Joumana Haddad: el día del terremoto

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Joumana Haddad, escritora libanesa Foto: Arcadia
Por: RevistaArcadia.com26/02/2014 00:00:00

“In principio erat verbum”: En el principio había una palabra. Una palabra en un poema. Una palabra en un poema en el aula de clases en una terrible ciudad llamada Beirut. El poema era del surrealista francés Paul Éluard y al oírlo por primera vez, la niña sentada en el extremo izquierdo de la primera fila junto a la vidriera protegida por sacos de arena –para resguardar a los estudiantes de francotiradores y esquirlas–, pensaba que de pronto un terremoto había sacudido el país.

Sobre mis cuadernos de clases

sobre mi pupitre y sobre los árboles

sobre la arena y la nieve

escribo tu nombre

La voz de la maestra era dulce como de costumbre, pero resonaba como un trueno. La niña miró a su alrededor: ninguna parte del techo se había desprendido, sillas y pupitres estaban en su sitio, los libros en las estanterías seguían en perfecto orden, y sus compañeras de clase parecían tranquilas, atentas. No hubo terremoto. Al menos no afuera.

Sobre el cristal de las sorpresas

sobre labios que aguardan

por encima del silencio

escribo tu nombre

Difícilmente podía percatarse de que su corazón latía en su pecho como un perro rabioso, y que la sangre subía a sus mejillas sonrojadas: nada importaba; nada existía fuera del mágico torrente de luz y esperanza que emanaba desde la laringe de la maestra Norma hacia la vida de la niña.

Sobre mis refugios destruidos

sobre mis faros abatidos

sobre los muros de mi hastío

escribo tu nombre

Eso era lo que ella quería, más de eso, una infinita cantidad de eso; recibir eso, y darlo también. Al menos, intentar.

Por el poder de la palabra

rehago mi vida

¿Quién ha dicho que el proceso de fecundación no puede determinarse con exactitud, hasta el instante más preciso? Ese mismo instante la niña Joumana supo que sería escritora.

En el principio había una palabra; una palabra que salvó a una niña de la asfixia; una palabra que la salvó entera; la misma palabra que le enseñó a soñar y a gritar, en su corazón y en el papel; la misma palabra que ahora está tatuada en caracteres árabes sobre el brazo derecho de la mujer en que se ha convertido; la misma palabra que la ayuda a levantarse cada vez que tropieza y cae de rodillas; la misma palabra que estará esperando justo al final del viaje, luminosa como algo que jamás se termina de descubrir. Porque como Éluard, y mucha otra gente del mundo árabe y sobre la faz de la tierra, esa niña es un ser humano que había “Nacido para conocerte / y para nombrarte: / Libertad.”

Fragmento tomado de Supermán es árabe, escogido por la autora para esta publicación.

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