Una fotografía tomada en el Congreso del nuevo partido de las Farc, que se realizó el domingo 27 de agosto en el Centro de Convenciones Gonzálo Jiménez de Quesada en Bogotá. / Guillermo Torres Una fotografía tomada en el Congreso del nuevo partido de las Farc, que se realizó el domingo 27 de agosto en el Centro de Convenciones Gonzálo Jiménez de Quesada en Bogotá. / Guillermo Torres

Los giros de las Farc: una cuestión de imagen

El tránsito de las Farc de grupo armado a movimiento político será un proceso costoso social y políticamente. Parte de lo que está en juego dependerá de cómo se proyecte ante la sociedad. Un análisis de los retos y de esa nueva imagen que está en construcción.

2017/08/29

Por Sara Malagón Llano

Si la transformación de las Farc en partido político legal se lee a la luz de experiencias pasadas, el panorama no es alentador. En nuestra historia, otros grupos armados que intentaron hacer lo mismo nunca pudieron consolidarse como alternativas políticas.

En cuanto a la Corriente de Renovación Socialista, el movimiento político se fracturó por ser un grupo muy pequeño y por unas condiciones difíciles (era un grupo focalizado en zonas como Antioquia, Montes de María, Urabá, y partir del 98 el escenario de violencia paramilitar hizo que allí fuera imposible hacer política). El esfuerzo, entonces, se dispersó rápidamente.

El M-19 tuvo una gran bienvenida en el proceso de la Asamblea Nacional Constituyente, pero fue víctima de su propio éxito: tenía una estructura militar laxa que se reflejó en su estructura política y que dio pie a pugnas de protagonismo que impidieron la articulación. Por otro lado, no tenía una buena disciplina militar, era un movimiento que se componía y se recomponía, y las jerarquías nunca quedaron claras.

Tal vez el caso más dramático es el del EPL, que tenía 13 frentes cuando se desmovilizó. El grueso de la militancia estaba en Medellín y en Urabá. Tenía un trabajo de base fuerte, pero excesivamente focalizado. Y cuando trató de ocupar otros espacios, se topó con las Farc. “Por confrontar a las Farc militarmente, sus miembros terminaron siendo cooptados y absorbidos por las AUC. En pocas palabras, continuaron el ejercicio político, pero de alguna manera eso es lo que se traduce en el poder de las bases sociales que tienen actualmente los Úsaga”, dice Gustavo Salazar, profesor de Conflicto y Paz en la Universidad Javeriana.

Todos estos procesos fallidos demuestran la enorme dificultad de constituir un movimiento político en un escenario de continuidad de la guerra. Por eso el llamado de las Farc y del gobierno sobre la necesidad de acabar con todos los fenómenos de la violencia: una condición necesaria para que las Farc puedan hacer política.

Según Sergio de Zubiría, filósofo y profesor que hizo parte de la Comisión Histórica durante la negociación, es difícil determinar rápidamente todas las causas de esos fracasos, pero hay algunas, según él, importantes. Por ejemplo, que las bases se separaran de los dirigentes. Que los líderes contaran con protección, pero el resto no. Que se cometieran errores en la proyección política de las organizaciones por falta de claridad.

Esa combinación –además de su desprestigio real, su desprestigio mediático, la duración de este conflicto, las secuelas, heridas todavía abiertas y violencias no resueltas que una guerra así deja en la sociedad– hace que predomine cierta desconfianza y pesimismo frente a las Farc como alternativa política. No hay mucho entusiasmo, hay resistencia. Y mucho dependerá de que el movimiento sea capaz de mantener un proceso colectivo a nivel territorial y nacional que logre proyectarse en el tiempo.

Existen, entonces, grandes retos a los cuales se van a enfrentar las Farc en su tránsito hacia la vida política. El primero, que es también el más evidente y que no dependerá directamente de ellos, es el de su supervivencia física, esencial para garantizar sus derechos políticos, respaldar la implementación del acuerdo y permitirles una consolidación política, discursiva e institucional como partido. “En algunas zonas podría ser muy complicado. Yo veo mucha dificultad para las Farc de construir cuadros políticos en Urabá, por ejemplo, simplemente porque los pueden matar. O en algunas zonas de Montes de María, donde hay presencia paramilitar”, dice Salazar.

Pero además las Farc tienen un desafío de carácter político y social que consiste en tratar de reconstruir, en un proceso que seguramente será lento y muy difícil, la imagen que tienen dentro de la sociedad colombiana.

Para eso, dice Juan David Cárdenas, politólogo de la Universidad Nacional y profesor de La Sabana, deben avanzar en varios frentes: el cumplimiento de los compromisos adquiridos en los acuerdos en términos de verdad, justicia y reparación, cosa que puede ayudar a romper barreras y generar confianza de la sociedad; la construcción de una propuesta que logre sintonizarse con una opinión pública muy reacia y resistente a las ideas que las Farc han defendido y siguen defendiendo; la construcción de nuevos liderazgos y alianzas con sectores sociales que les permitan “desmilitarizar” la percepción que tiene la ciudadanía frente a sus líderes y estructuras actuales.

Por esto último la cuestión de cómo las Farc se proyecte, y cómo construya una nueva imagen, va a ser esencial en su fortalecimiento como grupo político.

Su transformación empezó oficialmente el domingo pasado, con su primer Congreso en Bogotá: un evento simbólico, como escribió Marisol Gómez Giraldo en El Tiempo. “Por primera vez, un acto importante de esa organización no fue presidido por los siete miembros del Secretariado. En el podio estuvieron solo tres: el jefe máximo de la exguerrilla, ‘Timochenko‘; Iván Márquez y Joaquín Gómez. A su lado se sentaron cuatro exguerrilleros. Tres eran mujeres, entre ellas Sandra Ramírez, la compañera sentimental de Manuel Marulanda. Fue una manera de romper el protocolo de una organización armada que esta semana definirá, en su primer Congreso en la legalidad, un tipo de estructura en la que no habrá comandantes, sino dirigentes políticos”.

Pero no solo el acto mismo fue simbólico, también lo han sido las estrategias que vienen usando las Farc y que contribuyen directamente a ese cambio de imagen y de percepción: los actos de perdón no solo en zonas rurales, también en las ciudades grandes, medianas y pequeñas (que todavía no acaban: en quince días tienen planeado hacer uno en Neiva); la nueva estrategia de comunicaciones, que consiste sobre todo en una serie de propagandas que apelan a escándalos de la política tradicional, como la corrupción en el caso Odebrecht, y que por ende presentan al nuevo partido como una alternativa política distinta al establecimiento; el foco urbano, pues no solamente (como lo anotó Juanita León en su artículo de esta semana en La Silla Vacía) el primer congreso se llevó a cabo en un centro de convenciones tradicional de la capital, sino que además su agenda y su estrategia mediática incluyen problemáticas más allá de la paz; el nombre, pues aunque se había anunciado que seguiría correspondiendo con las siglas que los denotaban como grupo armado, todavía hay una discusión interna sobre si debe haber continuidad o una ruptura precisamente a partir de cómo se identifiquen hacia adentro y hacia afuera.

Gustavo Salazar nos ayudó a analizar más detalladamente algunas de esos puntos, sobre todo pensando en si resultan ventajosos o desventajosos para Las Farc de hoy, aquella que está en plena transición.

Lo que está a su favor

1) El cumplimiento

En su contra está el estigma tanto real como mediático que tienen. Sin embargo, las Farc han tenido una posición muy consistente: han cumplido con la entrega de armas, con los cronogramas, con no establecer condicionamientos, con la entrega de bienes. “Yo he estado en zonas veredales –dice Salazar– y eso es una vergüenza del gobierno. Las Farc cumplieron, están allí comiendo lodo en cambuches hace ya unos 9 meses, y básicamente ninguna zona está terminada; unas casas que se montan en 8 o 10 días. Ellos están haciendo en cambio, una apuesta que, por ese lado, me parece inteligente. ¿Hasta dónde llegue? No sé. Pero han demostrado un cumplimiento de palabra, y en el escenario actual de tanto descrédito de los partidos políticos, creo que aquel que cumpla la palabra tiene una ventaja”. Eso se ha reflejado en un paulatino aumento de la imagen positiva de las Farc. Ellos saben que están jugando al largo plazo. Y tiene otra ventaja: una ventana con los congresistas que se posesionarán el año entrante.

2) El carácter convocante del nuevo partido

Las Farc han sido poco sectarios, han sido convocantes, han insistido en que no lideran sino que “se suman a”, y que están dispuestos a aliarse con otras fuerzas políticas afines. Otra cosa positiva son los voceros de Voces de Paz: unas caras nuevas, un aire nuevo.

3) Su cohesión

“Este fin de semana estuve en una zona veredal –dice Salzar– y pude ver de nuevo que tienen una militancia muy organizada. La política es más de pequeñas redes y de trabajo cotidiano que de otras cosas. Entonces, si lograran algún tipo de incidencia en las zonas establecidas para el proceso de paz, van a conseguir apoyo. Creo que ellos a veces creen tener más de lo que tienen, pero no es nada desdeñable tener a 10.000 personas trabajando como hormigas”. Eso no lo tiene ningún partido. Si las Farc logran mantener algún tipo de cohesión en esa militancia, logran mucho. Por eso le están apostando a la cooperativa, a Ecomún.

Por otra parte, en las zonas veredales tienen un arranque potente, pues estas se convirtieron en centros poblados. Eso genera adhesión inmediata del guerrillero que está ahí, pero también de su familia y de los campesinos, pues para muchos de ellos antes de las zonas no había nada. Es como si el Estado hubiera llegado a hacer algo por el territorio que habitan. En el corto plazo, eso puede ser una fortaleza. Por lo menos es una ventaja, si eso se traduce en algunos votos. ¿Qué tanto se pueden multiplicar? También está por verse.

“Otra cosa que me impresiona –continúa Salazar– es que a las zonas está yendo mucha gente. Mientras estuve allí, cada día pasaban en promedio unas 40 personas. Llegó un bus de Fontibón, por ejemplo. No sé quién lleva a la gente, pero la gente llega”.

4) Otros temas en la agenda y el foco urbano

Las Farc tienen una cosa muy clara: saben que tienen que sacar la guerra de la agenda. Uribe la usa a su favor, y con eso consigue votos. Pero las Farc deben ir más allá. También saben que deben recoger las preocupaciones de las clases medias urbanas, porque la militancia es aún muy campesina. "Sin embargo, la reunión del PC3 en Bogotá alcanzó a convocar a casi 500 personas, y eso es una cantidad considerable de estudiantes, profesores, trabajadores: es decir, simpatizantes urbanos". Por otro lado, el primer Congreso, como lo han anotado varios medios, se realizó también en Bogotá, en el centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, un lugar muy tradicional. Y también en Bogotá, en la Plaza de Bolívar (epicentro político tanto física como simbólicamente del país), realizarán un concierto que espera ser masivo.

Lo que está en su contra

1) El nombre

La idea de mantener la sigla de las Farc es una torpeza porque limita la llegada de gente distinta. Caerían en lo mismo que el EPL, pero en ese caso la razón fue que su acción política era un fenómeno muy, muy local. No tenían respaldo de ningún otro sitio. Supuestamente el nombre de las Farc ya estaba definido. De llamarse Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo, pasarían a llamarse Fuerza Alternativa Revolucionaria de Colombia. Márquez insiste en que ese sea el nombre, con la idea de que su pasado no se pierda, y más bien se dignifique en el proceso de transformación; que el nombre traiga consigo un pasado de lucha revolucionaria. Pero es tal el desacierto, pues el nombre trae consigo más bien el dolor de la guerra, que internamente el debate al respecto está de nuevo abierto.

2) A quiénes nombrarán en el Congreso

Como las Farc son una estructura muy jerárquica, parecería que nombrarán a miembros del secretariado en el Congreso. Iván Márquez quiere ser congresista, Catatumbo también, Timoleón Jiménez al parecer no tanto. Pero que los congresistas sean del secretariado puede ser una limitante en tanto que eso les podría quitar autoridad en muchos temas. “Podría hablar mejor, y representarlos mejor, alguien que no haya sido guerrillero. Ahora: eso genera celos y tensiones internamente, porque la mayor parte de ellos no tiene en realidad de qué vivir. Prontamente las Farc van a tener que entrar a resolver problemas de manutención complicados, porque el tiempo de la ayuda es relativamente corto”, dice Salazar.

3) La cohesión

La cohesión militar –que puede traducirse políticamente y ser una ventaja en ese sentido– puede también ser una trampa: si las estructuras son excesivamente rígidas, limitarían mucho el acceso de jóvenes. “Yo soy profesor de la Javeriana, y he oído a estudiantes decir que quieren trabajar con el proyecto de las Farc. Esos pelados tienen una ilusión, pero no sé si los espante la rigidez. Que sea una organización buena militarmente puede irse en su contra en tanto que esa rigidez no es para gente que no tiene concepciones militares”, dice Salazar.

Algo similar afirma Sergio de Zubiría: “Aunque las Farc tienen muchos de los retos que tuvieron el M-19 y otros movimientos, por haber tenido una lógica muy de ejército tienen una tradición de bastante disciplina y bastante sentido de lo campesino y lo rural. Les sirvió en la guerra, ya veremos si les sirve en la paz. Su mentalidad lógicamente es más colectiva por eso mismo, pero va haber grandes dificultades en el tránsito a lo urbano; en adaptarse al sentido urbano de la comunidad. Tienen, además, de 10 mil a 11 mil militantes. Ningún grupo que se ha desmovilizado antes tenía tantos. Es un desafío grande. ¿Cómo mantenerlos no en condición de guerra, sino en una de paz? Los números son buenos para empezar un partido político, pero eso a la vez dificulta mucho la logística, en especial a largo plazo”.

4) El "castrochavismo"

Insistir por ahora en un cambio radical de modelo económico y tener como referente a Venezuela no es una buena estrategia en este momento. Podrían apoyar el régimen con cierta cautela diciendo que la crisis igual se vivió con Carlos Andrés Pérez en 1992, y que Venezuela ha tenido subes y bajas de alguna manera cíclicos. ¿Pero ahora quién puede defender a Maduro? ¿Quién apela a la Constituyente venezolana como estrategia política? Ese es un punto no solo débil de su discurso, también profundamente errático.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en REVISTA ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 155

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.