Primer partido entre Rusia y Arabia Saudita. Crédito: Ryan Pierse/Getty Images. Primer partido entre Rusia y Arabia Saudita. Crédito: Ryan Pierse/Getty Images.

Marcas, pasiones y gambetas en Rusia 2018

OPINIÓN | "Esta es una conversación imposible con el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), una reflexión sobre fútbol y moda a propósito del primer día del Mundial de Rusia. Los fragmentos de su obra 'El fútbol a sol y sombra' (1995) esclarecen mis propias preguntas"

2018/06/14

Por Ángela Carmona

¿Por qué hablar de fútbol? "Porque da placer aunque el deporte se ha hecho industria, ha ido desenterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí", escribió alguna vez Eduardo Galeano. La industrialización del fútbol, además de la manera como se juega actualmente, puede verse reflejada en la envoltura perfecta con la que contarán los 32 equipos que participarán en el Mundial. Colombia, por ejemplo, recreó el uniforme de Italia 90 y portará un amarillo más vivo comparado con el del mundial pasado, perfecto para el verano europeo, tal como lo mencionó Thom Gibbs en el artículo publicado en The Telegraph hace un par de días en el que ubicó el uniforme colombiano diseñado por Adidas como el mejor de los 64 que estarán presentes.

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Colombia jugando en el Mundial de Brasil 2014.

"Adidas se impuso sobre Nike", mencionó Galeano para hablar del triunfo de Francia sobre Brasil en el Mundial del 98. Es así como los países juegan y las marcas rivales también, esta vez las tres bandas geométricas de Adidas aparecerán en doce de los equipos mientras que diez de los equipos contarán con la línea gráfica más orgánica de Nike. A propósito de la competitividad visible y permanente entre las marcas del mundo del deporte, recordé la eterna pelea entre Adidas y Puma: los hermanos alemanes Adolf y Rudolf Dassler, quienes fundaron su empresa de zapatillas deportivas en 1926, se separaron durante la Segunda Guerra Mundial por diferencias políticas. Rudolf se mudó a un pueblo cercano y fundó Puma en 1948, y Adolf obtuvo el control total de la empresa y fundó Adidas en 1949.

Ahora, en los primeros partidos de este mundial, Uruguay, Serbia o Senegal, auspiciados por Puma, se enfrentarán a Rusia, Suiza y Colombia, patrocinados por Adidas. De nuevo, un mundial pondrá en evidencia la disputa de más de setenta años entre los hermanos, una pelea eterna que ha enmarcado, por ejemplo, el bloqueo en 1956 de un cargamento de Puma con destino a los Juegos de Melbourne, la imagen de Pelé atándose los cordones en el mundial de México 70 y las batallas en tribunales por algunos secretos empresariales.

“Es la maquinaria del espectáculo que tritura todo”, dijo Galeano refiriéndose una vez más al fútbol. Esa cita me recuerda que estamos sujetos a ver los pequeños logos estampados en las camisetas estandarizadas ya que el reglamento de la FIFA es muy claro: se prohíbe lucir cualquier tipo de mensaje político, religioso o  personal. Rara vez se pueden portar mensajes esperanzadores autorizados por la FIFA. Uno de los pocos casos es el del equipo femenino de fútbol de Suecia en los pasados Juegos Olímpicos que exhibían “estoy jugando por mis chicas en Irán” impreso en la espalda de la camisetas. México, Panamá y Colombia también bordarán mensajes de aliento como “soy México”, “alcanzamos por fin la victoria” y “unidos por un país” como en el Mundial pasado.

“Es la ley del Mercado, la ley del éxito. Hay cada vez menos espacios para la improvisación y la espontaneidad creadora…”. Mientras Galeano habla de gambetas y jugadas salidas del libreto, yo recuerdo a varios jugadores que portaban su mensaje debajo del uniforme, esperando el gol para hacerlo público. Me viene a la mente la imagen de Andrés Iniesta cuando homenajeó a su recién fallecido amigo Daniel Jarque al final de un Mundial contra Holanda: “siempre con nosotros”, una frase escrita a mano con un marcador azul violeta en la parte delantera de su camiseta. O Francesco Totti, jugador de la Roma que luego de siete meses sin anotar un gol festejó su anotación con su hinchada pidiéndole disculpas al público: “scusate il ritardo” (que traducido significa “perdón por la demora”), decía la camiseta blanca con una tipografía en negro de gran tamaño y todas las letras en mayúsculas. También recuerdo la libertad infinita la que experimentó Frederic Kanouté, delantero malí jugador del Sevilla, con el mensaje de apoyo a Palestina impreso en la camiseta negra que tenía debajo del uniforme. Esa osadía le costó la tarjeta amarilla y una multa por 3.000 euros que tuvo que pagar en el 2009.

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“Y es que el fútbol profesional practica la dictadura. Los jugadores no pueden decir ni pío en el despótico señorío de los dueños de la pelota, que desde su castillo de la FIFA reinan y roban”. Después de esta última frase de Galeano pienso: ¿qué pasaría si en este Mundial los jugadores colombianos nos sorprenden no solo con gambetas sino con un mensaje de apoyo ante un país dividido? Ese acto reflejaría una vez más la espontaneidad que también se vive en las canchas. ¿O qué pasaría si el público se preguntara por el costo de las camisetas de cada equipo o la devoción por las marcas que los auspician? Adidas no solo ha logrado capturar las calles con su logo –ya sean las tres líneas o la flor setentera–, sino que ha invadido, también, todos los sectores de la sociedad. Las marcas se vuelven íconos a las que todos les rendimos culto. Quizá la pregunta más importante que devela la poética de Galeano es: ¿quiénes serán los verdaderos dueños de la pelota en este Mundial?

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