"Todos estamos llenos de matices a nuestra manera, pero ella siendo tan inteligente e inquieta, quizás, es más compleja que muchos". Hilda Trujillo | 'Las dos Fridas' (1939) "Todos estamos llenos de matices a nuestra manera, pero ella siendo tan inteligente e inquieta, quizás, es más compleja que muchos". Hilda Trujillo | 'Las dos Fridas' (1939)

Volver a Frida: una charla con la directora del Museo Frida Kahlo

El documental 'Frida Kahlo. Viva la vida', dirigido por Giovanni Troilo, que se proyecta esta semana en Colombia, recopila diferentes testimonios que dan cuenta de las diferentes y complejas facetas de vida de la artista mexicana. ARCADIA conversó con Hilda Trujillo, directora del Museo Frida Kahlo en la Casa Azul, sobre la necesidad de revaluar los mitos en torno su figura.

2019/11/27

Por Julián Santamaría

Son pocos los pintores a los que el público se refiere con su nombre de pila. Ni artistas de la talla de Warhol y Matisse se han ganado ese favor. Y es que decirle Kahlo a Frida es alejarla de esa familiaridad con la que tantas personas se refieren a la mujer de mirada seria y cejas prominentes. 

Frida se ha convertido en la bandera del feminismo, la discapacidad, la libertad sexual y la cultura mexicana. Alrededor de esa figura han surgido diferentes mitos que terminan por desdibujar la realidad de la artista que en cada uno de sus lienzos, marcadamente introspectivos e íntimos, retrató su fragilidad con honestidad y transparencia.


Frida Kahlo (1932). Fotografía de Guillermo Kahlo | Alamy Archives.

Y es que alcanzar esta prominencia en la cultura popular ha hecho de Frida Kahlo el blanco de críticas y controversias, pues en su vida confluyen pasiones y realidades contradictorias. Para muchos, su tormentosa relación con el muralista, y entonces gigante de las artes latinoamericanas, Diego Rivera, deja mucho que esperar de lo que un ícono feminista debe ser para el siglo XXI. Por otro lado, el estatus de ícono que ostenta en la actualidad desvía la atención de el valor estético que su obra pueda tener.

Frida Kahlo nació el 6 de julio de 1907 en la Ciudad de México, en una casa que fuera propiedad de sus padres y que hoy se conoce como ‘la Casa Azul’. Hija de Wilhelm Kahlo, de ascendencia húngaroalemana, y Matilde Calderón, originaria de Oaxaca, Frida fue la tercera de cuatro hijas y a los seis años contrajo polio. A los dieciocho, fue víctima de un accidente de tránsito que la dejó con limitaciones y soportando severos dolores que la acompañaron hasta la muerte. Esos dolores se sumaron a las dificultades de una vida convulsa y que representó en su pintura, pero también a su escritura, en su forma de vestir y en la forma en que vivió.

El documental Frida Kahlo. Viva la vida, dirigido por Giovanni Troilo, que será proyectado en salas de Cine Colombia del jueves 28 de noviembre al domingo 1 de diciembre de 2019, recopila diferentes testimonios que dan cuenta de las diferentes y complejas facetas de vida de la artista mexicana.

ARCADIA conversó con Hilda Trujillo, directora del Museo Frida Kahlo en la Casa Azul y del Museo Diego Rivera Anahuacalli, sobre estos mitos que impregnan la vida y obra de Kahlo así como las revaluaciones de las mismas que surgen a la luz de nuevos estudios.

Usted estuvo a cargo de la apertura de algunas de las habitaciones de la Casa Azul que estuvieron cerradas durante décadas y en los que se hallaban cientos de objetos de Frida. ¿Cómo han cambiado estos hallazgos la forma en que se entiende su vida y obra?

Diego Rivera decidió dejar cerrado un baño de la casa lleno de objetos de Frida durante quince años. Su mecenas y amiga Dolores Olmedo decidió que mientras viviera "respetaría la voluntad de Diego Rivera” y vivió muchos años. Pasaron más de cincuenta sin que se abriera este espacio de la casa. Cuando entramos y vimos todo lo que había, nos dimos cuenta de que era como si todo el espacio se hubiera detenido en el tiempo. Ya había presiones de los intelectuales y estudiosos para abrirlos, pero tampoco se sabía con certeza que había. Y pues claro que nos topamos con sorpresas. Había varios baúles y un ropero, y entre tantas cosas encontramos artefactos interesantes como un arete de Picasso y más de cien dibujos de Frida. Parece que lo que ella quisiera hacer es decirte: “Ven de la mano conmigo. Te voy a enseñar quién soy”. Así es que uno llega a conocer a esta mujer rebelde, inteligente y curiosa intelectualmente.

Abrir esos cuartos fue como encontrar un museo dentro de otro museo. En su ropero encontramos su casa en miniatura, réplica de la de verdad, y dentro de un baúl encontramos un mensajito que estaba dedicado a Diego. Era muy detallista, muy organizada. Gracias a estas piezas podemos conocer más a fondo sus fuentes de inspiración, su mundo íntimo, su lado más humano. Además, gracias a estos archivos se está empezando a revaluar toda esa idea de sufrimiento que, si bien se refleja en su obra, no siempre era la manera en que vivía. Era una mujer que disfrutaba de la fiesta, amaba la vida. Además, fue muy útil porque cuando quisimos regresar la casa al estado en que estaba cuando ella vivía nos basamos en las fotografías de época: las más de 6.500 fotografías y más de 22.000 documentos que había allí. 

El escritor Rafael Solana, en una plana de El Universal, escribió sobre Frida: “... como yo la recuerdo, no era simpática, ni esa impresión dan de ella ni las películas ni las comedias”. ¿Qué visión de ella tienen quienes tuvieron la oportunidad de conocerla?

Como cualquier ser humano, uno puede conocer a una Frida en diferentes círculos sociales. Frida no era protagónica conversando, aunque compartía mucho con Dolores del Río y los intelectuales de la época. Con Diego y muchas veces estando con él se limitaba a escuchar. Lo que sí es cierto es que su vida y cotidianidad son iguales de complejas a su obra. Ahorita estamos haciendo un estudio sobre las personas que aún están vivas pero que la conocieron. Son seis o siete los que quedan vivos y son muy lúcidos en sus recuerdos. Los alumnos la recuerdan como maestra; sus amantes y esposo, como pareja. Todos estamos llenos de matices a nuestra manera, pero ella, siendo tan inteligente e inquieta, quizás, es más compleja que muchos.

¿Hasta qué punto su relación con Diego Rivera la ensombrece? Muchos consideran que haber estado con él de la manera como lo hizo contradice el halo de ícono feminista que la rodea.

Ciertas biografías de hace veinte, veinticinco años, hacen es interpretación. Ella es una mujer fuerte y liberal, pero también amaba a su marido; lo quería mucho. Así como ella lo atendía a él, él también la atendía a ella. Tenían problemas, como todas las parejas, pero eso no implica que no tuvieran un gran amor y que no se impulsaran a crear. Hace poco en el centro Pompidou en París y el Barbican Centre de Londres hicieron una exposición sobre las grandes parejas de la historia del arte que se impulsaron para crear, como Dora Maar y Pablo Picasso. Allá estaban Diego y Frida. Creo que esas exposiciones han empezado a romper ese mito. Y así lo han hecho varios libros biográficos recientes. Yo quisiera que la gente se enfocara en su creación y en realidad se sentara a estudiar su vida, que dejara de emitir juicios de valor sin documentación.

Es decir, debemos apartarnos de esa lectura que denota machismo en la relación de los dos...

Es injusto con Diego, que la ayudó y la quiso tanto. Diego era macho antes y después de ella, pero no con Frida. Con Diego eran una pareja que se alentaba. Hay una frase al final de la recámara de noche al final de su vida que dice: “Me acogiste destrozada, me devolviste íntegra”. Además, hay cartas muy bonitas que se dedican el uno al otro, llenas de respeto amor cariño. Ella le dice: “Diego, tú eres mi hijo, mi padre, mi esposo”. Era un amor maternal. Eso sí, el gran amor de Frida fue Nickolas Muray, pero Diego fue el que la impulsó para que pintara y le permitió ser libre. Si bien al principio tuvo una influencia importante de Diego, luego desarrolló su propio estilo, un estilo único. Ese mito de que Diego le pegaba es una tontería. Con ella no fue un mal hombre, fue un hombre muy comprensivo y alentador. Diego tenía amantes y ella también. Eran muy abiertos al respecto.

Con tantos objetos y exposiciones hemos conocido la intimidad y vida de Frida en gran detalle, pero ¿qué perspectiva tenía ella sobre su obra, sobre sí misma en relación? ¿Alguna vez pensó en ser objeto de tal escrutinio?

Al estar casada con un artista tan grande como Diego, creo que nunca pensó que trascendería de la manera como lo ha hecho. No le gustaba decir que estaba enferma o quejarse. Por el contrario, le encantaba la gente, las fiestas y siempre se le veía alegre. Donde se representa su dolor era en sus obras. Ella siempre se acercó al arte, al pincel y al lienzo de una manera catártica. Siempre representó el sufrimiento que vivió. Frida es una de esas artistas a las que no puedes entender si no entiendes su vida. Lo que pasa es que vivió una vida muy intensa.

Cuéntenos de la Frida escritora.

Esta es una de las facetas menos estudiada de su carrera, a pesar de que es una faceta muy poderosa. Desde un principio, su papá le impuso una disciplina y una educación para que fuera científica. Ella quería ser médica. Estudio en la preparatoria en la que había quince mujeres y unos mil hombres. Y aunque no se hizo científica, nunca dejó de cultivarse, de leer. Escribía muy bien. Tiene grandes frases y aforismos. Sobre todo maneja muy bien la ironía, la burla. Era una mujer muy aguda y con gran sentido del humor. Una de las frases que más me gusta de ella es: “Quise ahogar mis penas con alcohol y ellas aprendieron nadar”.

La columna rota (1944), Frida Kahlo

Su diario es fantástico. A veces es fuertemente poética, aunque su prosa también es muy sólida. Esta faceta de ella está muy descuidada. Así como nosotros en el museo tenemos mucho interés en estudiar esta parte de vida, espero que muchos más académicos y estudiosos quieran indagar en todo lo que hay por aprender en estos documentos. Para dar una idea de lo útiles que pueden ser, es muy fácil descartar el trabajo de ciertos falsificadores que están llenos de mala ortografía y pésima caligrafía. Frida tenía una caligrafía preciosa y muy buena ortografía.

En pocos años, el museo Frida Kahlo en la Casa Azul ha pasado a ser uno de los más visitados de México. ¿Cómo lo maneja usted, como su directora?

A mí no me gusta que la gente espere en la línea y por eso tenemos una modalidad de preventa. En este momento, por ejemplo, no hay boletos para dentro de tres meses. Por eso los miércoles abrimos de noche, para que la gente pueda disfrutar más, pero toca recordar el hecho de que el museo está ubicado en una zona residencial y respetar los horarios establecidos para nuestra operación. Fueron muchos años de rescatar la casa, de dejarla como ella la tenía y disponer sus objetos personales para mostrar lo que ella quería mostrar. Me alegra mucho ver cómo, con una sonrisa en su cara, los visitantes ven todo lo que se dispone en el museo. Yo creo que piensan para sus adentros: “Con razón es Frida”. En todos los idiomas se escucha a las personas maravilladas. Quiero que la gente se sienta orgullosa de México, que vaya más allá de la representación que actual de la violencia y los narcos. Quiero que se conozca la cultura tan rica que tiene México y que el museo sea la mejor cara que tiene el país hacia el mundo.

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