¿Para qué sirven los lugares de la memoria?

Columnas

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Las batallas de la memoria no terminan con la conquista de espacios. Vienen después conflictos sobre a quién le pertenece la memoria, quién tiene la mejor manera de representarlas.
Por: Katherine Hite*Estados Unidos23/09/2014 00:00:00

En los últimos años hemos visto una gran proliferación de lugares de memoria y, con ellos, una serie de debates y resultados inesperados. Las batallas de la memoria no terminan con la conquista de espacios. Vienen después conflictos sobre a quién le pertenece la memoria, quién tiene la mejor manera de representarlas. Como politóloga, creo que este tipo de conflicto, si es pacífico, es saludable para una democracia y que los lugares de la memoria pueden crear diálogos entre los que no han dialogado. La posibilidad de representar las múltiples narrativas, con todas sus contradicciones y tensiones, es muy importante.

 Por otra parte, tengo que reconocer que es una cosa decir todo esto en términos abstractos, y otra aceptar las representaciones oficiales que evitan o niegan dimensiones cruciales de una tragedia, como es el caso del Museo de 9/11 de mi país, que hace poco se abrió al público. Hay tantos silencios, incoherencias, confusiones. Dicen que es un museo de reparación, hecho para reconocer a todas las víctimas de las Torres Gemelas y a los que respondieron al desastre inmediatamente. Pero también sabemos que hay distintas organizaciones de familiares de víctimas, de distintas posiciones políticas, que condenan en términos absolutistas a todos los musulmanes.

  Los museos de la memoria representan la profunda posibilidad de los encuentros adentro y alrededor de estos espacios, la posibilidad de descubrir, de debatir, de intentar comprender de una manera muy poderosa las luchas, las violencias, las complejidades y la absoluta riqueza de lo que constituyen nuestras sociedades.

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