El Museo Nacional de Colombia. Crédito: Guillermo Torres. El Museo Nacional de Colombia. Crédito: Guillermo Torres.

Carta abierta a Daniel Castro, director del Museo Nacional

Un lector de Arcadia responde a la carta pública de Castro sobre cómo ciertas actividades e instituciones culturales se vieron afectadas por el regreso de la temporada taurina a Bogotá.

2018/02/09

Por Revistaarcadia.com

El 23 de enero publicamos un artículo sobre la carta del director del Museo Nacional, Daniel Castro, en la que exponía cómo el regreso de la temporada taurina en Bogotá estaba afectando la asistencia del público al museo y otras instituciones culturales de la zona. Esto, debido a las restricciones de la Policía Metropolitana para que la ciudadanía entre al sector.

Un lector de Arcadia nos envió una carta abierta dirigida a Daniel Castro.

*

Respetados señores.

Atraído por el titular “El Museo Nacional arremete contra las corridas de toros”, y después de haber leído su texto y especialmente la carta abierta firmada por el director del Museo Nacional en la que se fundamente el titular, como fiel visitante y admirador de muchas de las exposiciones que aquí se realizan no puedo dejar de manifestar mi enorme sorpresa.

Aun cuando el señor Castro, se cuida (con la frágil sentencia “ [...] generando todo tipo de incomodidades para los residentes y las personas que buscan una oferta cultural diferente a las tardes de toros”) de descalificar la tauromaquia como una posible manifestación cultural inspiradora de grandes obras de arte, música y literatura, ya que su dignidad administrativa se lo impide, su aversión por la tauromaquia es inocultable, de ahí el titular de Arcadia.

De no hacerlo, le tocaría prohibir la entrada de bellos grabados de Goya que en el mismo Museo Nacional he visto o destinar a la bodega algunos de los más representativos óleos de Fernando Botero, el pintor colombiano más reconocido mundialmente, que hacen parte de la colección del Museo y pasaría a la historia del arte como uno de los más de nueve mil firmantes de la carta que pedía el retiro de la bella “Teresa Soñando” de las paredes del Museo Metropolitano de Nueva York por encontrarla impúdica.

Se queja el director del museo y de paso se auto proclama de vocero de quienes vivimos en el sector y de los comerciantes del barrio de las restricciones para acceder a la zona dedicadas “casi exclusivamente el acceso de quienes portaban su boleta a la Plaza de Toros, generando por el contrario todo tipo de inconvenientes para los residentes…” (sic).

Queda claro que el señor Castro, director del Museo Nacional, no se enteró de que el 22 de enero del año pasado, más de diez mil personas parapetadas detrás de la protección de la vida de los seis toros que se lidiaron ese día literalmente se amotinaron en los alrededores de la plaza para protestar contra el alcalde Enrique Peñalosa, recolectar firmas para su revocatoria, atacar a la policía y perseguir para linchar y, en el mejor de los casos, agredir verbalmente a cuanto transeúnte con cara de espectador de la corrida se les cruzara en el camino. Tampoco se enteró, o si se enteró no le importó, de que el 19 de febrero, tal como lo señala Arcadia, no necesariamente motivado “por un sentimiento antitaurino”, una bomba hubiera dado muerte a un agente de la policía, herido a 26 de ellos y causado daños en el edificio en donde vivo y en otros aledaños, amén de la zozobra y el sentimiento de pánico e inseguridad que los dos hechos anteriormente mencionados crearon en el vecindario y, claro, en los aficionados a la fiesta brava.

En esas fechas, no hubo la protección policial que se ha tenido durante esta temporada y me pregunto, ¿qué tal estuvo la asistencia al Museo Nacional esos domingos? Sin poderlo afirmar, apostaría a que cerró sus puertas de miedo a que la turba enardecida, que no necesariamente antitaurina, pusiera en peligro al Museo Nacional. Si no lo hizo, era su deber.

Encuentra el señor Castro desproporcionado el número de policías versus el de asistentes a la corrida, al igual que el área de acceso restringido. Pregunto a don Daniel, ¿cuál debe ser el número de policías justificables para proteger una vida humana y la integridad de los asistentes y residentes del sector?

De mi parte, como vecino inmediato de la plaza de toros, me siento enormemente agradecido con el control, la consideración, los esfuerzo y el cuidado que la Policía Metropolitana y la Alcaldía Mayor han tenido no solo con nosotros los habitantes de las Torres del Parque, entre otros, si no también con la minoría que asiste a la plaza de toros, aun cuando ello nos produzca algunas incomodidades. Prefiero eso al riesgo de volver a ver un policía muerto, las decenas de ambulancias recogiendo sus colegas, los vidrios de nuestros apartamentos rotos, la sensación de pánico y los gritos amenazantes e insultantes de los miles, no necesariamente antitaurinos, que gritaron por todo el barrio en esas fechas.

Enrique Uribe Botero.

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