“Hoy todos quieren distribuir sus ‘selfies’ alrededor del mundo”

Arte

Boris Groys nació en Berlín del Este en 1947. Foto: Boris Groys
El alemán Boris Groys es uno de los pensadores más importantes de la actualidad. De paso por Bogotá para participar en la XVIII Cátedra Internacional Luis Ángel Arango, que se lleva a cabo este 6 y 7 de octubre, aprovechamos para hablar con él.
Por: Revistaarcadia.com06/10/2016 10:50:00

Boris Groys es un filósofo, ensayista, crítico de arte y experto en arte y literatura de la Unión Soviética y la Rusia actual. El trabajo del alemán, que vive desde los años ochenta en Rusia, se enfoca en el arte moderno y contemporáneo, así como en la modernidad, la posmodernidad y la cuestión del sujeto. Entre sus libros, en los que dialoga constantemente con otros filósofos contemporáneos como Derrida y Baudrillard, cabe destacar: Bajo sospecha: una fenomenología de los medios, Obra de arte total Stalin, Política de la inmortalidad: cuatro conversaciones con Thomas Knoefel y Sobre lo nuevo: ensayo de una economía cultural.

En este momento se encuentra en Bogotá asistiendo como invitado especial a la XVIII Cátedra Internacional Luis Ángel Arango.

Usted ha dicho que hoy todo el mundo es un artista, que hemos perdido nuestra capacidad de contemplación, también nuestra curiosidad natural. ¿A qué se refiere exactamente con eso?

Hoy todos queremos que la gente escuche nuestra voz, queremos distribuir nuestras selfies alrededor del mundo. Así que ya no tenemos mucho tiempo para observar lo que está haciendo otra gente.

El arte contemporáneo está atrapado en medio de la constante tensión entre el valor del mercado y la producción como tal. ¿Qué se puede decir sobre una época en la que el arte pareciera, más que nunca, una mercancía?

El arte es una mercancía, pero es un tipo de mercancía muy específico. Las mercancías normales desaparecen después de ser consumidas (el pan se come, la ropa se desgasta), pero el arte es indiferente a su consumo, pues solo se mira. Más allá de eso, hay muchas maneras no comerciales de distribuir arte: museos, exhibiciones sin ánimo de lucro, internet.

Si el lenguaje es la única cosa que en en este momento no es global, ¿qué función tiene la literatura, si es que tiene una?

La circulación de la literatura es mucho más lenta que la del arte. Se puede ver como una deficiencia, pero también como una oportunidad. La lentitud permite una articulación más cuidadosa y articulada.

Usted es un lector ávido de Walter Benjamin. ¿Qué nos podría decir el sobre la época en que vivimos?

De hecho, no creo que nuestra época sea muy distinta a la de Benjamin. Todavía vivimos en la época de la reproductibilidad- Y todavía estamos buscando un aura profana.

A la hora de hablar de arte hay, o pareciera haber, una desconexión entre el lenguaje empleado por expertos y el lenguaje que utiliza el hombre lego. ¿Cree que sí existe esa brecha? ¿El arte tiene la capacidad de expresarse sin la necesidad de estar envuelta por un discurso?

Yo no creo que el discurso “envuelva” al arte. De hecho, el discurso siempre ha estado y continúa estando en el núcleo del arte. El arte religioso ilustraba la teología cristiana. El arte que apareció después del Renacimiento ilustraba el discurso humanista. El arte nunca fue evidente en sí. Siempre fue ilustrativo, de una manera abierta o discreta. El arte moderno y contemporáneo también demuestran ciertos discursos sobre la tecnología, el inconsciente, el transhumanismo, etc. En realidad, la gente lega utiliza ese mismo discurso en su cotidianidad: se perciben a sí mismos como animales frustrados o como máquinas exitosas. Así que no veo ninguna desconexión.

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