Detengan ese tren

Crítica

Detengan ese tren
Mayuly Andrea Sora Romero reseña el libro de Geraldine McCaughrean, Detengan ese tren Fondo de Cultura Económica, 2004 270 páginas
Por: Mayuly Andrea Sora Romero15/03/2010 00:00:00

En los pliegues de cada página de este libro se esconden la tierra prometida, un pueblo en medio de la nada, un silbato que suena a los lejos, una iglesia sin párroco, una escuela en donde los niños aprenden a desplumar gallinas y a ensillar caballos pero no a leer ni escribir, unos días soleados y alegres con olor a pan fresco y un pueblo cuya única razón de vivir es detener el tren algún día, antes de que el tren los detenga a ellos. Al ser lanzada de las entrañas del tren, Cissy, la protagonista, no podía ni siquiera imaginarse una de todas las aventuras que viviría en las calles aún por construir del pueblo de Florence.

Cuando escribimos acerca de un libro utilizamos comúnmente la palabra narración para denominar la historia ofrecida en cada página, pero pocas veces reflexionamos acerca de todo lo que encierra esa palabra. En un ensayo titulado “El narrador”, el reconocido Walter Benjamin nos recuerda todas las cualidades de una verdadera narración y lo lejanas de ella que son las historias de nuestra época. Sin embargo, en esta sencilla historia, que nos cuenta el nacimiento de un pueblo, se logra rescatar esas cualidades posibles solo en las palabras ancestrales, llenas de la sabiduría que surgen de la tradición. Un lenguaje sencillo y poético acompaña un sinnúmero de vivencias con las que la escritora invita a los escuchas a llegar al fantasioso pueblo de Florence. Los personajes son tan bien delineados y sus aventuras tan reales que no cabe duda alguna de su existencia. Los ambientes son dibujados con la palabra exacta para hacerlos posibles.

Es una historia que encierra sabiduría, humor y emoción. Carece de ilustraciones, porque no le son necesarias, pues a través de la palabra las imágenes brotan con inimaginable plasticidad. Esta historia es un asomo epifánico de aquello que nos ha sido negado hace mucho tiempo: una verdadera y pura narración.

La escritora londinense Geraldine McCaughrean nació en 1952. Ha publicado más de cien libros por los que ha obtenido diferentes reconocimientos, entre ellos el Whitebread Children’s Award en 1987 y 1994, la Medalla Carnegie y el Guardian Children’s Fiction Award. McCaughrean también ha escrito varios libros para adultos

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