Muchas pesadillas

Libros

'La casa de hojas' Mark Z. Danielewski. Pálido Fuego / Alpha Foto: Arcadia
César Mackenzie reseña 'La casa de hojas' de Mark Z. Danielewski
Por: César Mackenzie*22/04/2014 00:00:00
Johnny Truant, residente en Hollywood, es un hombre bueno y ejemplar: aprendiz en un salón de tatuajes, bebe bourbon todo el día, duerme en los sofás de sus amigos –yonquis con pitbulls-, se enamora de una stripper, cumple con su cuota diaria de THC “y de bastantes miembros de la familia del barbital” -sin olvidar la cocaína, por supuesto-, hace tríos y orgías y, lo mejor, es que, en una madrugada, saquea el apartamento de un anciano que acababa de morir. El tipo de ochenta años, que los policías encontraron muerto, hacía llamarse Zampanò, era ciego y guardaba en un baúl negro El expediente Navidson, que Truant llama “el espantoso descubrimiento”: páginas y páginas escritas de formas insospechadas. Truant cuenta que, aún sin tocarlo, sintió “algo horroroso en sus proporciones, en su silencio, en su quietud”.

Así que el aprendiz de tatuador se lleva el Expediente con él. Lee el libro de Zampanò y empieza a sentirse extrañamente perturbado por lo que en él encuentra: se trata de un extraño ensayo escrito por Zampanò sobre El expediente Navidson, documental experimental que “cuenta” la historia de la terrorífica casa a la que llega a vivir con su familia el foto periodista Will Navidson y en donde las cosas no andan para nada dentro de los límites de lo normal. Empiezan a pasar cosas extrañas en la vida de Truant, quien se vuelca por completo a la lectura del mamotreto y se hace su editor. Investiga, ordena los textos, y, sobre todo, pone pies de página, algunos muy inteligentes –como cuando, a propósito de una equivocación de Zampanò, explica: “Ni puta idea”. Y, sin saber cuándo, la aterradora historia del Expediente y el libro en sí se van apoderando, poco a poco, de su voluntad.

Esto ocurre en La casa de hojas, la primera novela de Mark Z. Danielewski (1966, Nueva York) que ha sido elogiada por la crítica. Su apuesta visual es asombrosa, genial y de rigurosa inteligencia, pues la enloquecedora y sombría trama se mueve al ritmo del diseño gráfico de la página: el lector puede ver el silencio y el suspenso. Es una experiencia literaria a otro nivel, que se burla de todo, satírica y entretenida de comienzo a fin; y no se cansa uno de preguntarse cómo imaginó el autor este perfecto engranaje de terror literario. Ni cuántas pesadillas lo atormentaron.

 

* Literato

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