Ladrones y policías: una columna de Antonio Caballero

Periodismo cultural - Revista Arcadia

Antonio Caballero
"Es una foto del CTI, Centro Técnico de Investigación de la Fiscalía, que refleja lo que es el CTI: borroso, desenfocado, obeso (le sobran agentes), opaco en sus informaciones y antiestético en sus manifestaciones". Antonio Caballero comenta una foto de unos agentes del CTI de la Fiscalía durante una captura.
Por: Antonio Caballero22/08/2018 11:57:00

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Foto: Fiscalía.

¿Cuántos miles, cuántas decenas de miles de agentes del CTI de la Fiscalía hay en este país? En esta foto vemos a doce o trece. Llevan a cuatro o cinco capturados (el pie de foto habla de seis), presuntos asesinos de otros tres agentes del CTI en Tumaco. ¿A cuántos miles de presuntos asesinos capturan cada año los agentes del CTI? ¿A cuántos miles de presuntos responsables de otros delitos? ¿Y a cuantos miles de delincuentes, presuntos o convictos, sueltan a continuación los jueces de garantías, con razón o sin ella? Pero son más los delincuentes –incluyendo a muchos agentes del CTI–. Es una muy mala foto (es del propio CTI): borrosa, mal enfocada, sin ninguna virtud informativa ni estética. A la mujer obesa del primer plano no le entra bien en la cabeza el casco de guerra que últimamente les ponen a los presos, a la derecha, más atrás, otra mujer empuña un móvil, o tal vez dos.

Es una foto del CTI, Centro Técnico de Investigación de la Fiscalía, que refleja lo que es el CTI: borroso, desenfocado, obeso (le sobran agentes), opaco en sus informaciones y antiestético en sus manifestaciones. ¿Y qué hace la rubia de la derecha, que habla por su celular, y que ni está capturada ni lleva uniforme del CTI? ¿Está grabando la escena? ¿Es una espía? ¿Una hacker, como hay hoy tantos?

No se deduce del pie de foto ni del artículo que la acompaña en dónde ocurre la escena. ¿En Tumaco, donde fueron capturados los detenidos? ¿En Pasto, a cuya cárcel fueron enviados? Todos visten de azul sobre un damero de cemento y ladrillo. Los omnipresentes agentes del CTI se visten igual, de uniforme, en todo el territorio de la república. Y como ellos suele vestir también –advierte el periódico– la obesa cómplice del Guacho que ustedes pueden ver aquí. ¡Cuánta plata gasta este país en uniformes, en falsificación de uniformes, en uniformes de combate que cada año cambian de modelo: manchados, pixelados, pintorroteados de selva o a veces de desierto, por si acaso a los soldados los mandan al Sinaí o a la Tatacoa! Y ahora que entramos en la Otan y podremos tener el honor de tomar parte en las guerras de los países grandes los habrá también camuflados de nieve. Porque en Corea del Norte nieva en invierno, ¿no?

Y eso que ya salimos de una parte del conflicto armado internola referida a la guerilla de las Farc. De ella quedan, sin embargo, flecos deshilachados, uno de los cuales es el que esta foto ilustra: el de las disidencias. En este caso la encabezada por el llamado “Guacho”, para quien trabajaban por lo visto la señora obesa del casco mal encajado y sus cómplices. Y hay más. No solo disidencias regionales, sino la guerrilla entera del ELN, a la que el nuevo presidente Iván Duque le ha endurecido las condiciones para proseguir las conversaciones de paz, en un proceso que parece agonizante; y además las tautológicamente bautizadas como “bacrim”, o bandas criminales, que son el remanente de otra fallida negociación, que fue la del gobierno de Álvaro Uribe con las autodefensas paramilitares.

Todos esos grupos violentos se alimentan del negocio de las drogas prohibidas. Todo en Colombia acaba desembocando en el negocio de la droga, que es el gran alimentador de las cosas malas y de las buenas, de la criminalidad y de la corrupción por un lado y de la creación de empleo por el otro. De la droga comen la señora obesa del casco y los dos agentes que la llevan presa. Pues la criminalidad sigue siendo, en gran parte, como han venido sosteniendo los analistas que no se empeñan en cerrar los ojos por razones ideológicas, desempleo armado. Necesidad, y no solo maldad. Y son también desempleo armado la prevención y el castigo de la criminalidad. En la misma fuente del rebusque nacen los agentes del cti y los asesinos de los agentes del cti. Todos estos personajes vestidos de azul que vemos en la fotografía, los presos de un lado y sus captores del otro, son producto armado del desempleo. El delito existe para suplir el empleo formal inexistente.

Pero las autoridades no quieren darse cuenta.

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