Michael Shannon.  Foto: GETTY IMAGES NORTH AMERICA / AFP Michael Shannon. Foto: GETTY IMAGES NORTH AMERICA / AFP

“Hacer una película es, cada vez, una especie de trauma”

Una entrevista con el actor Michael Shannon (“La forma del agua”, “Animales nocturnos”), a quien el FICCI le rendirá tributo este sábado en Cartagena.

2019/03/09

Por Revistaarcadia.com

Usted a veces ha tenido que interpretar a hombres blancos, malvados, pero perturbados hasta el punto en que el espectador siente que debe tener cierta comprensión por ellos. Ahí hay una interpretación, incluso una crítica, de la sociedad estadounidense. ¿Esto es algo que hace conscientemente mientras actúa?

Cada trabajo, cada papel que he tenido, ha sido distinto, obviamente. Pero sí hay algunas cosas que he hecho que me hacen pensar en eso, en que a lo mejor sí he podido querer transmitir un mensaje así.

¿Por ejemplo, con su personaje en “La forma del agua” (2017), la película de Guillermo del Toro que hace un año se llevó el Oscar a Mejor largometraje?

Sí, pero pienso que esa idea de expresar sentimientos complejos sobre Estados Unidos no era originalmente mía, sino de Guillermo. En general, yo diría que esa película es tan bella e interesante porque es compleja. Y lo es porque Guillermo y quienes trabajamos ahí quisimos contar muchas cosas a la vez. Esas son las grandes películas, las que lo abordan todo por medio de una historia. Y una de esas cosas es que el personaje que yo estaba interpretando representa probablemente el lado más oscuro y vergonzoso de la psique estadounidense.

Michael Shannon en La forma del agua

¿En qué otras películas ocurre eso?

Es difícil decirlo. Es duro generalizar sobre una obra. Cada personaje que interpreto tiene su propia historia. Pero algo así como “La forma del agua”, esa caracterización de la oscuridad del espíritu de mi país, también lo veo en “Boardwalk Empire” (2010). En “Animales nocturnos”, en cambio, la cosa no es tan así porque ahí Bobby, mi personaje, no es una mala persona, sino más bien un héroe. Es un hombre con principios, lo cual es una virtud que está desapareciendo: la idea de rebelarse y decir: “No, yo no acepto la forma como me tratas, no acepto lo que has hecho con mi familia”.

¿Usted piensa en esos rasgos y posibles interpretaciones de sus personajes mientras actúa?

No tanto, pienso en eso, mucho, más bien antes de entrar al escenario. Pero sí me lo planteo. ¿Por qué voy a hacer eso? Siempre que voy a hacer una película me pasa algo que suena un poco ridículo, y es que hacer una película es cada vez una especie de trauma para mi vida. Debo dejar mi hogar, dejar a mi familia, debo ir a un lugar extraño y convivir con un montón de desconocidos. Entonces la razón debe ser buena. Si hago una película y esta hace cambiar a la gente, me siento más motivado. Una buena motivación me hace pensar entonces en lo que voy a hacer con mis personajes, en qué mensaje quiero dar y qué quiero criticar o resaltar de nuestra cultura.

Y cuando está en el set, ¿piensa en eso también?

No, ya no pienso en eso. Lo mejor que uno puede hacer ahí es muy sencillo: no pensar en nada en realidad. Eres un actor y estás contando una historia.

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¿Cúal es su relación con su cuerpo al preparar un papel y al interpretarlo? ¿Es consciente del impacto que eso tiene en el resultado?

Es interesante que lo mencione porque eso ha cambiado mucho durante los años. Cuando comencé, no pensaba mucho en eso. De hecho, me burlaba un poco. Vivía en Chicago, hacía teatro, y había compañías que hablaban del “teatro basado en lo físico”, y me parecía ridículo. Iba a verlas para ver qué hacían, y se la pasaban dando brincos de aquí y allá. Creía que ser actor se trataba de recitar, y ya. Pero con el tiempo, casi que de manera inconsciente, me fui dando cuenta de que el cuerpo sí es importante. Cuentas historias con tu cuerpo tanto como las cuentas con tu boca o con un guion en la mano. Y hay algo grotesco en eso. Cuando hice “Man of Steel” (2013), el director Zack Snyder quería que yo fuera al gimnasio. Yo no entendía porque pensaba que, con o sin gimnasio, mi cuerpo se iba a ver bien gracias a los gráficos creados por computador o porque me iban a tener vestido con un traje de músculos falsos de caucho. Pero fui al gimnasio y me di cuenta de cómo el cuerpo sí se vuelve relevante y define cómo vas a actuar. Y así cambias. Si vas a ser un guerrero, pues tienes que tener eso en tu cuerpo. De lo contrario, no sirves.

Y así como trabaja con el cuerpo, ¿trabaja también con su rostro? Lo que hace con su cara en “Take Shelter” (2011) es impactante...

La cara… Eso siempre es engañoso. Yo prefiero no pensar demasiado en lo que hago con mi cara. Pero, a la vez, sé que forma parte del trabajo de fotografía y que es parte de todo: de ser actor, de la vida. Hay algo raro en la actuación, me atrevo a decir que en general en la vida, y es que tú puedes estar pensando y sintiendo una cosa, pero te ves como si estuvieras pensando en otra. La gente asume que sabe qué está pasando por mi mente basada en mi cara, que estoy pensando en algo de manera muy intensa, pero en realidad puedo estar pensando en lo que voy a comer esa noche. Sí hay que ser consciente de que tu rostro tiene un rol fundamental en la actuación, pero tampoco hay que pensar demasiado en ello porque empieza a ser raro, exagerado. La fórmula es: piensa mucho en eso antes de salir al escenario, pero cuando lo hagas deja de hacerlo.

Michael Shannon en Take Shelter, una de las dos películas que se proyectará en el Tributo del FICCI.

Para terminar, ¿podría darles un consejo a jóvenes actores que estén leyendo esta entrevista?

Uy, los consejos...

Al fin y al cabo, usted está en Cartagena como invitado de honor del Ficci porque ha logrado algunas cosas en su vida.

Bueno, mi consejo es que hay que buscar lo que se quiere. Si lo que quieres es ser una estrella con gente en todo el mundo pidiendo tu presencia, no tengo nada para aconsejar. No sé nada de eso. Solo sé que actúo porque amo esto. Yo trabajé por muchos años sin que nadie me pagara, hacía obras de teatro y venía muy poca gente. Una vez actué en una obra. Se llamaba The Killer y era de Eugenio Ionesco, y a la premier vinieron solo dos personas. Duraba tres horas. Todo el mundo en el equipo quería irse a casa. Era una noche muy fría, y los únicos espectadores eran una pareja; uno era un actor. Yo pedí que les presentáramos la obra a esas dos personas. Y hasta hoy recuerdo la satisfacción que me causó. Tanta como la que me causó hacer “Man of Steel”. Mi mejor consejo, entonces, es el siguiente: no te preocupes mucho por las cosas que vas a hacer, solo hazlas.

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