‘Bloodline’: familia, culpa y traición

Televisión

Los protagonistas de la serie. Foto: Bloodline
Netflix recién estrenó la segunda temporada de la aclamada serie, un oscuro drama familiar que transcurre en el opresivo calor de los cayos de la Florida, en Estados Unidos.
Por: Christopher Tibble03/06/2016 17:35:00

La calma ronda por la superficie. En la enorme casona, sede del hotel de la familia Rayburn. En su marina y playa, arena blanca y palmeras. En los personajes: el honesto John, detective y posible futuro alguacil del condado; la pragmática Meg, abogada comprometida con el compañero de trabajo de su hermano; el pequeño Kevin, el menor, el consentido, casado y fiestero. La calma, también, recubre el compromiso que reúne a los tres hermanos: el aniversario 45 del matrimonio de sus padres, protagonistas de la escena social de la isla.

Pero pronto empieza a descascararse la frágil tranquilidad de los Rayburn. Al evento, en un bus desde Miami, viene Danny, el cuarto y mayor de los hermanos, un personaje complejo como pocos, al tiempo inestable y manipulador, el residuo de un trauma infantil en el que todos participaron. Con él, con su llegada, una sombra se extiende sobre el paraíso artificial construido por un patriarca despiadado y su permisiva esposa. Y así, en cada capítulo, en un entrevero de celos, alcohol, recuerdos y resentimientos, Bloodline presenta con maestría a una familia de bien a punto de implosionar.

Desde el primer capítulo el público se entera del secreto de los Rayburn, uno que se materializa en el clímax de la primera temporada y cuyas consecuencias son el lastre que cargan los protagonistas en la segunda. Si bien los nuevos episodios no han sido acogidos con el mismo entusiasmo que los primeros por la crítica, sí mantienen dos de los componentes responsables del éxito de la serie de Netflix: las actuaciones y la exótica locación, explotada por una cinematografía al tiempo psicológica y amena, que sabe sacarle provecho a esa frase que se repiten los protagonistas, entre el desespero y el deseo de expiación: “no somos malas personas, pero hicimos una cosa mala”.

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