"Lo que fue muy importante para nosotros fue darnos cuenta de que había mucho más allá de la mitología que nos asustaba a todos". | Cortesía: Mapa Teatro "Lo que fue muy importante para nosotros fue darnos cuenta de que había mucho más allá de la mitología que nos asustaba a todos". | Cortesía: Mapa Teatro

‘Testigo de las ruinas’ y los despojos detrás de las transformaciones urbanas

Mapa Teatro inaugurará ARTBO | Fin de Semana con una intervención performática en el Teatro Faenza. ARCADIA habló con Rolf Abderhalden, cofundador y director del colectivo, sobre las posibilidades de reflexionar y abordar desde el arte el pasado, el presente y el futuro de las ciudades.

2019/05/16

Por Julián Santamaría

En el marco de la tercera edición de ARTBO | Fin de Semana, que se llevará a cabo entre el 17 y el 19 de mayo, uno de los ejes principales de la programación es la reactivación del Faenza - Teatro de la Paz como espacio para las artes dramáticas y plásticas de la mano de Mapa Teatro con su obra Testigo de las ruinas.

El año pasado, ya se había desarrollado una propuesta similar de intervención no convencional del espacio público en el Monumento a Los Héroes al norte de la ciudad y que permiten desatar nuevos horizontes conceptuales del espacio mismo, así como los que nacen con diálogo que hay entre la obra y el espacio.

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El Faenza fue construido en 1924 y además fue el primer teatro que proyectó películas en la ciudad, pero con el pasar del tiempo fue perdiendo su importancia como centro cultural al punto de estar abandonado durante dos décadas. En 2004, la restauración del lugar fue asumida por la Universidad Central, que desde entonces ha hecho renovaciones para volver a adecuar el teatro. A pesar de que hoy en día se llevan a cabo algunos eventos allí, hasta ahora su concepción original como espacio destinado a las artes no ha sido rescatada del todo.

Por eso, ARTBO | Fin de Semana presentará Testigo de las ruinas de Mapa Teatro para darle a este icónico espacio la oportunidad de albergar y dialogar con una obra que navega entre diferentes lenguajes artísticos y se nutre de la liminalidad que hay entre las artes plásticas, el video, el performance, la instalación y la obra dramática. El resultado: un “archivo vivo”. Las puertas del teatro se abrirán para que los visitantes puedan ‘revisitar’ su propia ciudad desde las sensibilidades que permite el arte y reapropiarse de esas ruinas que hoy pueden volver a ser resignificadas como espacios para la reflexión sobre la memoria de una ciudad que está cambiando de manera acelerada.

ARCADIA tuvo la oportunidad de conversar con Rolf Abderhalden, cofundador y director de Mapa Teatro, sobre las posibilidades conceptuales que nacen de esta nueva iteración de su obra y de donde surgen cuestionamientos sobre el desarrollo, la memoria y las posibilidades de habitar en una ciudad como Bogotá.

¿Qué es lo que se verá en el marco de ARTBO | Fin de Semana?

En ARTBO | Fin de Semana tendremos dos versiones de Testigo de las ruinas. La instalación, que hoy en día el pertenence al Museo Reina Sofía y que fue comisionada por ellos, estará abierta durante el día. La segunda parte es la instalación con actos performáticos. Esta versión se hará en el Faenza el jueves cuando se inaugure ARTBO | Fin de Semana, y también el viernes, sábado y el domingo en la noche.

Testigo de las ruinas surgió en 2005 como la culminación de varios proyectos que lo precedieron. ¿Cómo se articuló este proceso?

Entre 2002 y 2005 estuvimos haciendo un trabajo en el antiguo barrio Santa Inés que en ese momento estaba en la última etapa del proceso de demolición. Durante esos tres años, hicimos tres proyectos: uno que se llamó Prometeo, el siguiente Recorridos y el tercero se llamó La limpieza de los establos de Augías. Todos ellos fueron hechos con antiguos habitantes del barrio de los que, para ese entonces, quedaban muy pocos antes de que la última casa fuera derribada. Junto a ellos, empezamos a reunir todos los testimonios y registros visuales que pudimos en un gran archivo que compila todo el proceso de transformación del barrio. Cuando recopilamos todos los elementos que componen el archivo e hicimos el montaje, nos dimos cuenta de que hacía falta algo: el componente vivo. En este caso, ese componente es Juana Ramírez, la última habitante del barrio en salir, quien participa como narradora y en acciones performáticas.

Juana ha sido parte esencial del proyecto, no solo como protagonista de la demolición, sino de toda la vida del barrio hasta entonces. Juana vivió toda su vida en Santa Inés, tenía sus hijas allá y vendía arepas y chocolate en las calles de lo que entonces era El Cartucho. Como ella no veía otra vida posible después de la demolición, se quedó hasta el último momento y salió solo hasta cuando su casa fue demolida.

Es por eso que esta obra, en primer lugar, existe como una de acción. Queríamos trabajar, en una dimensión simbólica, la salida de su barrio y la posible reinserción en otros contextos que empezaban a vivir estos habitantes. Una acción que se presenta en conjunto con todo lo que recogimos. De ahí que este sea esencialmente un ejercicio de memoria.

Testigo de las Ruinas de Mapa Teatro | Cortesía: Mapa Teatro

La forma en que se compila parece tener más de una dimensión. Es decir, hay registros que parecen tener un carácter antropológico, así como sociológico e histórico. ¿Por qué abordar este fenómeno desde el arte?

La manera en que grabamos, en que recogimos los testimonios, en que montamos y en que contamos un relato tiene un carácter absolutamente artístico. No lo hicimos como sociólogos ni como periodistas ni como antropólogos: es el relato de unos artistas que estaban allí como testigos, así como lo indica el título. Estuvimos todo ese tiempo como testigos del proceso e hicimos una construcción desde la mirada y la sensibilidad propia de un artista.

Es un resultado cargado de esta esencia que no se podría haber alcanzado de haber hecho un mero registro histórico. Allí es donde para nosotros es tan importante contar con la presencia de Juana al momento de activar el archivo como un archivo performativo, un archivo vivo y no tan solo un documento; es decir, que también es una instancia, un agente vivo que no solo permite un trabajo de la memoria del pasado sino una memoria del presente, una reflexión sobre a dónde apuntan todas estas acciones urbanísticas en el tiempo, que son pensadas en el presente para el futuro.

¿Por qué es tan importante que se reactive este “espacio vivo”?

Más allá de la dimensión anecdótica, de saber que hubo unos lugares, unos nombres y unas fechas, lo que nos parece importante es que la experiencia de estos archivos puedan activar una experiencia de nosotros como habitantes de una ciudad. De una ciudad cuyo centro está cambiando vertiginosamente y que es necesario reflexionar sobre qué tipo de pertenencia o relación tenemos como habitantes con todo aquello que la constituye, sus edificios, sus avenidas y los otros habitantes, además de los relatos y prácticas sociales que han tenido lugar en allí.

Por ejemplo, pocos saben que el barrio Santa Inés fue el lugar de nacimiento del movimiento de reciclaje que comenzó en Bogotá y que se extendió a todo Latinoamérica. Allí se gestaron los “primeros recicladores”, porque entonces fue un centro de acopio de toda la ciudad a partir del cual diferentes organizaciones y cooperativas empezaron a nacer. Además, Santa Inés también fue el lugar de prácticas económicas alternativas, de rebusque, prácticas que estuvieron llenas de creatividad, recursividad e ingenio. Todas estas son prácticas sociales que van desapareciendo, se van extinguiendo y que no solo deben invitarnos a preguntarnos por el pasado sino sobre lo que sucede hoy en día, cómo habitamos estas ciudades. El objetivo es que repensemos esas dinámicas que nacen de los nuevos modelos económicos y de las nuevas formas de subsistencia en los espacios urbanos.

Esta iniciativa implica para ARTBO | Fin de Semana una reactivación en dos registros. Por un lado, la reactivación de la obra en un nuevo espacio y la reactivación del Teatro Faenza como espacio dedicado a la artes.

Cada vez la obra se ha activado en espacios nuevos y aquí veremos cómo es que entra en diálogo con los espectadores. Nosotros sencillamente vamos a disponer del espacio y ofrecemos los signos para que el espectador se encargue de hacer las conexiones y sea quien finalmente reconstruya la memoria urbana como ciudadano de Bogotá, tanto para quienes tienen memoria de estos hechos y quienes no. Mientras que hay nuevas generaciones que desconocen lo que El Cartucho representó, que tan solo conocen el parque El Tercer Milenio. Sin embargo, hay toda una población que recuerda lo que fue este lugar. El hecho de que Testigo de las ruinas esté en un lugar que también ha sobrevivido al auge urbanístico neoliberal de estas ciudades y a las distintas catástrofes de la ciudad, crea una resonancia entre el espacio arquitectónico y los “archivos vivos” que presentamos.

El teatro y la obra parecieran ser entes complementarios. Es decir, hay un espacio arquitectónico sin quien lo habite y un archivo vivo de quienes perdieron su espacio en la ciudad. ¿Cómo entiende esta relación?

El hecho de que Testigo de las ruinas esté presente en un lugar que ha sobrevivido a este urbanístico y neoliberal, así como a las diferentes catástrofes de la historia de la ciudad, resulta en un tipo de resonancia entre el teatro como memoria arquitectónica de la ciudad y los materiales que presentamos. Al estar en el Teatro Faenza intentamos que, por la arquitectura misma del edificio, hubiera un diálogo que se extiende también al centro de Bogotá, un lugar que ha sobrevivido tiempos turbulentos.

Testigo de las Ruinas de Mapa Teatro | Cortesía: Mapa Teatro

El trabajo en conjunto con los antiguos habitantes problematiza la autoría de la obra. Es decir, ¿quién se expresa a través de quién? ¿Son ellos quienes tienen en Mapa Teatro una oportunidad para expresarse o es Mapa Teatro el que encuentra en ellos la manera de abordar el fenómeno?

Nosotros hemos insistido desde la fundación de Mapa Teatro en hacer nuestros proyectos incluyendo a otro tipo de actores sociales. A lo largo de esos 35 años, para nosotros siempre ha sido fundamental que se trate de un encuentro entre las partes y no una utilización instrumental de las personas y de las comunidades. Por eso, hemos procurado que siempre que compartimos con esta comunidad efímera que se gesta durante el proyecto, que todo tenga sentido tanto para ellos como para nosotros. Sabemos que no estamos haciendo un trabajo social en un sentido estricto. No somos una organización que hace trabajo social y no queremos que sea así. Eso no quiere decir que no queramos que haya una repercusión, que nuestras acciones contribuyan en algo a la vida de quienes participan con nosotros. Sabemos que este ha sido un trabajo muy paradigmático en Suramérica en la forma en que artistas y comunidades, ya sean poblaciones vulnerables y/o comunidades urbanas, interactúan. Para nosotros siempre hay una dimensión ética que acompaña la poética de nuestra trabajo. Es algo indisociable.

Además de Juana, que ha reactivado la obra con ustedes en varios lugares del mundo a lo largo de los años, ¿qué ha pasado con esos otros actores?

Como siempre que conoces un grupo de personas, a veces los vuelves a ver, otras veces se alejan o se van. Varios de ellos cambiaron de ciudad, se fueron de Bogotá; otros no eran de acá y volvieron a sus lugares cuando desapareció El Cartucho. Otros más siguen acá y mantenemos con ellos relaciones de intercambio y colaboración. Finalmente, lo que fue muy importante para nosotros fue darnos cuenta de que había mucho más allá de la mitología que nos asustaba a todos. Lo que para muchos en la infancia representaba un barrio prohibido, de transgresiones, de ilegalidad, es también un espacio donde comunidades generaron nuevos tipos de convivencia, maneras de estar juntos que aún tienen mucho que enseñarnos a nosotros como habitantes de ciudades como Bogotá.

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