La artista visual Tina Pit se presentó en La Esquina, el bar-performance  del museo, con las propuestas 'Si no me querés' y 'Desplazada nunca más'. | Fotografía: Julieta Duque La artista visual Tina Pit se presentó en La Esquina, el bar-performance del museo, con las propuestas 'Si no me querés' y 'Desplazada nunca más'. | Fotografía: Julieta Duque

Reescribir mentalidades

Hoy la labor de un museo histórico regional debe buscar un diálogo con el pensamiento contemporáneo y con el mundo –cultural, político y social– en que vivimos. El Museo de Antioquia es un ejemplo de ello.

2019/05/06

Por Carlos Uribe Uribe*

Este contenido institucional surge de una alianza con el Museo de Antioquia. Haga clic aquí para ver los demás contenidos de este especial.

El término “mentalidades” se ha utilizado desde mediados del siglo XX para referirse a la representación de la cultura y a las estructuras sociales que los individuos tienen sobre el mundo social. Su estudio partió de la historiografía moderna y abarca las expresiones de la vida cotidiana como complemento del estudio de la macrohistoria.

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La historia de las mentalidades ha sido crucial en la historia, la sociología, la psicología social y, recientemente, en la museología, y está vinculada con la corriente historiográfica de la Escuela de los Annales. Michel Vovelle, uno de sus principales cultores, define la mentalidad como una “ideología fragmentada”: un corpus, un pensamiento social arraigado, destrozado, hecho trizas.

En la diferencia entre ideología y mentalidad, Vovelle propone una discusión desde la posible autonomía de la noción de mentalidad frente a la de ideología. En principio, una historia de las ideologías estaría del lado de la mirada sobre las élites, mientras que una historia de las mentalidades estaría del lado de la mirada sobre los marginados y los desviados. Tanto ideología como mentalidad, concluye Vovelle, son conceptos que responden a “dos herencias diferentes, dos modos de pensar: una más sistemática y otra voluntariamente empírica”.

La crítica a la escuela de las mentalidades tuvo como consecuencia una nueva corriente historiográfica conocida como “historia cultural”, que integró elementos de la sociología e introdujo el giro lingüístico con el fin de comprender mejor realidades y procesos históricos particulares.

Conocida como “giro cultural” (cultural turn), esta corriente surgió de forma simultánea, aunque independiente, en Gran Bretaña y Francia, y fue cultivada en Estados Unidos y España, y, recientemente, en América Latina. En ella se conjugan las herramientas del análisis del discurso y la importancia dada a la forma narrativa, con el estudio de las relaciones entre representaciones culturales y prácticas sociales.

Haciendo eco de Michel Foucault en La arqueología del saber, el historiador y filósofo francés Michel de Certeau parte de que la historiografía es un discurso sobre “el otro”, construido a partir de la división entre el presente desde el que se escribe y el pasado sobre el que se describe.

Algunos autores franceses incluso sustituyeron la expresión “histoire des mentalités” por “histoire des représentations”, de modo que lo que hermanaría a estos dos géneros historiográficos sería su temática. Pero esta condición genera una pregunta para los historiadores de las mentalidades: la de las artes y las producciones culturales como fuente histórica.

En El mundo como representación, el historiador francés Roger Chartier señala que la ruptura de los tres paradigmas que habían sustentado las prácticas historiográficas permite el surgimiento de “una pluralidad de enfoques y comprensiones” sobre el pasado. El modernista sugiere dejar de considerar a las sociedades una estructura rígida para considerarlas, más bien, un conjunto que engloba a diferentes grupos humanos, dados por género, procedencia étnica, edad, profesión, tradiciones educativas, lealtades religiosas, solidaridades territoriales, etc., y poseedores de sus representaciones del mundo, capaces de crear sentidos y significados y de establecer distintos tipos de relaciones sociales.

La propuesta de Chartier hizo que se desempolvaran los trabajos del sociólogo Maurice Halbwachs en torno a la memoria colectiva. En su libro La memoria colectiva, Halbwachs afirma que esta envuelve a las memorias individuales, “pero sin confundirse con ellas”, y añade que la memoria evoluciona siguiendo ciertas leyes, y que si algunos recuerdos individuales penetran en la memoria colectiva cambian la configuración.

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Halbwachs opina que la memoria colectiva es la suma de la memoria de los grupos que conforman una sociedad y que ponen en valor cada uno de los acontecimientos que han vivido en función de su formación, de su propia conciencia de los hechos y de su propio contexto.


La artista Liliana Angulo estuvo a cargo de la primera Residencia Cundinamarca de 2019, con su proyecto Un caso de reparación y acciones antirracistas.| Fotografía: Julieta Duque

Este juego de relaciones entre la memoria de los grupos y la memoria colectiva llevó a Halbwachs a plantear una división entre la historia de la nación y la historia colectiva, y otra entre la historia y la memoria colectiva, todo lo cual es hoy actual y oportuno en Colombia, en medio de la lucha por el control del discurso sobre el conflicto y los lugares de poder desde donde se gestan y salvaguardan dichos relatos.

Esto quiere decir que, en general, “la historia solo comienza en el punto donde termina la tradición, momento en el que se descompone la memoria social”. En La escritura de la historia, Certeau complementa a Halbwachs al advertir sobre los peligros de la historia oficial y los relatos decimonónicos, tan arraigados en nuestro medio y presentes en guiones museológicos de museos, cartillas y herramientas de estudio escolar.

Halbwachs insiste en que, cuando la memoria de una sucesión de acontecimientos no tiene como soporte a un grupo, y que “cuando estos (los grupos) se dispersan en algunos espíritus individuales perdidos en las sociedades nuevas a las que estos hechos no interesan más porque les son decididamente exteriores, entonces el único medio de salvar tales recuerdos es el de fijarlos por escrito en una narración seguida, porque las palabras escritas permanecen”.

También hoy, en Colombia, es necesario fijar lo acontecido y reinterpretar el giro cultural que han producido las élites y su abandono del relato oficial; un abandono representado, sin duda, por la indiferencia de la sociedad industrial y comercial antioqueña frente al patrimonio y al origen cultural que ella misma ha depredado. Esto se refleja en el abandono sistemático de sus bienes y colecciones más preciadas: las del Museo de Antioquia, los archivos de Antioquia y Medellín, la Biblioteca Pública Piloto y la Fundación Ferrocarril de Antioquia. Contrarrestar esto es el paradigma de quienes formamos parte de estas entidades y de la responsabilidad de construir un nuevo correlato asumiendo el vacío y la inoperancia del relato tradicional, con el fin de convocar a otros a construir un relato polifónico que haga visibles a quienes han sido excluidos y otras visiones del mundo.

El Museo de Antioquia es, por ende, un museo histórico regional que dialoga con el pensamiento contemporáneo. El diálogo con el pasado, en nuestras colecciones, es el potencial para poder construir las mentalidades de la cultura antioqueña actual, cosmopolita, globalizada, pero afincada en la nostalgia de una tradición. En este proyecto de reescritura de mentalidades y representaciones, nuestro propósito es presentar la colección de manera rotativa, tratando de conectar piezas afines a la temática de cada exposición temporal o en las salas permanentes, en una estrategia para oxigenar la reserva y permitir a nuestros ciudadanos y visitantes el conocimiento de otros resquicios de identidad. En resumen, hoy ofrecemos una manera de considerar las colecciones como una entidad en movimiento y conectada a la apertura del museo hacia el ciudadano de a pie, en diálogo con el proyecto Museo 360.

El Museo de Antioquia es una institución centrada en las comunidades, con un foco puesto en la educación y la transformación social responsable. El arte y sus prácticas ampliadas no pueden cambiar el mundo, pero sí pueden darnos una perspectiva distinta sobre los problemas sociales que nos afectan. Nuestra percepción es que los artistas colombianos, y en particular los locales, están cada vez más comprometidos con temas políticos, económicos y sociales. Los afrontan desde las poéticas o desde lo político-crítico, y son cartógrafos de las nuevas realidades. Nos interesan como actores de este cambio y de la construcción del nuevo correlato. Así, el museo, con el concurso de su mediación, establece una relación más fluida con su contexto: el del centro de Medellín que es el centro del abandono de las élites y en parte de la gobernanza, de la ciudad ampliada y la noción de región.

En suma, el uso de la idea de mentalidad desde el proyecto museológico del Museo de Antioquia debe ir ligado al de “ideología” –definida desde una perspectiva sociocrítica–, así mentalidad se entienda como “traza” o “resistencia” ideológica. Solo así, creemos, podremos entender la calificación de “testimonio insoslayable” que hace Vovelle cuando se refiere a las artes, las producciones culturales y la memoria individual como algo colectivo, en un programa más incluyente en la construcción de una historia común.

*Director de curaduría del Museo de Antioquia

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NUESTRAS REVISIONES

A través de la colección del Museo de Antioquia hemos vuelto a mirar las maneras como nos hemos representado como sociedad. Esto nos ha permitido plantear nuevas reflexiones sobre nuestra historia y sociedad.

Sala de Diálogos Interculturales y El Barro Tiene Voz

Un montaje con piezas de barro de distintos momentos históricos y fabricadas por comunidades prehispánicas, por culturas artesanales aún vivas en Colombia, por artistas contemporáneos. En la sala se entremezclan y hacen borrosos sus límites, planteando así una reflexión sobre la linealidad y la circularidad de la historia.

Historias para repensar. Ampliaciones a los relatos del arte en Antioquia

Proponemos una revisión crítica de la historia como relato único y estático. Esta sala reúne hitos del arte antioqueño de finales del siglo xix y la primera mitad del xx y permite nuevas lecturas desde obras producidas hoy.

Promesas de la modernidad y Bienales de Coltejer

En 2018, incluimos la colección Bienales de Coltejer en la sala Promesas de la Modernidad. Su precedente y base curatorial es la exposición homónima realizada en el museo entre 2012 y 2013, que rescató la memoria de estos eventos.

Sala DeColonial

Nuestros imaginarios de autoridad, educación, poder y cuerpo provienen de la colonia y la república, del imaginario religioso europeo, del de antiguos dioses y del de los próceres. Pronto presentaremos una revisión de de ese periodo, por medio de tres ejes: infierno, cielo y purgatorio. 

Sala Siglo XXI

En 2019, abriremos esta sala en uno de nuestros nuevos espacios que dan a la calle Cundinamarca. Allí queremos proponer un acercamiento a la producción artística contemporánea de la colección del Museo de Antioquia, especialmente a los MDE y sus reflexiones sobre hospitalidad, educación y urbanismo.

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