‘Un Chéjov’: el cuerpo inadaptado

Festival de teatro 2016

En escena: Edwin Vargas, Yovanny Martínez y Santiago Londoño
La compañía Cortocinesis interpreta y adapta el monólogo ‘Sobre el daño que hace el tabaco’ del dramaturgo ruso a partir del teatro físico y la danza contemporánea.
Por: Laura Martínez Duque22/03/2016 17:29:00

La obra comienza sin que nadie lo note. Un hombre se cuela entre el público que está esperando para ingresar a la sala y muchos no reparan en la mirada evidentemente turbada del actor y en sus ademanes erráticos, hasta que éste comienza a pasearse moviendo objetos y tratando de introducir su cuerpo entre los anaqueles que sostienen los libros del pequeño café del teatro.

Finalmente, Iván –así se llama el protagonista– empieza su discurso. Obligado por su esposa, se dispone a dar una conferencia sobre el daño que hace el tabaco, pues él mismo es un fumador empedernido. La charla nunca avanza y el personaje se pierde en los desvaríos de un monólogo cada vez más incoherente que revela otra historia, la suya, la de un matrimonio de infelicidad y maltrato que lleva 33 años.

La obra continúa con un desplazamiento constante por todos los espacios del teatro. El público debe seguir las indicaciones, acomodarse como pueda, levantarse e ir de un cuarto al otro. Aparecen dos personajes más, dos hombres que encarnan un desdoblamiento del protagonista. Son la voz y el cuerpo de la psicosis de Iván.

Rápidamente se establece un diálogo que comienza a hilvanarse a través del cuerpo de los actores y de su interacción con el lugar. Los tres personajes representan a un único hombre pusilánime, maltratado por su esposa y entre todos intentan comunicarse moviéndose, trepando y reptando por cada espacio del teatro, siendo uno y varios al mismo tiempo.

La adaptación del monólogo es una puesta en escena que alude al teatro físico por el uso del cuerpo como elemento narrativo y dramático, como discurso sobre la locura y la psicosis. Los cuartos y pasillos del teatro La Maldita Vanidad entonces fungen como estructuras que logran poner en crisis al personaje múltiple y también al espectador, que no logra acomodarse demasiado tiempo en ningún lugar.

El protagonista se encuentra encerrado en un espacio que lo consume, lo aliena y lo tortura. Ese espacio escénico, por la forma en que está aprovechado,  representa la casa que Iván comparte con su esposa, pero también recrea el interior de una mente enferma. Y el espectador, constantemente acosado e interpelado por los actores, se siente entre las paredes de una institución psiquiátrica.

La compañía colombiana Cortocinesis hizo parte de la convocatoria Mirada Paralela de La Maldita Vanidad en la que cuatro grupos de artes escénicas se citaron para elaborar nuevas formas de poner en escena a Antón Chéjov. La directora de Un Chéjov, Ángela Bello, respetó casi en su totalidad la obra original escrita en 1886. La adaptación responde más a la fragmentación y el desplazamiento del texto hacia el cuerpo de los actores.

Más que representar los efectos de la abstinencia por el tabaco, Un Chéjov se alza como un relato corporal sobre la alienación y la locura que resulta del maltrato emocional o la desdicha. Las lecturas posibles son múltiples gracias a la liberación del texto y a ese cuerpo puesto en escena que incomoda e interpela.

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