Mauricio Sáenz comenta 'La paz olvidada' de Robert A. Karl

Periodismo cultural - Revista Arcadia

'La paz olvidada' de Robert A. Karl
"Karl recoge los conceptos de país nacional y país político, enunciados por Gaitán para subrayar la brecha entre la población y sus dirigentes, y añade uno nuevo: el país letrado".
Por: Mauricio Sáenz22/08/2018 11:57:00

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En 1945, cuando el liberal Alberto Lleras Camargo asumía el poder en Colombia por primera vez, tras la renuncia de Alfonso López Pumarejo, los campesinos de algunas regiones se mataban a machetazos por el color de su bandera política. Tras el triunfo conservador de 1946, el baño de sangre aumentó con el asesinato de Gaitán. El catalizador llegó con la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, impuesta por el Partido Liberal y algunas facciones conservadoras, que pareció poner en pausa las matanzas, pero se desnaturalizó cuando el militar pensó en perpetuarse en el poder.

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El historiador norteamericano Robert A. Karl enfoca La paz olvidada en los años que precedieron y siguieron a la caída de Rojas, en 1957. Y centra su mirada en Lleras, el intelectual cosmopolita que acordó el Frente Nacional con los conservadores de Laureano Gómez, y que, ya como primer presidente de ese pacto, impulsó una política dirigida a conseguir una “convivencia” a la colombiana. Karl narra cómo a partir del 10 de mayo de ese año los colombianos se ilusionaron con su democracia y apoyaron ese esfuerzo por la paz. La Junta Militar que sustituyó a Rojas creó la Comisión Investigadora Nacional de las Causas de la Violencia, integrada, entre otros, por Otto Morales Benítez, el padre Germán Guzmán Campos y dos generales. La Comisión viajó por las zonas de mayor conflictividad, entrevistó a los bandoleros y sentó las bases de diálogos regionales que lograron resultados sorprendentes. Esa “paz criolla” consistía en “soluciones caseras e improvisadas, adaptadas a las circunstancias locales” y ajenas a experiencias de otras latitudes.

Para 1958, el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC) reportaba el silencio de los fusiles mientras centenares de desplazados regresaban a sus hogares. Entre ellos, un taciturno joven caldense, Pedro Antonio Marín, un liberal convertido en “sucio” (comunista), que suscribió con varios camaradas un manifiesto según el cual “no estamos interesados en luchas armadas y estamos dispuestos a colaborar (…) con la empresa de pacificación que se ha dispuesto adelantar el gobierno del doctor Alberto Lleras Camargo”.

Karl recoge los conceptos de país nacional y país político, enunciados por Gaitán para subrayar la brecha entre la población y sus dirigentes, y añade uno nuevo: el país letrado.

En efecto, ya desde Rojas los colombianos comenzaron a preguntarse por su realidad y el gobierno invitó al dominico francés Louis-Joseph Lebret, famoso investigador social. Su diagnóstico atribuía el subdesarrollo, entre otras causas, al “egoísmo hermético” de la clase dominante, por lo que el gobierno lo archivó. Sin embargo, se convirtió en un antecedente del surgimiento de la sociología en Colombia, de la mano de su virtual fundador en el país, Orlando Fals Borda. Este, junto con Guzmán Campos y el abogado Eduardo Umaña Luna, recogió los archivos de la Comisión, los complementó y publicó, en 1962, el libro La Violencia en Colombia, que causó un revuelo enorme. Hasta entonces nadie había descrito en forma tan descarnada las atrocidades, ni analizado sus múltiples génesis, ni, sobre todo, había atribuido sus causas. Al entrar en conflicto con la narrativa de los conservadores, estos, socios clave del Frente Nacional, agudizaron su escepticismo beligerante. A varios sectores les parecían escandalosas las facilidades que el gobierno ofrecía a los exjefes del bandolerismo en su proceso de rehabilitación, y la “paz criolla” comenzó a marchitarse.

La alternación pactada en el Frente Nacional llevó al poder al conservador Guillermo León Valencia, un presidente evidentemente limitado que representaba la antítesis de Lleras, y la paz criolla se convirtió en la paz olvidada. El mito de las repúblicas comunistas independientes, impulsado por Álvaro Gómez Hurtado, justificó las acciones militares. Y el resto es historia.

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