‘White Girl’: drogas, promiscuidad y descontrol

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Leah (Morgan Saylor) y Blue (Brian Marc). Foto: White Girl
La ópera prima de Elizabeth Wood regresa al desenfreno neoyorquino que en su momento presentó ‘Kids’ (1995) para contar la historia de una estudiante universitaria que se sumerge en un coctel de cocaína y sexo.
Por: Christopher Tibble19/07/2016 12:19:00

La película Kids convulsionó al mundo del cine cuando salió en 1995. Con un diálogo enérgico y un reparto amateur, adentró al público en un espiral libidinal de drogas, alcohol y VIH, a un mundo donde adolescentes violaban, niños de 13 años se drogaban y cualquier dimensión moral desaparecía en un remolino de excesos. El objetivo era, según su director Larry Clarke, “hacer la Gran Película Adolescente Americana”.

Pues bien, dos décadas después, Kids parece haber encontrado un digno heredero. En el marco de IndieBo, y antes de su estreno en Estados Unidos, se proyectó en salas bogotanas White Girl, la ópera prima de Elizabeth Wood. Aunque no se trata sobre adolescentes, y la atraviesa una historia de amor, la película sí tiene elementos en común con el polémico largometraje noventero: además de transcurrir en Nueva York, gira en torno a las drogas, la promiscuidad y el descontrol.

Leah (Morgan Saylor), la protagonista, es una estudiante universitaria de Oklahoma City que se muda con su mejor amiga a un barrio latino en Queens. Es verano y faltan dos semanas para el inicio de clases. Allí conoce a Blue (Brian Marc), un dealer que trafica drogas en la esquina de su casa. Su amistad pronto se torna romántica. Al mismo tiempo, Leah conoce a su jefe, el director de una revista, con quien se dedica -entre otras cosas- a oler cantidades copiosas de cocaína.

Leah, terca y vulnerable, se sumerge con facilidad en el hedonismo. “Me encantan las drogas”, ríe mientras un día se fuma un porro con sus vecinos latinos. Pero su nueva vida no tarda en convertirse en una pesadilla. Un día, tras acompañar a su novio a comprar un kilo de coca, la policía lo arresta. La droga, sin embargo, queda en manos de ella. Surge entonces, en sus ojos desorbitados, en sus manos trémulas, la encrucijada: ¿devolver la droga para salvar a Blue o quedarse con ella?

La primera película de Elizabeth Wood es un retrato descarnado y brutal sobre las posibilidades del exceso. Pero también trata, en medio del coctel de estupefacientes y promiscuidad, temas como las relaciones raciales en Nueva York (y en Estados Unidos) y la corrupción del sistema legal. Todo, además, envuelto en una serie de decisiones estéticas que realzan el drama de la protagonista: la directora opta por constantemente acercar la cámara a los rostros de los actores, y en esos primeros planos a menudo estáticos y de soslayo, Wood logra acentuar el vínculo entre el público y Leah. La decisión por momentos genera desconcierto, pero también empatía. Pues Leah, a diferencia de los niños de Kids, por momentos sí parece víctima de su propia vulnerabilidad.

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