Jorge Giraldo Ramírez, decano de Humanidades de Eafit y autor del libro 'Populistas a la colombiana'. Foto cortesía. Jorge Giraldo Ramírez, decano de Humanidades de Eafit y autor del libro 'Populistas a la colombiana'. Foto cortesía.

'Populistas a la colombiana': similitudes y diferencias entre Gaitán, Rojas Pinilla y Uribe

En una entrevista, Jorge Giraldo Ramírez, decano de Humanidades de Eafit, nos cuenta sobre su más reciente libro, una obra que, entre otras cosas, desmiente la idea de que el gaitanismo fue el único movimiento populista del país.

2018/06/12

Por Ángel Castaño Guzmán,

Doctor en Filosofía y decano de Humanidades de la Universidad Eafit, Jorge Giraldo Ramírez es uno de los más agudos e interesantes académicos que estudian los fenómenos políticos colombianos: participó en la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, establecida en el marco del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto entre el Gobierno de Colombia y las Farc. Ha publicado, entre otros, los libros El rastro de Caín: guerra, paz y guerra civil (2001), Guerra civil posmoderna (2009) y Las ideas en la guerra (2015). Su más reciente incursión en el ensayo histórico y político es el libro Populistas a la colombiana, editado por Debate. Conversamos con él sobre esta última obra.

En la primera parte del libro usted define el populismo: no es una ideología sino una manera de hacer política. ¿Cuál es, por así decirlo, el ADN del populismo? ¿Cuáles son sus rasgos definitorios?

Entre los rasgos definitorios del populismo está, antes que nada, el personalismo: los caudillos aparecen como jefes de movimientos y son concebidos por la sociedad como los "hombres fuertes", aquellos que deben gobernar. A estas figuras se les asocia, en un primer momento, con la necesidad de eliminar etapas y controles para tomar decisiones y el afán de decidir y tener resultados en un plazo muy corto.

En segundo lugar, encuentro también la prioridad a la formación emotiva de la opinión y a la movilización, desde abajo o desde arriba. Es decir, la opinión y la movilización como promotores de un esquema binario entre el bien y el mal. El tercero y último factor común es que el actuar de los caudillos refleja un paternalismo expresado en el clientelismo masivo, el asistencialismo incondicionado, la eliminación de la idea de derechos y la noción de que hay alguien que resuelve problemas.

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¿Por qué justo en este momento de la historia hay lo que algunos han definido como un estallido del populismo? ¿Está en crisis el relato de la democracia liberal?

Sin dudas, hay una crisis de las instituciones liberales, especialmente de las que surgieron después de la Guerra Fría. Del cosmopolitismo, de los derechos humanos, de la confianza en la desregulación, de la hospitalidad, del respeto a las minorías, de la globalización económica. Los populismos atacan todas estas líneas maestras del proyecto liberal global.

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Un aspecto muy interesante de su libro es que supera el cliché de concebir al gaitanismo como el único movimiento populista del país. ¿Países como el nuestro están condenados a tener ciclos de populismo?

Así es. Países presidencialistas, con una débil división de poderes, mucho capitalismo político, poca cultura liberal e instituciones frágiles y maleables, están sujetos a las mareas populistas.

En su libro hay un capítulo dedicado a Antonio García Nossa. ¿Cómo han sido las relaciones de los intelectuales latinoamericanos con los movimientos populistas?

La intelectualidad formada en las ciencias sociales ha tenido una relación ambivalente con el populismo. Los populistas odian la razón y a los intelectuales detestan a los técnicos, solo les sirven como comparsa. Pero la intelectualidad de izquierda quedó huérfana con la crisis del marxismo y una parte de ella se ha refugiado bajo el paraguas populista, con desgano y, rápidamente, con frustración. Lo vimos en Venezuela y Argentina.

No pasa lo mismo con los artistas y los estetas. Ellos se subyugan ante el romanticismo propio de la figura y del discurso populista. El líder populista es la encarnación del sueño romántico del poeta.

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El libro se detiene con especial atención en tres figuras: Gaitán, Rojas Pinilla y Uribe. ¿Cuáles son los elementos populistas comunes entre ellos y cuáles son las diferencias sustanciales?

Las tres personalidades comparten elementos como el autoritarismo, demagogia, papel de víctimas y representantes de las víctimas, apelación al pueblo y, también, el comportamiento de retroceder ante situaciones límite: Gaitán con su oración del silencio, Rojas con el exilio y Uribe con la reelección. Además comparten una innegable cercanía con los militares y los tres desarrollaron al máximo su capacidad comunicativa y la explotación de los nuevos medios (Gaitán lo hizo en la radio, Rojas Pinilla en la televisión y Uribe en las redes sociales).

Sin embargo, también se distancian en varias temáticas. Mientras Gaitán y Rojas se aproximaron más al proteccionismo económico, Uribe, por el contrario, está más del lado del liberalismo económico. Mientras Gaitán y Rojas accionaron en deslizamientos de derecha a izquierda, Uribe lo hizo de izquierda a derecha. Para más similitudes y diferencias entre los tres, está la penúltima sección del capítulo tres.

Su libro –tal y como usted lo indica varias veces– es uno de los pocos que estudia en Colombia el fenómeno del populismo. ¿Por qué cree que se da ese aparente desinterés de la academia en un tema tan latinoamericano?

El populismo ha sido subestimado. Ni Rojas, ni el M-19, ni Uribe fueron vistos en su momento como populistas. La academia colombiana insiste en que el fenómeno es una especie de excepcionalidad que, en realidad, no lo es tanto.

¿Qué consecuencias tendría, en su opinión, la llegada de un régimen populista a Colombia? El populismo tiende a debilitar las instituciones, ¿las nuestras están preparadas para un reto semejante?

La joya de la corona que eran las altas cortes se banalizaron durante la administración Santos. La clase política se vende al mejor postor. Solo quedan unas débiles sociedad civil y sector privado. Para terminar, en el siglo XXI, Colombia conoció el autoritarismo democrático, gracias a la figura de la reelección. La institucionalidad es propicia para un régimen populista. Este tendría el terreno preparado para destruir lo que queda de las instituciones liberales. En el libro insisto en el peso del capitalismo político en el país y el trampolín que representa para un experimento populista.

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