Foto por Richard Atrero de Guzman/NurPhoto via Getty Images. Foto por Richard Atrero de Guzman/NurPhoto via Getty Images.

Una soledad no deseada

La reciente creación del Ministerio encargado de la Soledad en el Reino Unido es tan solo la punta del iceberg de una tendencia preocupante: cada día estamos más solos.

2018/07/05

Por Nicolás Guillot Leclerc

Valeria* tiene un poco más de 40 años y ha dedicado buena parte de su vida al mercadeo. Ha ocupado cargos directivos. Hace unos años sufrió una ruptura amorosa. Con ella vinieron la soledad y los problemas de salud que la llevaron a ser hospitalizada 20 días e incapacitada 3 meses. Su vida empezó a cambiar con un cargo de gerente comercial en una compañía. Se enfocó en el marketing digital. Eso hasta que, a mediados del año pasado, decidió hacer un alto en el camino: “Para mí lo primero fue hacer un dinero adicional, pero más allá de eso decido meterme a Uber para sentirme acompañada los fines de semana, para relacionarme y salir del encierro en mi apartamento”. Usualmente llegaba de trabajar los viernes hacia las 6:30 de la tarde y volvía a salir el lunes a las 6 de la mañana. Permanecía, literalmente, en su hogar.

La inscripción fue rápida, todo por celular: escaneó la tarjeta de propiedad del carro, el SOAT, su licencia de conducción, toda la información con la que Uber hace algunas verificaciones. Al día siguiente le dieron la bienvenida y le anunciaron que podía empezar a trabajar. Todo estaba en orden. Sin embargo, no comenzó inmediatamente: “Me demoré como unos 20 días en hacer la primera carrera. La verdad me daba como pena, era mi carro, hacía parte de la directiva de esta compañía...”. Finalmente logró vencer la vergüenza; los “prejuicios”, como dice ella.

Sobra decir que ha escuchado muchas historias. La que más le impactó fue la de una mujer que recogió en el norte de Bogotá. Era delgada, bonita, de clase, entradora y carismática, dice. Le contó que su esposo era espectacular, que estaba casada desde hacía varios años y tenía dos hijos, pero que su marido no la satisfacía sexualmente. “Cuando la recogí se acababa de encontrar con su exnovio de hacía 20 años, se habían visto en un par de ocasiones, me contó que le había hecho revivir esa fogosidad de la juventud y me pidió que la aconsejara”, recuerda Valeria.

Valeria es creyente, le insinuó que podría ser contraproducente, que se enfocara en su esposo y sus hijos, que se guardara lo que había vivido y abandonara la aventura.

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Con el paso de las semanas empezó a trabajar hasta más tarde, 9:00 o 10:00 de la noche, le empezó a coger gusto. Según ella, Uber estaba cumpliendo con la expectativa de generarle compañía: “El tema era conversar con las personas, ya ni pensaba en el dinero o en el consumo de gasolina del carro”.

Una tendencia preocupante

Cada día estamos más solos. La reciente creación del Ministerio encargado de la Soledad en el Reino Unido es tan solo la punta del iceberg de una tendencia preocupante de la que dan cuenta desde hace algunos años estudios tales como La soledad en España (2015) y el Informe de la Fundación de Francia sobre las soledades (2013).

El pasado 17 de enero, la primera ministra británica Theresa May anunció la creación de dicha cartera y se la encomendó a Tracey Crouch, hasta entonces ministra delegada para el deporte y la sociedad civil.

Con esta iniciativa no solo buscaba honrar la memoria de Jo Cox, aquella diputada laborista que lideraba el proyecto de lucha contra la soledad y quien fuera asesinada por un militante de extrema derecha en un ambiente caldeado por el Brexit, sino también hacerle frente a la soledad no deseada, aquella que consiste en “necesitar de relaciones [humanas] y por diversos motivos carecer de esa red [de apoyo] o no encontrar la compañía de otros”, lo cual se traduce en una sensación profunda de aislamiento.

Según el estudio La soledad en España (2015), el aumento de la esperanza de vida con el impacto que ello tiene sobre la viudez, el creciente individualismo, la falta de tiempo y relaciones humanas más superficiales e impersonales, son factores que contribuyen a la soledad.

En 2015, 20% de los españoles con más de 18 años vivían solos, el 41% de ellos porque no tenía más remedio. Cabe subrayar que el 53% de esos “solos obligados”, tenía más de 65 años.

Pero las personas mayores no son el único grupo propenso a sentir soledad. También la sufren los inmigrantes (por las dificultades que se derivan de la integración o porque muchos de ellos llegan solos a Europa), los discapacitados, las personas con problemas materiales y quienes se separan o divorcian, entre otros.

En Francia el panorama no es más alentador. El 12% de la población se sentía sola en 2013, según el Informe de la Fundación de Francia sobre las soledades. En escasos tres años la soledad golpeó a un millón de personas adicionales, llevando a cinco millones la cifra de individuos que no tenían o contaban con pocas relaciones sociales en el marco de redes tales como la familiar, la profesional, la de amigos o la de vecinos.

La epidemia, tal como la califican algunos, no hace distinciones.

La soledad puede enfermar

John Cacioppo falleció el pasado mes de marzo a sus 66 años. Dirigió el Centro para la Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago, fue coautor del libro La soledad: La naturaleza humana y la necesidad de relacionamiento social (2008) y estudió sus causas y sus efectos por más de veinte años.

“El aislamiento social tiene un impacto en la salud comparable al efecto de la presión alta, la falta de ejercicio, la obesidad o el tabaquismo”, sostiene Cacioppo en el primer capítulo de su libro. Y agrega: “La sensación crónica de aislamiento puede conducir a una cascada de eventos fisiológicos que aceleran el proceso de envejecimiento”.

En Colombia “la soledad sí está tipificada dentro de los motivos de consulta de la línea 106”, señala Manuel González, subdirector de la Subdirección de Determinantes en Salud de la Secretaría de Salud de Bogotá. En la capital del país las personas que requieren ser escuchadas pueden llamar gratuitamente a dicha línea o a la línea psicoactiva. El psicólogo Yecid Leyva, quien trabaja en la entidad, agrega que “la línea psicoactiva también está relacionada con la soledad, pues se ha identificado que muchas personas solas consumen alcohol o algún tipo de psicofármaco como salida frente a su soledad”.

El médico norteamericano Sanjay Gupta parece tener razón cuando señala en un artículo de su autoría publicado en la revista The Oprah Winfrey Magazine: “Desde una perspectiva de la evolución, esto tiene sentido; nuestros ancestros prehistóricos permanecían en grupos sociales no solo por aquello de la compañía, sino también por aquello de la sobrevivencia. Permanecer cerca de la tribu daba acceso a refugio, alimentación y protección. Mientras que separarse del grupo significaba peligro. Hoy en día, cuando nos sentimos excluidos, nuestros cuerpos pueden sentir que su sobrevivencia está amenazada [...]”.

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La exdiputada del partido laborista británico, Jo Cox, lanzó la Comisión encargada de investigar sobre la soledad poco antes de su trágica muerte en el verano de 2016. Según el informe de dicha Comisión titulado Combatiendo la soledad, una conversación a la vez (2017), ella misma había vivido una profunda soledad durante sus estudios y quería llamar la atención sobre un problema que aqueja a millones de personas en el Reino Unido.

Dicha investigación señala igualmente que en ese país más de 9 millones de adultos se encuentran siempre, o con frecuencia, aislados; que para 3,6 millones de personas mayores de 65 años la televisión es su mayor compañía; que en Londres el 58% de los inmigrantes y refugiados han manifestado que la soledad es su mayor desafío; y que más de 1 de cada 10 hombres dicen sentirse solos, pero no se lo admitirían a nadie.

La Comisión concluyó entre otras cosas que la soledad podía afectar a cualquier persona: “Desde el niño al que le cuesta hacer amigos [...], hasta al adulto mayor”.

La psicóloga de la Secretaría de Salud, Carolina Sanabria, se suma en alguna medida a esta versión, pues “el rango de edad entre los 18 y los 28 años es el que más llama por este motivo desde hace tres años”, sostiene, rompiendo así el mito según el cual la soledad es únicamente asunto de los adultos mayores.

Un llamado a actuar

Familia Aberta es un proyecto que está empezando a operar en Galicia (España). Lo dirige Enrique Lista, un miembro de la orden religiosa de los franciscanos. Su razón de ser es “promover una institución que atienda el problema de la soledad”, sostiene Lista.

La orden ofrece un espacio al que pueden acudir las personas que se sienten solas entre la mañana y las horas de la noche. En este lugar “hacemos como una vida de familia, fomentamos mucho el contacto, el diálogo y la escucha”, explica con entusiasmo Lista.

En la casa, como le llaman, las personas ponen la mesa, preparan la comida, almuerzan o cenan juntas, eventualmente arreglan algo que necesitara ser reparado, en fin, realizan actividades similares a las de cualquier familia. La gente va a la casa a compartir y a convivir.

Lista le apuesta a las actividades “en familia” porque cree que la afectividad es fundamental para combatir la soledad. Propone algo diferente a lo que hace la administración pública, aquellos centros de día a los que la gente puede ir a leer la prensa, ver televisión o atender algún taller de carácter académico, pero a los cuales “les falta alma”, sentencia Lista.

En Colombia, Isabel Londoño, psicóloga de la Clínica de la Familia, ha puesto en marcha una actividad similar: los “desayunos amigueros”. En Medellín, los solos y las solas pueden inscribirse por una módica suma. El objetivo no es conformar parejas, sino reflexionar sobre la soledad y que el desayuno obre como un puente para que las personas socialicen.

La idea surgió en el marco de los grupos terapéuticos que Londoño denomina Encuentro con mi soledad, tras los cuales la gente le decía: “Nos queremos seguir viendo”. La psicóloga señala que en terapia hay personas solas que necesitan ver a otros que se encuentren en la misma situación.

Pero aunque sea fundamental, la familia no es el único antídoto contra la soledad. Tal como lo hizo Valeria* con Uber, hay personas que apelan a su creatividad y a soluciones en apariencia simples para hacerle frente. El pasado 23 de febrero, el diario La Nación de Argentina publicó la historia de Agustín, un argentino oriundo de Luján. Hacia 2013 se separó tras una relación de cinco años y en aquel momento decidió que no deseaba vivir solo, razón por la cual trató de conseguir un apartamento para compartir. Sin embargo, el consejo de un amigo suyo la daría un vuelco a su aspiración inicial: “Tengo un conocido que vive en un hostal y creo que para vos eso sería ideal”, le dijo según el diario. Fue así como en marzo de 2013 Agustín se fue a vivir a uno que queda en Suipacha y Corrientes.

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Por su parte, algunas personalidades han impulsado iniciativas y han hecho llamados de atención sobre el tema de la soledad. Just say hello es el nombre del programa lanzado por Oprah Winfrey para combatir el aislamiento. “Donde quiera que se encuentre en este momento, encuentre a alguien con quien conversar. La persona sentada a su lado en el bus, un colega de trabajo o un vecino que viva a unas cuantas casas de la suya. Con quien quiera que sea, queremos que usted inicie una conversación el día de hoy”, reza su página web.

Omar Sy, el célebre actor francés de Intouchables, hizo un llamado el año pasado en el marco de una entrevista que le hizo el programa Clique. No dudó en aconsejarle a la audiencia que “se tome el tiempo de interesarse realmente por las personas que nos rodean y fomente relaciones sinceras y no superficiales”.

Habló de individuos “falsamente conectados” que muestran una imagen superficial de ellos en las redes sociales, pero que sufren de una profunda soledad.

“Queremos saberlo todo sobre todo, pero al mismo tiempo no sabemos nada sobre nadie”, sentenció Sy.

Cuando esté sentado en un bus, trabajando en la oficina, comiendo en un restaurante, haciendo mercado o leyendo en una biblioteca, entre otros, recuerde que las apariencias engañan, pareciera que todo el mundo está bien, pero en muchos casos no es así. Mientras sea con buena intención, no dude en saludar, en iniciar una conversación, en interesarse sinceramente por el otro o en escucharlo, sin importar su edad, su posición social o sus preferencias personales.

No en vano, en palabras del profesor Cacioppo, “no es casualidad que hoy en día, incluso en las prisiones modernas, el castigo más severo sea el confinamiento solitario”.

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