Pablo Ramos: los días del sol

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Pablo Ramos, escritor argentino Foto: Arcadia
Por: RevistaArcadia.com26/02/2014 00:00:00

A mi abuelo Ramón Ramos le decíamos Pocho. Mi abuelo era cantor de tangos. Cantaba en clubes porteños de barrio de jueves a sábados por la noche, y el resto de los días era colectivo, o chofer de corta distancia, como a él le gustaba llamarse. En el colectivo también cantaba, a capela, y la gente, que ya lo conocía, le pedía sus tangos preferidos. Cuando mi abuelo enfermó y se fue haciendo un poco más grande, perdió su licencia de conducir, al tiempo perdió casi toda la voz de cantor. O sea, podía hablar, medio ronco, pero no podía cantar en el registro que a él le gustaba y que lo llenaba de orgullo. Mi abuelo entró en una profunda depresión.

Fue para ese entonces que llegó al barrio el circo de un primo de mi mamá, la hija de Pocho. Y él trabajó con ellos, hizo de mesero, de payaso, de vendedor de pochoclos y muchas cosas más. Volvió a vivir, la gente lo hacía volver a vivir. Y al irse el circo el primo de mi mamá le regaló el CARRITO DE LOS POCHOCLOS.

Desde ese día mi abuelo vendió pochoclos de jueves a domingo en la plaza del barrio.

Una tarde en la cual yo volvía de dos o tres días de alcohol, y un poco endurecido de drogas, un día de garúa y terrible viento que parecía se iba a llevar todo, lo veo por la ventanilla del colectivo, intentando encender el fuego de la hornalla del carrito, en la plaza. Me compongo, bajo y se da este diálogo:

– ¿Qué hacés, Pocho?

– Pochoclo.

– ¿Estás loco? ¿Un día como hoy? Si no va a venir ni un pibe a la plaza.

– El hombre del pochoclo hace pochoclo –me dijo mi abuelo y yo me callé y me dediqué a cebarle unos mates.

Un año después se moría, yo lo iba a visitar con mi novia Lula y tras haberse despedido de todos pide quedarse solo conmigo y se da este diálogo:

– ¿Y? –me dice–. ¿Entendiste lo que te dije aquella vez, en la plaza?

– Sí –le contesté.

– A ver.

Cerraba justo los ojos para siempre

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