Frida Kahlo nació en 1907 en Coyoacán, México.

Barbies, bigotes y mujeres salvajes

Una nueva muñeca de Mattel, dedicada a Frida Kahlo, pone en evidencia las concepciones de feminidad que siguen limitando las expresiones de las mujeres de hoy.

2018/03/28

Por Ángela Carmona

Seamos honestos, si Mattel hubiera tan solo insinuado el particular bozo de Frida Kahlo, no hubiera vendido ni una sola muñeca. De hecho, la sola idea de una barbie Frida ya es espeluznante. Hace más de cincuenta años la empresa estadounidense retrató la perfección de la mujer en una escala 1/6 con unas medidas de 91-46-84. Tal vez los 1,60 de altura de Kahlo no se acoplan al modelo americano, como sí lo logran la aviadora Amelia Earhart o la científica Katherine Johnson que ahora hacen parte de la colección de Mujeres Inspiradoras que salió al mercado hace un par de semanas.

Los familiares de la artista mexicana han mostrado su descontento no solo por el uso de la imagen sin previa autorización, sino también por cómo luce la barbie pelinegra. Sin embargo, la mayoría de productos que comercializa la Frida Kahlo Corporation no acentúa su verdadera figura. Aunque pronuncien la ceja pegada y la vistan con ropas tradicionales mexicanas, en los cojines, cuadros, cartucheras, carteras o hasta en la etiqueta de un tequila aparece retratada sin bigote.

El bozo acentuado de Frida no tiene nada que ver con la Venus idealizada, nos habla más bien de una feminidad extraña. Sí, existen las mujeres peludas. Sidonia de Barcsy, Dora Gutterman o Annie Jones tenían vello excesivo a causa de la hipertricosis. Pero quizás la historia más espeluznante sea la de la mexicana Julia Pastrana nombrada como la mujer más fea del mundo no por su mandíbula salida, sino por el vello que cubría todo su cuerpo, principalmente la espalda. A sus veinte años empezó a ser exhibida en ferias bajo el nombre de la mujer oso. Aprendió a cantar y a bailar, también a leer y a escribir, aunque su esposo siempre la vendió como una bestia. Recorrió Estados Unidos, Canadá y Europa, y murió dando a luz frente a un público ruso. Al parecer, en plena agonía su esposo no dudó en venderla a un científico que la embalsamó junto con su hijo, también peludo, que murió al igual que su madre.

Algunas de estas mujeres decidieron exponerse libremente y otras fueron brutalmente comercializadas. Aunque la mayoría, buscaban acentuar su feminidad por medio de vestidos escotados, cinturas estrechas, peinados altos y muchas joyas, parece ser más gustoso observar la cara perfecta de la Barbie con sus ojos color cielo brillante y su nariz celestial, sin importar rol o profesión; siempre hemos querido protegernos viendo esa misma expresión que no nos genera escozor.

Las mujeres peludas no solo llevan su vello en el cuerpo. México se convirtió en la guarida de la pintora inglesa Leonora Carrington para crear a sus mujeres peludas rodeadas de búhos, pájaros y unicornios. La artista tenía una belleza tradicional europea: cara ovalada de frente amplia, nariz pronunciada pero fina y labios un tanto caídos que, junto con su pelo recogido, le daban ese aire misterioso que siempre la acompañó. Al parecer el vello de Carrington se encontraba en su cabeza, con una porción de loco amor surrealista, unos ataques de ansiedad y un par de electrochoques aplicados en un psiquiátrico de Madrid. Seguramente esa araña peluda le reveló las escenas inquietantes y sombrías que excedían la seguridad de la razón.

En últimas la familia de Kahlo no está pidiendo dinero, seguramente con todas las licencias de su imagen ya tengan suficiente. Ellos exigen un cambio de imagen de la barbie Frida, aunque aún no han hablado del bigote. Quizás lo mejor sería meter todas las barbies al microondas, como muchas niñas lo hacen, y quemar el plástico buscando en lo profundo de Lilli –la Barbie original– su vigor para enfrentarse a la autoridad masculina. Encontrar la fuerza que le falta a la Barbie, porque ella no ha tenido voz. Con bozo o un traje más colorido, Barbie seguirá condenada a buscar la perfección.

Y lo digo yo que fui una niña con más de 40 muñecas, y rechazaba a las feas, chiviadas e imperfectas. Pero ya llevamos muchos siglos retratando la belleza y hoy la pierna peluda o la araña en la cabeza no me asustan, y sé que si en unos años llegara a tener una hija, la animaría a que juegue a ponerse pájaros en la cabeza.

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