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El secreto nuevo de Medellín

¿Qué está pasando con la cultura en la capital antioqueña?

2017/11/24

Por Adriana Cooper

Hace unos días, un profesor de arquitectura contó una historia que aunque parece inofensiva revela un poco lo que también somos como ciudad. Una inmobiliaria local decidió enviar a Estados Unidos a una persona del área de mercadeo para que encontrara allí un nombre llamativo para su torre nueva de apartamentos en las montañas de Medellín ¿Por qué acumular objetos, subir de estrato, buscar afuera o parecerse a cualquier país foráneo con tal de que no seamos nosotros mismos, es la aspiración de tantos?

El periodista y escritor Luciano Peláez explicó hace un tiempo en su blog que en esa fascinación por los edificios y sus nombres en otros idiomas “confluyen nuestros complejos y taras”. Y cita al filósofo de Envigado Fernando González, quien en su ensayo ‘Los Negroides‘ define como acto de vanidad todo aquel que se realiza para ser considerado otro socialmente. Es un reflejo de ese afán por (…) “deslindarnos de ese ‘linaje‘ que cargamos, más que como tradición, como lastre indeseable. Aparentar es el fin del vanidoso”.

En medio de esa Medellín que crece en cemento o a veces se interesa más por la forma que por el contenido, hay lugares que se atreven a pensar distinto, valoran el debate y devuelven la fe en el poder de la cultura. Uno de ellos es Comfama y aunque aún es desconocido para otros en el país, en Medellín cada vez suena más su nombre por lo que está logrando. Desde hace un tiempo, esta caja de compensación tiene un plan que incluye una agenda con cursos, teatro, cine, música y eventos que reconocen el valor de lo local sin desconocer lo foráneo. Y va más allá porque su idea es cambiar la vida diaria, mentalidades.

Gran parte de su programación está ocurriendo en su sede más seductora: el Claustro, un edificio construido en 1803 que está localizado en San Ignacio, una zona patrimonial del Centro de la ciudad de la que hacen parte teatros, universidades o sitios como el Archivo Histórico, el primer acueducto o el Palacio de Bellas Artes.

Este sitio es dirigido desde hace cuatro meses por Sergio Restrepo quien salió de su cargo como director del Teatro Pablo Tobón este año y ha sido una voz vital en Medellín. Para él, ese Claustro que hoy conduce y por el que pasan 3200 personas diariamente, va a acercar la cultura a la gente, que alguien vaya a recibir un servicio y mientras espera se encuentre con una película, una exposición, una charla. La idea es aportar desde ahí para que el Centro reviva y con él, las personas.

Para ser un protagonista de la cultura, Comfama ha vinculado este año a su equipo a personas claves en la ciudad. Otro de ellos es el escritor Juan Diego Mejía y quien después de dejar la dirección de la Fiesta del Libro y la Cultura fue llamado para participar en la creación de un plan de cultura para esa entidad.

Para él, ese tiene sentido en una caja de compensación si está fundamentado en la certeza de que la cultura es un derecho para los ciudadanos. “Las Cajas no reemplazan al Estado pero deben ocuparse de que a sus afiliados se garanticen esos derechos”. Y agrega que la iniciativa está guiada por una premisa: reconocer y promover la diversidad. “Cuando los seres humanos logramos este reconocimiento de las diferentes culturas, entonces todo lo cotidiano se embellece. Las pequeñas historias adquieren importancia en el relato de la época que vivimos”.

Este equipo de gente del que también hacen parte voces potentes como la de Claudia Restrepo y cuenta con el apoyo de Juan Luis Mejía, es dirigido por David Escobar. Según él, la idea es lograr que haya más conciencia y libertad entre la gente. “Sólo de esa forma las personas podrán tomar decisiones para ser más felices y productivas”. Su propósito también es crear más oportunidades para que se pueda enriquecer la conversación. “Que se hable de ideas, películas, música, de aspectos de la realidad del país. Que esta sea una sociedad con más oportunidades que generen el gusto por la cultura”. Después de ver lo que están haciendo estas personas, dan ganas de que haya más gente así en Medellín y en otras ciudades. Que aprecien lo local sin arribismos, sin juzgar. Y que disfruten sin sentir la necesidad de ser alguien distinto.

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