De la muerte del hombre

Libros

'Egobody' Robert Redeker. FCE / Luna Libros Foto: Arcadia
Sébastien Longhurst reseña 'Egobody' de Robert Redeker
Por: Sébastien Longhurst*22/04/2014 00:00:00

En el 2006, Robert Redeker publicó una columna en Le Figaro por la que fue amenazado de muerte. El artículo, que denuncia el peligro de la islamización del mundo occidental para la libertad de expresión, incendió la ira de foros islamistas en internet donde se publicaron hasta mapas para llegar a la casa del profesor de filosofía y castigarlo. Su escrito, casi premonitorio, desató también una polémica en Francia.

En Egobody, Redeker mantiene una estimulante tensión entre caricatura y lucidez, provocando al lector con dardos incómodos. Observador crítico, pinta los rasgos de los humanos de hoy, del “hombre planetario” que están forjando nuestras sociedades uniformizantes. Egobody, el hombre nuevo, es hijo del siglo xx y enterró al hombre antiguo, el de cuerpo y alma que era temeroso del Diablo y del pecado, el que fue actor de la historia, forjado por las grandes ideologías e utopías políticas de Platón y Marx. Egobody es un cuerpo sin otra alma que su mente racional, educado en la cultura de la competencia absoluta, preparado para explotar su potencial al máximo y triunfar sobre todos los demás. Solo le teme a la vejez y a la muerte, a las que esconde tras una fe ciega en sus nuevos dioses: el deporte, la farmacopea estética, el sexo, el consumo y el entretenimiento. Egobody es forjado por los espejos sin reflejo de la publicidad a los que se trata de parecer, y su única utopía es la del trabajo duro seguido por la diversión, que le trae una satisfacción eufórica y pasajera que confunde con la felicidad. Se comunica con el mundo por Facebook y MySpace, donde exhibe su vida privada para alimentar su narcisismo. Es un ser público, sin interioridad ni trascendencia, y su proliferación materialista arrasa y devasta el planeta.

Aferrados a nuestros teléfonos inteligentes, inundados de publicidad y obsesionados con nuestra egoísta “realización personal”, ¿no nos estaremos pareciendo cada vez más a Egobody? Convocando hábilmente la herencia milenaria del pensamiento filosófico, Redeker constata la acelerada desaparición de la diversidad humana en los cibercafés y en las vallas de L’Oreal, y suelta un refrescante grito de resistencia: “¡Estamos cansados!”. ¿Seremos capaces de oírlo?

 

* Periodista y traductor

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