Galván se presentará junto a los hermanos David y Alfredo Lagos en el cante y la guitarra respectivamente. | Foto: Luis Castilla Galván se presentará junto a los hermanos David y Alfredo Lagos en el cante y la guitarra respectivamente. | Foto: Luis Castilla

“Uno no solo es flamenco cuando baila”: Israel Galván

En la cuarta Bienal de Danza de Cali, el Teatro Mayor presentará dos funciones de uno de los bailaores contemporáneos más reconocidos e innovadores del mundo. ARCADIA conversó con él.

2019/05/03

Por Julián Santamaría

Israel Galván, hijo de los bailaores sevillanos José Galván y Eugenia de los Reyes, ha vivido entre palmas, guitarras, cantaores y tablaos. A lo largo de tres décadas ha forjado una carrera que lo ha llevado a explorar los horizontes más experimentales de la danza flamenca. En estas experimentaciones, Galván ha conocido nuevas posibilidades de su arte en diálogo con otras expresiones como el teatro y las artes plásticas. Su trabajo ha suscitado el elogio de los sectores más vanguardistas de la crítica así como el reproche de los más conservadores. Pero el haber recibido premios como la Medalla de Andalucía, la Orden de las Artes y las Letras de Francia, el Grand Prix de la Danse de Francia, el Premio Vicente Escudero en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y el Premio Nacional de Danza a la Excelencia Artística del Critics’ Circle del Reino, son prueba de que, en lo que concierne al estado actual del flamenco, el nombre de Israel Galván es ineludible.

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Durante de más de tres décadas, usted ha incursionado en diferentes maneras de concebir y bailar el flamenco.

El flamenco es un arte que siempre ha estado cambiando. Tanto la guitarra, como el cante y el baile, siempre han estado en evolución. Para el baile, yo he creado mi propio lenguaje basado en mis raíces y conmigo, hoy en día, hay una gran variedad de personalidades flamencas que ya no se limitan tan solo al baile y al concierto, sino que también experimentan con nuevos elementos. Siempre hay cosas nuevas que decir en este campo tan abierto que es el arte del flamenco.

Su carrera es reconocida por haber llevado el baile flamenco a espacios y situaciones antes inusitadas. Ha llegado, incluso, a bailar con una inteligencia artificial. ¿Cómo no agotar sus posibilidades creativas?

No siento presión de hacer cosas nuevas: las personas que tienen el don del arte no pueden vivir sin él, lo enfrentan en cada parte de su vida. Es decir, al igual que en la vida, en el arte van surgiendo situaciones y obstáculos. Y ese arte, como espejo de la vida, es un lugar donde también se afrontan todas esas cosas. Desde allí, explorar se vuelve una necesidad.


Galván inició en la Compañía Andaluza de Danza, dirigida por Mario Maya y presentado producciones como La metamorfosis, Galvánicas, Arena; La Edad de oro; Tabula rasa, Solo, y El final de este estado de cosas, entre muchas otras. | Foto: Luis Castilla

En repetidas ocasiones se le ha clasificado como “anticonformista”. ¿Está de acuerdo con este apelativo?

Mi origen está en la tradición, pero también me tomo la libertad de conocer otras formas de hacer mi arte. Esto da pie para que la gente me ponga diferentes sellos, diferentes etiquetas. Pero no me quiero pronunciar frente a las críticas, sean buenas o malas. Yo hago lo que quiero. Siempre habrá gente a la que le guste y a otra a la que no.

¿Quién ha sido más implacable con su trabajo: la crítica o usted mismo?

Hombre, pues el crítico más feroz es uno mismo. A ti mismo no te puedes engañar, a los críticos si.

Las condiciones para que se dé el flamenco en España han cambiado mucho en los últimos años. ¿Tiene alguna añoranza por el flamenco de entonces?

En este momento, no hay un apoyo importante al flamenco en España. Es algo que ha venido pasando hace algunos años. Nosotros tenemos que viajar mucho y salir para bailar, para trabajar porque no hay un circuito muy sólido. Y como se ve reflejado en la obra que traigo, también hay algo de nostalgia por recordar. Pero esta necesidad también deja algo que es muy lindo: el poder viajar.

Su obra juega entre la liminalidad de la vanguardia y la tradición. A estas alturas, ¿sirve de algo postular esta división?

En mi caso, yo no forzo esa relación. Cada obra nueva me hace cambiar la manera de bailar, de manera de pensar. Todas ellas son momentos en mi vida que se han quedado marcados en mí y cada una es diferente.


‘Es eso: esta es una obra muy auténtica, el regreso a los sonidos más tradicionales‘. | Foto: Luis Castilla

Hablemos de la Edad de Oro, la pieza que presentará en Bogotá. ¿Cómo es retornar a un trabajo que se estrenó hace catorce años?

Esta obra es como un germen que siempre está vivo. Lo describo como un piso, un apartamento al que siempre me doy la licencia para mover los muebles pero que siempre está en el mismo lugar. Volver a esta obra es una manera de mostrar quién y cómo bailo. Por eso sigue viva. Las cosas clásicas los valores tradicionales a los que hace homenaje, que están muy presentes y llegan a zonas que son muy auténticas. Es eso: esta es una obra muy auténtica, el regreso a los sonidos más tradicionales.

La puesta en escena es austera, consta tan solo del bailaor, el cantaor y el guitarrista, y está claro que es un homenaje a la llamada “Edad de Oro” del género. Por lo tanto, se le ha catalogado como una obra que vuelve a la “esencia” del flamenco. ¿Existe la esencia del flamenco? De ser así, ¿cuál sería su esencia?

La esencia del flamenco está en la manera de ser, en la manera de andar, de salir a la calle, en la manera de vivir. Es una esencia que luego se lleva a escena. No es un arte donde terminas de bailar y ya está, eres una persona normal. No. Uno no solo es flamenco cuando baila.

La concepción original de la Edad de Oro tenía a Fernando Terremoto en la guitarra. ¿Cómo es afrontar la obra sin él? ¿Qué tan presente está en ella?

Fernando hace tiempo no está con nosotros, casi una década. Él fue uno de los pilares básicos para esta obra y su espíritu sigue ahí. La idea inicial es que yo bailara al cante de Fernando y no al revés, que él cantara basado en mi baile. Es por eso que siento que su aporte a esta obra en sus interpretaciones y su espíritu está presente siempre. Pero en esta ocasión también hay un elemento importante que es la participación de Alfredo y Fernando Lago. Los tres somos de la misma generación de artistas y somos muy diferentes. Pero hemos conseguido ser un mezcla, un coctel variado y perfecto.

¿Qué se puede esperar a futuro, en qué ámbitos espera ahondar para sus nuevos proyectos?

En este momento, estoy haciendo un retorno a los clásicos. Por ejemplo, a la Consagración de la primavera de Igor Stravinsky. Pero creo que por el ritmo de la vida actual me voy a encontrar de nuevo con la necesidad de experimentar. Porque siempre toca estar muy abierto a nuevas cosas.  En este momento, vivimos en un sistema que te ofrece muchas oportunidades y posibilidades por conocer. En mi caso, cada vez que hago una cosa nueva estoy haciendo una búsqueda personal para seguir aprendiendo.

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Israel Galván interpretará La Edad Dorada, junto a los hermanos David y Alfredo Lagos, el viernes 3 de mayo y el sábado 4 de mayo a las 8:00 p.m. en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Para más información haga click aquí.

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