| 5/6/2019 9:16:00 AM

Museo 360, ¿qué pasó aquí?

Con un proyecto innovador que busca revisar el papel que el arte tiene para transformar el entorno social del que surge (y en el que se exhibe), el Museo de Antioquia ha logrado incorporar a sus esfuerzos las comunidades más diversas de Medellín.

'Prisa', del colectivo El Cuerpo Habla, en Vitrinas Cundinamarca. Foto: Julieta Duque 'Prisa', del colectivo El Cuerpo Habla, en Vitrinas Cundinamarca. Foto: Julieta Duque Foto: Julieta Duque

Este contenido institucional surge de una alianza con el Museo de Antioquia. Haga clic aquí para ver los demás contenidos de este especial.

Imagine un lugar afectado por problemáticas sociales en Medellín, una ciudad que debió cargar el título de ser la más violenta del mundo, pero hoy es un referente de transformación e innovación social.

Imagine las calles del deteriorado centro de esa ciudad: la explotación sexual infantil, la prostitución, el tráfico y el consumo de drogas, la delincuencia común, la indigencia, las poblaciones desplazadas, la pobreza extrema, la informalidad comercial y los espacios arquitectónicos que recuerdan la pequeña villa colonial que alguna vez fue.

Párese ahí.

Imagine ahora un imponente edificio, a medio camino entre el brutalismo y el art déco, una joya arquitectónica construida en los años treinta concebida, en un principio, para alojar a la alcaldía y representar los ideales del progreso de una ciudad hacia la industrialización y la modernidad. La construcción es hoy un monumento nacional y recibió en 2000 una de las colecciones de arte más vastas de Colombia, y la más importante del departamento que le da su nombre a la institución: el Museo de Antioquia.

Le puede interesar: “La esperanza siempre estará depositada en los artistas”, Carlos Uribe

Imagine 23 esculturas del más universal de los artistas antioqueños, Fernando Botero, expuestas frente al edificio del Museo de Antioquia. Imagine también la belleza melancólica del Hotel Nutibara, del nunca acabado Palacio de la Cultura o del metro de Medellín atravesando el paisaje. Ponga estas imágenes en una postal de región y país y encuentre ahí un ícono inconfundible de Medellín en el que convergen poblaciones procedentes de toda la geografía de Colombia; vea, incluso, a los turistas que, cada vez en mayor cantidad, visitan el lugar.

Preguntémonos ahora qué hace ahí, en el corazón de ese paisaje plural y conflictuado, la institución artística más importante de Antioquia.

ABRIR LAS PUERTAS

“Somos una institución conectada con el aquí y el ahora de Medellín y Colombia”, dice María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia. Para ella, esto significa que el museo es un espacio en que las comunidades se encuentran, a pesar de sus diferencias y sus historias. Desde esa perspectiva, el museo es una institución que reconoce la realidad de la ciudad, en vez de ocultarla. Así, y sin por ello justificar hechos de violencia, Escobar y los integrantes de su equipo trabajamos por saldar deudas históricas de exclusión, de discriminación, la incapacidad de comprender al otro, en medio del temor de ser distintos.

“Somos un espacio para la conexión emocional con el arte y su apreciación, para el disfrute de la belleza –agrega–, pero no podemos ser solo un centro de entretenimiento para turistas o un lugar al que vas una vez en la vida cuando estás en el colegio”. La misión del museo es, según Escobar, revisar la historia y sus relatos, y crear nuevos relatos, que sean incluyentes y permitan entender que las problemáticas de la ciudad y sus protagonistas existen, “porque algo tienen que decir de lo que somos como sociedad, de nuestra historia, de los caminos que nos trajeron hasta aquí”. En el Museo de Antioquia, la herramienta es el arte. “Necesitamos espacios que nos reconcilien, que creen resistencia a la violencia”.

Escobar asumió la dirección en 2016. Cuando llegó, decidió fortalecer proyectos pedagógicos y artísticos dedicados a asuntos históricos y al encuentro con las comunidades para crear un macroproyecto que se desplegara desde los bordes del edificio. Así surgió Museo 360, que se pregunta por las problemáticas del centro de Medellín, pero también aborda la historia y suscita así preguntas sobre un paisaje cultural normalizado que todavía alberga problemas complejos e invisibilizados: el machismo, la discriminación de la mujer, la inequidad, imaginarios culturales anquilosados, plagados de concepciones que obedecen más a la nostalgia de un pasado idealizado que a las realidades contemporáneas. Así, la institución propone hoy una conversación sobre identidad y género, sobre racismo, sobre el pasado ancestral y campesino, sobre la relación de las poblaciones con los territorios, sobre la explotación de los recursos naturales, sobre transformación urbana, sobre el derecho a la libre autodeterminación, sobre las capacidades de expresión de los seres humanos.

El Museo 360 ha transformado el significado y la influencia del museo. En el interior del edificio, cuyo frente da a la plaza Botero, reposan obras que resumen imaginarios de la antioqueñidad y trabajos de los artistas más representativos de la historia local y nacional y de figuras internacionales, desde Picasso hasta Orlan. Sin embargo, en palabras de Escobar, “no podemos ser simplemente un cubo blanco, impoluto e inmaculado”. Al estar ubicado en medio de las complejas realidades del centro, el museo bordea también, con la carrera Cundinamarca, la avenida De Greiff y la calle Calibío, espacios que por mucho tiempo, sencillamente, parecían no existir. Para cambiar esta situación, se decidió abrir todas las puertas del edificio y dar así con nuevos relatos y miradas del mundo. Esto le ha permitido al museo revisar las ideas consignadas en una colección que reúne siglos de representación social, y actualizarse desde nuevas interpretaciones de la cultura.

TRANSFORMAR EL ENTORNO

Este macroproyecto está basado en una pregunta: ¿para qué sirve un museo de arte? ¿Y para qué sirve en una ciudad como Medellín?

El Museo de Antioquia fue concebido como un proyecto para congregar los imaginarios de identidad de una joven Antioquia. Hoy, 137 años después, la institución aún se pregunta por esa identidad, pero desde la duda sobre si la historia puede ser una sola, sobre qué es ser antioqueño y colombiano. Así, el museo desafía relatos oficiales y aporta a una narración diversa y crítica.

Esto nos ha llevado, en el equipo del Museo de Antioquia, a crear estrategias de impacto a la medida de las dinámicas del centro de Medellín. También, a revisar la historia hegemónica mediante miradas contemporáneas sobre la colección, prácticas artísticas contemporáneas y proyectos para buscar un diálogo entre artistas, comunidades y públicos. El esfuerzo ha llevado al museo a ejecutar proyectos como Diálogos con Sentido, Residencias Cundinamarca, La Esquina, Vitrinas Cundinamarca y La Banca Azul.


Registro del cabaret-performance Nadie sabe quién soy yo, de la artista Nadia Granados | Fotografía: Julieta Duque

Museo 360 también ha adecuado espacios en los bordes del edificio que antes no eran usados y que ahora funcionan por fuera de las lógicas convencionales de una exposición de arte. El primer proyecto fue La Consentida, que selecciona una obra que hile relatos por medio del trabajo de otros artistas y de la mirada de comunidades invitadas a realizar curadurías.

En 2016, La Consentida inició su trabajo con Monalisa niña, de Fernando Botero, mediante un formato sencillo para presentar la obra, cuya novedad era la apertura permanente de una sala que conectaba el interior del museo con el espacio público de la parte trasera del edificio, sobre la carrera Cundinamarca. Así, unas puertas abiertas cambiaron dinámicas del lugar y crearon un diálogo con las comunidades que lo habitaban y con los transeúntes, muchos de los cuales no conocían el trabajo del museo.

Durante estos años, y tras once ediciones, el proyecto se ha vuelto complejo, hasta el punto de presentar miradas sobre el cuerpo y su normativización cultural. Esto último se dio en el marco de una curaduría que seleccionó La procesión, de la pintora Débora Arango, y con la participación de En Plural, del Centro para la Diversidad Sexual y de Género de Medellín, y un grupo de mujeres transgénero. La casita de arroz, de Rosemberg Sandoval, sirvió para abordar la interdependencia entre campo y ciudad, y los peligros de la lucha por los derechos humanos en zonas rurales del país. Hoy, La Consentida es la obra Familia negra, de Rodrigo Barrientos. Esta fue seleccionada por medio de laboratorios de etnoeducación y busca una revisión de la representación de las poblaciones afrodescendientes.

Le puede interesar: Blanqueando la historia de Débora Arango

"Muchas veces, lo que se ve en los museos son las ausencias, la representación de una historia basada en jerarquías raciales y sociales excluyentes”, dice la artista Liliana Angulo Cortés, que se ha ocupado de la representación afrocolombiana y lideró los laboratorios de etnoeducación. Angulo ha participado en la selección de La Consentida y en el proyecto Residencias Cundinamarca. “Es potente y poderoso para las personas que participamos poder escoger nuestras formas de representación, tener una reparación simbólica con la historia al enriquecer los relatos, más cuando el relato que se enriquece es el de una colección tan fundamental como la del Museo de Antioquia”.

LAS GUERRERAS

"A mí como mujer me pasa que como que tengo un letrero que dice: ‘SEXO’. Yo invito a alguien a comer o a tomar un café, y me dicen: ‘No, yo con usted no saldría ni a comer ni a tomar un café’, y entonces me siento rechazada. Uno a veces quiere saber qué piensa un hombre de una mujer, hablar… sin tener que quitarse la ropa y ver ese otro ser, ¡y no!”.

Las palabras son de Johana Barrientos, a quien la ocupa una pregunta: ¿cómo es la historia de vida de una mujer en ejercicio de prostitución cuando ella misma puede contarla? Barrientos es una de Las Guerreras del Centro, un colectivo de mujeres que ejercen o ejercieron la prostitución, y trabajó en 2017 con la artista Nadia Granados en una de las primeras Residencias Cundinamarca que realizó el museo. Juntas crearon un potente, divertido y conmovedor cabaret-performance que narró parte de la vida de cada una de las Guerreras, y las llevó al éxito en Medellín: ellas cerraron la Fiesta del Libro y la Cultura de ese año, y se han presentado en el Teatro Pablo Tobón Uribe, la Casa Teatro El Poblado y el auditorio del claustro de Comfama. La suya fue seleccionada, tras una votación de los lectores del periódico Arteria, como la obra del año en Colombia. Su siguiente presentación tendrá lugar en el Museo de Arte Moderno de Medellín, como parte de la exposición Pasado tiempo futuro, arte en Colombia en el siglo XXI.

Le puede interesar: El infierno de los vivos: una reflexión sobre la Medellín de hoy

La curadora Carolina Chacón fue quien invitó a Nadia Granados a desarrollar el cabaret-performance con ese grupo de mujeres. Para Chacón, “se buscaba desestabilizar imaginarios y estigmatizaciones que recaen sobre mujeres en ejercicio de prostitución”. En efecto, el proyecto pone en evidencia su capacidad de resiliencia frente a los distintos tipos de violencias que han enfrentado en su vida. Se trata de “violencias más complejas que sus individualidades y que atraviesan la historia misma del país, o de situaciones que muchas mujeres, en cualquier plano de la sociedad, enfrentan debido a las estructuras de una cultura patriarcal”.

Las Guerreras del Centro han participado en otros proyectos de Museo 360, por ejemplo, en la selección de una edición de La Consentida: escogieron La huida, de Rafael Sáenz, un retrato de la violencia bipartidista del siglo pasado. Así mismo, formaron parte de la Biblioteca de Saberes Vivos, una huerta urbana instalada en la calle Calibío con el fin de crear reflexiones sobre la relación campo-ciudad, y sobre el lugar que el pasado campesino ocupa en una urbe en un complejo proceso de transformación que parece olvidar esas raíces.


Uno de los proyectos del Museo 360 es Biblioteca de Saberes Vivos, acompañada por la artista María Buenaventura, por Cristina Sandoval, el AKA, Carlos Bentancourt y las comunidades del entorno. Se creó una estructura viva a las afueras del edificio. Allí, hasta hoy se realizan actividades culturales.| Fotografía: Julieta Duque

La Biblioteca de Saberes Vivos surgió de la intención de generar acciones de cambio en la calle Calibío, que incluyeran a sus poblaciones y a distintas comunidades de la ciudad, así como al público del museo. La artista María Buenaventura lideró el proyecto, junto con el rapero y activista AKA, del colectivo Agroarte, activo en la comuna 13, y Cristina Sandoval, de la Red de Huerteros Urbanos de Medellín. Crearon una huerta en el parqueadero del museo, sembrada y cuidada por habitantes de las zonas circundantes, y luego la instalaron en la biblioteca, un diseño del arquitecto Carlos Betancourt que forjó un espacio de encuentro comunitario y ciudadano en Calibío. Alrededor de la biblioteca hubo encuentros semanales sobre saberes tradicionales campesinos a los que se sumaron organizaciones y distintos públicos.

EL MUSEO COMO LABORATORIO

Jessica Rucinque, directora de Educación del museo, quien lidera proyectos como Diálogos con Sentido, desde el cual trabaja con población infantil y adolescente del centro de Medellín. También coordina las labores de la Escuela en el Museo, que atiende poblaciones escolares del Valle de Aburrá. Según cuenta, mediante esos proyectos se busca que las comunidades sean conscientes de sus propias voces. Esto es posible al trabajar con poblaciones vulneradas y excluidas, “en cuyos entornos les dicen que su voz y sus ideas no son valiosas”. Rucinque trabaja con niños y niñas que piensan que sus opiniones no tienen cabida, y su meta es darles la oportunidad de creer lo contrario. “Lo que nosotros les decimos es que sus ideas pueden construir mundos desde lo simbólico y desde su trabajo, que deben descubrir sus propias potencialidades y deben respetar la diversidad de habilidades que tenemos todos”, cuenta. “Usamos el arte para mostrarles cómo otras personas han expresado ese mundo interior de formas muy diversas, todas ellas válidas, y han creado universos personales que históricamente han enriquecido la visión que tenemos del mundo. Les mostramos cómo la autoexploración y el respeto por la diversidad son riqueza”.

Estos programas utilizan la historia del arte y sus herramientas no como una acumulación de datos que deben ser aprendidos de memoria, sino como métodos y caminos de exploración del mundo y la individualidad, desde los cuales es posible formar una voz personal con la cual aprender a comunicarse efectivamente y plantear preguntas sobre lo que nos rodea.

La directora María del Rosario Escobar dice que cree en el arte “no solo como una obra, sino como un generador de espacios para formar comunidad y reconocernos en medio de nuestras diferencias”. Visto así, “el museo es un laboratorio de transformación social, que encuentra en el aquí y el ahora su mayor capital de trabajo”. Museo 360 es el reflejo más poderoso de este esfuerzo, y de la convicción de que es posible narrar el mundo –todos los mundos– a través del arte.

*Periodista. Lider de comunicaciones del Museo de Antioquia

ESTOS SON LOS PROGRAMAS DE MUSEO 360

La Consentida

Una sala que conecta el interior del museo con el exterior, sobre la carrera Cundinamarca, pone a la colección en diálogo con comunidades y problemáticas. Once ediciones han sido realizadas desde 2016.

Con el apoyo de EPM

Diálogos Con-sentido

Niños y niñas del centro de Medellín se encuentran para crear espacios de reconocimiento de sus derechos.

Con el apoyo de Bancolombia

Vive la Plaza

Artistas y colectivos proponen acciones para que las comunidades de la plaza Botero reflexionen sobre la esfera pública. Con recursos del Programa de Concertación Nacional del Ministerio de Cultura.

La Esquina

Un bar de performance y acciones artísticas usa el lenguaje de la fiesta para insertarse en la vida nocturna y generar nuevas formas de convivencia y diálogo en la esquina entre las calles Calibío y Cundinamarca.

Con el apoyo del Grupo Argos

Residencias Cundinamarca

Artistas y colectivos realizan residencias artísticas y pedagógicas con comunidades del entorno. De ahí surgen proyectos de encuentro ciudadano y reflexión sobre el centro de Medellín. Nueve Residencias han sido realizadas desde 2017.

Con el apoyo de Sura

Vitrinas Cundinamarca

Reflexionamos sobre cómo habitar el espacio público del centro de Medellín mediante proyectos artísticos seleccionados por convocatoria. Los presentamos en vitrinas sobre la carrera Cundinamarca.

Con el apoyo del Grupo Argos

La Banca Azul

Pensamos la ciudad desde la colección bibliográfica, en la plaza Botero y el entorno del museo, con talleres de lectura para las comunidades.

Con el apoyo de Fundación MUV

Saber hacer ciudad

Creamos espacios de intercambio, aprendizaje y experimentación desde las artes y disciplinas que fomenten la formación integral de todo tipo de públicos como protagonistas de transformación. En 2018, se atendieron trece instituciones y 1.304 menores.

Con apoyo de Fraternidad Medellín

La Escuela en el Museo

Acompañamos procesos de formación de niños y adolescentes mediante visitas al museo. En 2018 se atendieron 17.643 niñas, niños y jóvenes.

Con el apoyo de Comfama

El Caldero

A partir del alimento y acciones de cuidado propio, este programa con mujeres del entorno busca generar transformaciones íntimas y el reconocimiento del valor de sí y los otros.

Con el apoyo de Sura

Proyecto 360

Una intervención de la edificación para responder a necesidades del contexto urbano y las comunidades, bajo el lema "Todas nuestras puertas están abiertas".

Con el apoyo de la Fundación Sofía Pérez de Soto

* Periodista. Líder de comunicaciones del Museo de Antioquia
¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Maria,

Gracias por registrarse en REVISTA ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 170

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.