¿Es esto lo que nos había prometido el mundo digital?

Periodismo cultural - Revista Arcadia

Mark Zuckerberg, el CEO de Facebook, habla delante del congreso de Estados Unidos. Crédito: Chip Somodevilla / Getty Images North America / AFP.
¿Para qué nos sirve el mundo digital? ARCADIA invita a preguntarse qué fue de la ilusión de progreso que anunció internet cuando nació y que parece ser ahora.
Por: Revista Arcadia17/04/2018 10:51:00

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Hace pocos días, la periodista alemana Laura Meschede publicó en Süddeutsche Zeitung Magazin el resultado de un trabajo de inmersión para conocer el interior de una de las empresas digitales más poderosas del mundo: Amazon. Solicitó un puesto de “clicworker” (así es: “trabajadora de clics”) y entró a trabajar en Mechanical Turk. Se trata de un plataforma de la firma de Jeff Bezos, en la cual gente como Meschede debe enganchar y poner a competir por pequeños encargos a cientos de miles de prestadores de servicios de todo el planeta. En especial, a gente que pueda editar textos, revisar traducciones, clasificar documentos o auditar contenidos. Pocas semanas después, la periodista publicó una pieza de periodismo gonzo para hablar de sus hallazgos. Su labor conllevaba una altísima presión física y psicológica, estaba sometida a una clara política de explotación y al final le dejó la sensación, según sus palabras, de “sentir(me) transportada a los tiempos de la revolución industrial”. “¿Es esto lo que nos había prometido el futuro?”, se pregunta en la presentación del reportaje.

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Hoy los habitantes del mundo, al menos del mundo conectado a internet, podrían hacerse una pregunta similar. Preguntarse, al contemplar con mirada crítica la influencia y el alcance de la tecnología digital en nuestra vida y nuestras sociedades, si el lugar en que vivimos es uno que vale la pena. Si el espacio que plataformas como Facebook han conquistado en nuestra rutina, nuestra vida emocional, nuestro comportamiento y nuestra forma de relacionarnos con los demás es de verdad nuestra meta como individuos y como sociedad. Y si vivir en un mundo interconectado es lo que buscamos como seres humanos, sobre todo si se consideran las consecuencias que ya tienen la descontrolada omnipresencia de las redes sociales y de internet, y su ímpetu salvajemente mercantilista y capitalista. Ímpetu, valga admitir, alimentado por nosotros mismos, los usuarios: necesitados de atención, impulsados muchas veces por el morbo y tremendamente solitarios en medio de cientos de amigos que nos perciben solo cuando damos like, cuando compartimos un post o cuando en la oscuridad del ciberespacio aparecemos con una lucecita que anuncia que estamos en línea.

(O cuando nos avasalla uno de esos escándalos que tan fácilmente pueden desatarse en internet y que tan fácilmente pueden acabar con una vida. En los días que precedieron al cierre de esta revista, el caricaturista Matador decidió retirarse de las redes sociales por amenazas de muerte, que recibió por esa misma vía).

Hay que poner en duda al mundo digital. Y hay que hacerlo porque no existe un camino distinto: no existe un mundo distinto. Con el tiempo ha venido quedando al desnudo la falsedad de la idea, muy común en la retórica periodística y académica del siglo XXI, de que hay un mundo real y uno virtual, y que este último es un lugar distinto, una pantalla que puede prenderse y apagarse para, así, volver siempre a ese lugar seguro que llamamos realidad: a sus calles, sus oficinas, sus hogares y sus personas de carne y hueso. Pero la división entre lo real y lo virtual es, al parecer, un espectro, e internet ha penetrado todos los poros del mundo (uno solo) en que vivimos. Una imagen actual y simbólica se dio el pasado 10 de abril, cuando el fundador y presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, compareció ante el Congreso de Estados Unidos. Lo interrogaron por el caso de trato indebido de información de al menos 87 millones de usuarios mediante una consultora fachada llamada Cambridge Analytica. “Señor Zuckerberg, ¿se sentiría cómodo compartiendo con nosotros el nombre del hotel en que se quedó anoche?”, le preguntó un senador. Entre titubeos, muecas torpes y risitas nerviosas, la respuesta fue: “Eeeh… no”.

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Por todo esto, a partir de hoy, ARCADIA invita a sus lectores a hacer la labor de plantearse con nosotros la pregunta de para qué nos sirve el mundo digital. Preguntarnos qué fue de la ilusión de progreso que anunció internet cuando nació y que pareció reconfirmar el surgimiento de las redes sociales. E intentar saber qué podemos hacer ahora que empieza a romperse esa perspectiva de futuro que por un instante prometió el mundo digital. Huir, por ejemplo, de Facebook ya prueba ser inútil. Como mostró recientemente The New York Times, la mayoría de quienes cierran su cuenta en allí por sentirse “frustrados” terminan abriendo una en Instagram, donde se sienten “mejor”, pero igualmente “adictos”. La solución, creemos, debe estar en el debate y en la crítica, pero también en la curiosidad. Por ello inauguramos en esta edición una nueva sección, Mutantes Digitales. Allí ustedes, queridos lectores, encontrarán todos los meses piezas periodísticas sobre nuestra vida en el mundo digital. La estrenamos con una pieza de Carlos Cortés sobre Cambridge Analytica y una de Joseph Avski sobre máquinas que escriben.

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