Caja de herramientas para la velocidad, Beltrán Obregón. /Fotos: Cortesía Instituto de visión Caja de herramientas para la velocidad, Beltrán Obregón. /Fotos: Cortesía Instituto de visión

Sobre la velocidad: el retorno de Beltrán Obregón

PODIUM también es un retorno al trabajo de carpintería. Sus piezas le dan protagonismo al material per sé. Las veta de la madera establecen una relación entre la velocidad y la curva. Y la curva se convierte en trazo, en dibujo. Arcadia habló con él.

2017/09/02

Por Arcadia.com

Beltrán Obregón es un pintor para muchos, pero en realidad trabaja los oficios. Su pintura, geométrica, lleva al engaño del ojo, a las trampas de la vista. También es un artista del video. Hasta hace poco estaba radicado en Londres y desde 2009 no exponía. Ahora vuelve con PODIUM.

Los tres artistas que componen esta muestra, Beltrán Obregón, Luis Romero y Engel Leonardo, se apropian de elementos culturales que hacen parte de su cotidianidad para plantear tensiones en torno a la competitividad, el triunfo, el discurso patriarcal, a través del concepto de la velocidad, aquí entendido no solo como tema de la obra, sino como reflexión sobre los procesos: se manifiesta en sus producciones, que paradójicamente privilegian lo artesanal, lo manual, lo menos industrial y competitivo.

Para Obregón, que apela a la velocidad con la representación de carreras automovilísticas, PODIUM es un retorno de él mismo, pero también al trabajo de carpintería. Sus piezas le dan protagonismo al material per sé. Las vetas de la madera establecen una relación entre la velocidad y la curva. Y la curva se convierte en trazo, en dibujo. Arcadia habló con él.

¿De dónde surge Caja de herramientas para la velocidad?

De la idea de convertir las formas de las pistas de Fórmula Uno en plantillas para dibujo. Quise coger un elemento de gran escala, hecho para gran velocidad, y reducirlo al mundo del dibujo. Quise desacelerar. Es una caja con veinte plantillas, cada una de ellas está basada en un circuito, y todas hechas con un enchapado de madera. 

¿Por qué madera?

Todo empezó por unos dibujos que hice con unas reglitas que me topé, las curvas francesas, que se utilizaban antes para dibujar curvas. Ya casi nadie las usa porque ahora hacemos vectores en computadores. Pero yo las encontré en una papelería. Empecé a comprarlas y a coleccionarlas, a dibujar con ellas, a investigar su origen.

¿Cuál es el origen?

Uno puramente artesanal. Se sabe que son muy antiguas, y hay varias teorías: que las crearon quienes hacían barcos, o bien aquellos que hacían sastres en Francia. Lo que me gusta es que en cualquier caso el origen es totalmente artesano. Su necesidad de uso la convierte en una cosa física –y eran así, eran de madera–, y luego un geómetra alemán del siglo XIX, Burmester, las usa en matemáticas: algo cuyo origen es totalmente manual termina en la ciencia más abstracta. Yo, entonces, quise replicar la técnica de las plantillas originales de los modistos o de los carpinteros. Estas piezas incluso se pueden usar, realmente se puede dibujar con ellas.

¿Es fanático de la Fórmula Uno?

Ni tanto.

¿Entonces por qué representó las pistas?

Yo me topo a veces con imágenes que me interesan sin saber muy bien por qué, y las guardo en un archivo. A veces están ahí por años. Las saco, trato de hacer algo con ellas, no funciona, las vuelvo a guardar. Una de las imágenes que me topé fueron las vistas aéreas de las pistas. Me llamaron la atención las curvas. También debo decir que tengo una obsesión con la vista de pájaro, porque las cosas se ven muy distintas. Desde hace años trabajo el tema, he hecho muchos videos desde esa perspectiva. Y es un ángulo de vista que hace unos 10 años no era tan común. Hoy en día, con el desarrollo de drones, de Google Maps, estamos mucho más en contacto con las vistas aéreas. Pero desde hace mucho yo tengo una fascinación con ello. Por eso tenía una colección de todas las pistas, y un día cogí mis curvas francesas y las empecé a dibujar. 

Sin embargo, aunque no sea fanático de las carreras, un elemento de esta obra es la velocidad, que es un tema recurrente en sus obras, no solo el hilo de esta exposición.

Sí. Los dibujos que le dieron origen a esta muestra, y que están hechos a lápiz de color sobre acrílico, fueron el resultado de los primeros juegos con las curvas francesas. Volví a esa técnica para hacer una serie de dibujos en la que traté de definir cuál es la frontera entre el gesto y una idea plástica. Este señor Burmester era geómetra, pero también era cinemático, es decir, aquel que estudia la geometría del movimiento: coges unas curvas, les proyectas cierto movimiento, les agregas una temporalidad y calculas qué es lo que genera. El radio de acción. Eso es un principio de cómo algo en estado de quietud se mueve y cómo se proyecta en el espacio. Ahí entra la idea de la velocidad. No es que yo tenga un gran conocimiento sobre el tema y a raíz de eso haga obra. Es más bien al contrario: las obras me van llevando a investigar sobre ciertos temas. Debe venir primero la intuición, el entusiasmo por algo. Hace unos años hice un video, Secuencia espacial, donde había una simulación de un vuelo a gran altura.

Eso planteaba la pregunta sobre qué sucede cuando la tecnología ha llegado a tal nivel de sofisticación que viajamos todo el tiempo a velocidades abrumadoras y ni siquiera pensamos en eso, porque ni siquiera sentimos la velocidad. Se anuló un poco. La velocidad dejó de ser una cosa romántica. En los años 50, con todos esos descapotables, el objetivo era que la gente sintiera la velocidad. Era una cosa como optimista. Ahora desapareció. Está más relacionada con las telecomunicaciones. Ya no es más una sensación física: la velocidad es ahora la transmisión abstracta –que no vemos, que no sentimos– de las cosas, desde extremos del mundo. Y sin embargo la velocidad ha sido una necesidad del ser humano desde sus principios. Desde que debía correr para cazar un animal o para escapar de él, hasta la invención de la rueda. Es una cosa casi intrínseca del ser humano aquella de lograr cada vez más velocidad, y a su vez conquistar territorio y espacio.

Usted ha hecho videos antes –uno, incluso, acompaña esta muestra–. Pero ahora vemos algo totalmente manual. Como de carpintería.

En general yo noto cierta tendencia a volver a lo artesanal. Una última generación de artistas, en los últimos 10 o 15 años, se ha agarrado de la práctica de mandar a hacer cosas. No lo condeno, pero es otra manera de hacer arte. Y eso de cierta forma influye en la estética general de las obras: los métodos de producción acaban influyendo en la estética, quiéralo uno o no. Ahora siento que hay como una especie de replanteamiento. Muchos artistas están volviendo a técnicas más manuales. Yo incluso la tecnología la uso de una manera muy primaria. Uso lo que tengo a la mano. Pero el video me sigue interesando.

¿Y de qué es el video que estará en esta exposición?

Se llama Genealogía de la potencia y es una recolección que hice durante un año de bumpers y parrillas de carros de segunda que se venden a través de las redes. A cada uno de esos bumpers les conseguí el sonido que corresponde al motor del carro. Me sorprendió encontrar redes, sobre todo de Inglaterra, Francia, Alemania, en las que los usuarios se envían esos sonidos, porque el sonido de los motores es su pasión. Hay toda una cultura del sonido de la potencia. 

Hay además otros paneles de madera. ¿Qué representan?

Son una segunda etapa de la obra de las pistas. Son piezas que están hechas con una técnica que se llama enchapado en madera. Tienen como incrustaciones.

La serie está basada en las diez curvas más famosas y emocionantes de la Fórmula Uno. Es un enfoque más cercano, muy específico. Hay un juego entre las curvas de velocidad de los circuitos, y las curvas lentas de las vetas de la madera, que son curvas de años de formación, que van cambiando a través de los años dentro del árbol. Son curvas de las que no percibimos el movimiento.

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