de los países donde tenemos producción”.

Es momento de un cambio, pero se necesitan mayores compromisos

En países como Estados Unidos se han implementado reformas internas para afrontar la violencia y acoso laboral dentro de las empresas y brindar mejor protección a los colaboradores. Aunque hay leyes que protegen a las mujeres, aún hay falencias. El National Law Women’s Center recomienda que estas políticas y protecciones legales no se limiten únicamente a los puestos de trabajo dentro de los headquaters de la compañía, sino que vayan más allá, incluyendo bodegas y fabricas dentro y fuera del país, tanto propias como de proveedores. “El movimiento #MeToo es global. Por lo tanto, la respuesta debería ser también global”, opina Haydemann.

El ILO presentó un estudio sobre violencia y abuso en el trabajo, concluyendo que 20 de 80 países carecen de leyes para proteger a sus trabajadores de retaliaciones cuando deciden reportar abusos sexuales. 19 de estos países ni siquiera tienen una definición legal de qué es abuso y acoso sexual laboral, lo que dificulta las denuncias por parte de las mujeres ya que no tienen instancias legales a las cuales acudir, continua Haydemann.

Michele O’Neil, co presidenta de IndustriALL Women Committee hace una pregunta esencial: “¿Cómo podemos pensar en lograr la igualdad de género sin eliminar la violencia contra la mujer que obstaculiza la igualdad de género?”.

Líderes sindicalistas alrededor del mundo, junto a gobiernos y empresas privadas, se han reunido para lograr un acuerdo global y hacer frente a la violencia contra las mujeres en varios sectores. Vivian Hendiksz comentó en su reporte para Fashion United que este grupo de personas hizo además una invitación a marcas de fast fashion como H&M y GAP para buscar fórmulas que contribuyan a la eliminación de prácticas de violencia contra las mujeres en el trabajo.

Pero mientras continúe la alta demanda por estos productos en países occidentales, el modelo de fast fashion no cambiará. Es por esto que movimientos activistas han usado #EndFastFashionGBV para mostrar la necesidad de redefinir la cultura de consumo de occidente y entender las complejidades políticas, sociales y económicas de esta industria. Para lograr un cambio real, se necesita un consumo de moda consciente y responsable, incluyendo una confección responsable.

Jennifer Rosenbaum contiúa diciendo: “Movimientos de trabajadores, mujeres, migrantes y otros están construyendo redes globales para exigir cambios en los sistemas que dependen de precarios salarios y violencia de género para cumplir con la producción de fast fashion vendida en Estados Unidos y Europa a costa de la integridad de estas mujeres y sus familias”. Por otro lado, Neva Nahtigal de Clean Clothes Campaign asegura que más de cien mil personas se han unido para exigirle a empresas como H&M que aseguren sin más dilataciones el pago de salarios dignos a sus trabajadores.

Dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de la ONU, está la igualdad de género. La ONU impulsa la igualdad de niñas y mujeres y su “acceso a la educación, a la atención médica, a un trabajo decente, y una representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas”. Solo así se podrán asegurar “economías sostenibles” para beneficios de la sociedad y humanidad. Es necesario establecer “nuevos marcos legales sobre la igualdad de las mujeres en el lugar de trabajo y la erradicación de las prácticas nocivas sobre las mujeres es crucial para acabar con la discriminación basada en el género que prevalece en muchos países del mundo”.

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