Juan Manuel Roca: en tren al poema

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El escritor y poeta Juan Manuel Roca, autor de 'Cantar de lejanía. Antología personal' Foto: Arcadia
Por: RevistaArcadia.com26/02/2014 00:00:00

Imaginación, mi niño.
René Char
 

No sé si esto que señalaré detonó mi posterior vocación de escritor, pero cuando lo recuerdo creo que esa insatisfacción con la realidad a lo mejor pudo señalarme, para bien y para mal, el camino a la escritura.

Siendo un niño, cuando vivía en Medellín, algunas pocas pero memorables veces viajé en tren con mi parentela hasta Cisneros, un pueblo caluroso al que regresé años después en mi febril adolescencia para comprobar que seguía oliendo a rebanadas de piña y alquitrán.

Cuando ocasionalmente volvía a pasar en bus frente a la estación del ferrocarril en el corazón del viejo barrio Guayaquil, en cercanía de la plaza de mercado de El Pedrero, yo imaginaba que esa era una gran casona donde ocurrían paisajes.

Pensaba que uno entraba a esa bella estación como se entraba en un cine y entonces empezaban a ocurrir puentes, charcos, caballos, nubes, humo, pastizales, platanares, fondas, postes de telégrafo y hasta otros trenes ruidosos y fugaces.

Creer que ese bello edificio ferroviario en vez de una “estación del tren” era “una casa donde ocurrían paisajes”, pudo haber sido la primera y vieja manía que desde entonces me acompaña: no llamar las cosas por su nombre para buscarle más patas al gato, algo que quizá sea un recurso natural parecido a la poesía.

Si lo pienso bien, esta manía no tiene nada que ver con el duende que visitaba a menudo a Federico García Lorca o con un demonio como el que auxilió a Alloysius Bertrandt o con un ángel consueta como el que acompañaba a Rilke. Lo mío es más prosaico: es como tener una especie de musa estrábica que de vez en cuando me invita a mirar de reojo lo que llamamos pomposamente “la realidad”.

La verdad, mi ya envejecida infancia aún no se baja de ese furgón del tren. Yo quisiera que tampoco lo hiciera lo que me quede de imaginación.

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