¿Qué opina del exceso de lugares comunes de los narradores colombianos de fútbol?

Dos preguntas

Natalia Guerrero, periodista. Trabaja con BBC Mundo en Miami.
Contestan Natalia Guerrero y Santiago Rivas
Por: revistaarcadia.com23/07/2014 00:00:00
¿Qué opina del exceso de lugares comunes de los narradores colombianos de fútbol?
Natalia Guerrero:

En un estilo de narración en el que los comentaristas no dejan de hablar durante los 90 minutos de un partido de fútbol, es fácil resultar azotado con despropósitos idiomáticos como la “desinteligencia del jugador”, la “humanidad del futbolista” o la “venganza en cuero ajeno”. Los tipos dicen lo que se les cruza por la cabeza sin importar si discriminan o hieren a alguien. Así como he oído a narradores colombianos comentar entre risas la “diarrea de Nairo Quintana”, he visto a otros acabar en un par de frases con la integridad de buenos futbolistas. Los narradores deportivos en Colombia deberían construir un marco ético más sólido. Pero sobre todo, deberían dejar de imponerse como los protagonistas de los eventos. Respeto la dedicación de la mayoría de los comentaristas pero urge una renovación de estilo y de nombres.

Santiago Rivas:

El problema de los lugares comunes es que se convierten en nuestros referentes a la hora de pensar en fútbol. Todos los locutores son la copia de la copia de la copia. Puede que cada uno tenga su frase particular, pero el estilo es el mismo, tratando de adornarse, como si el don de la palabra fuera saberse muchas y botarlas en el menor tiempo posible y no decir las cosas para que la gente las entienda. No es solo una cosa colombiana, es una costumbre que copiamos de Brasil, donde hablan rápido y tienen sus expresiones, de las que están orgullosos, porque no se complican ni son barrocos, no hay pose en su forma de hacerlo. Nosotros también deberíamos estar orgullosos de nuestro talento con la palabra, porque a veces las imágenes que salen son grandes albures; pero también, muchas veces, son lugares comunes mediocres, reflejo de esa horrible costumbre nuestra de hablar mucho y decir muy poco.

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