Emilio Lledó, un sabio donde reposa el tiempo

Libros

Emilio Lledó, Premio Nacional de las Letras 2014. Foto: Emilio Lledó
Filósofo, ensayista, académico, Emilio Lledó es el último resistente. Un gran defensor del libro, de la educación humanista, del lenguaje, la memoria y la amistad, unas cualidades que hoy se le han reconocido con la concesión del Premio Nacional de las Letras de España.
Por: Carmen Sigüenza18/11/2014 00:00:00

 

Un premio valioso, el más importante de los que se dan en España tras el Cervantes, que se suma a otros muchos que últimamente está recibiendo este lúcido y sabio pensador, nacido en Sevilla en 1927 y cuya vida ha cruzado los episodios más crudos del siglo XX, la Guerra Civil, el hambre de la posguerra, el franquismo, el exilio o el Berlín del muro.

Emilio Lledó salió de España en 1953 para estudiar en Heidelberg (Alemania), donde fue alumno de Hans-Georg Gadamer; después estuvo en Berlín hasta que en 1963 volvió con su mujer a una España gris, pero "con mucha ilusión", según reconocía en una entrevista.

Y volvió para dar clase y dedicarse a la educación, que es uno de los temas que más ha preocupado al filósofo y que ha sido la obsesión de su vida.

"Esa es mi obsesión -decía-, el planteamiento educativo. La función más importante es crear ciudadanos libres y críticos. Y el principio de una democracia es la defensa de lo público", recalcaba en una entrevista con motivo de la publicación de su libro Los libros y la libertad.

"De mis libros, de las bibliotecas que he frecuentado, aprendí el diálogo y la libertad de pensar. Durante siglos, fueron los libros los vencedores del carácter efímero de la vida. Por eso, también fueron tachados, prohibidos, quemados, por los profesionales de la ignorancia y la mentira", escribía en ese volumen.

"Pero siguen vivos -añadía-, tienen que seguir vivos, conservando la memoria y liberando y fomentando la inteligencia. Con algo de todo esto tiene que ver este libro".

Una defensa que, cual don Quijote, sigue ejerciendo por el mundo este infatigable creador de ojos azules y transparentes, de pasión casi juvenil, otra de las características que ennoblecen a este pensador, cuya casa madrileña está forrada literalmente de libros.

Pero Emilio Lledó, gran defensor de la belleza y la verdad, como ha sabido ver el jurado que ha fallado el premio hoy, también ha sido muy activo últimamente en su crítica con la situación actual y contra la corrupción.

"Vivimos un momento muy duro. Decir que nunca he vivido un tiempo así es tal vez exagerar. Porque en el franquismo pasé un hambre feroz: lo normal en aquel tiempo, si no eras estraperlista, oligarca o tramposo. Pero los que nos íbamos fuera teníamos esperanza. Hoy estamos en el territorio de la desesperanza, que es lo peor", señaló el académico.

"No hay que votar a los corruptos, y hay que luchar porque las humanidades no desaparezcan", recordaba este defensor de la memoria, al tiempo que decía que estaba a favor de la memoria histórica, porque "somos personas con memoria". "El mundo está fatal por la codicia y la ignorancia", sentía.

Una memoria que le lleva a Emilio Lledó a no olvidar nunca el olor a pólvora y muerte que le impregnó, cuando tenía nueve años, en plena Guerra Civil, testigo como los bombardeos de la Gran Vía madrileña junto a su padre.

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