La exposición ‘El joven maestro. Botero, obra temprana (1948 - 1963)‘ estará en exhibición hasta el 28 de octubre de 2018. La exposición ‘El joven maestro. Botero, obra temprana (1948 - 1963)‘ estará en exhibición hasta el 28 de octubre de 2018.

Botero, antes de fervientes o escépticos

Nuestra columnista Ángela Carmona propone algunas claves para acercarse a 'El joven maestro. Botero, obra temprana (1948 - 1963)', la más reciente exposición del Museo Nacional.

2018/08/08

Por Ángela Carmona

Toda obra temprana guarda un secreto escondido.

Toda obra temprana delata un camino elegido.

Toda obra temprana contiene el motor que encendió una búsqueda.

Hoy me aventuro a escribir sobre Botero. Antes de criticarlo o halagarlo, espero con ansias su exposición, que se extenderá hasta el 28 de octubre en la sala temporal del Museo Nacional de Colombia. Curada por el historiador Christian Padilla y organizada en tres secciones con largos y atractivos nombres —“El Giotto es mucho mejor que Playboy”, “Solamente Hércules o Sansón podrían alzar la mandolina” y “Botero NO triunfó en Nueva York”—, el pintor más afamado de nuestro país estará presente y tendremos la oportunidad de valorar la búsqueda que emprendió para encontrar su estilo desde 1948 hasta 1963.

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Botero no siempre fue Botero. Ese mundo propio, donde redefinió la belleza —que para algunos dejó de ser sorpresivo y se convirtió en una formula repetida—, surge como un grato descubrimiento en uno de los cuadros presentes en la exposición, Contrapunto, que contiene los cambios inesperados de la escala, el desorden al modelo impuesto al bodegón milimétrico. También contiene una exuberancia gozosa tanto en la forma como en la elección del color: el deseo de tocar por parte del creador, va guiando el camino ante una deformación necesaria, escenas costumbristas o naturalezas muertas que ganan peso, un estilo que seduce la vista. Pero necesitamos unos ojos bien limpios para recorrer con libertad esas formas suntuosas cargadas de sensualidad, para disfrutar de ese mundo redondeado, de una realidad tropical aumentada, del goce de América Latina donde la humedad sofoca, pero hace que todo brote. Un Bodegón con Mandolina que crece de manera inesperada.

‘Bodegón con mandolina‘ (1957). Fernando Botero.

La violencia puede ser, sin embargo, ese secreto escondido: tanto en el trazo como en la dificultad del tema. Más allá de todas las exposiciones y esculturas regadas por el mundo entero, Botero propone una lectura de la cultura dominante y la hibridación. El perfeccionamiento de su estilo pone en evidencia, además, las reflexiones que su obra hace sobre la pintura. Desde sus inicios de se aprecia a ironía y la crítica mordaz, al igual que el trazo rápido y feroz que combina pigmentos sin ningún temor. Y es que antes del estilo debe existir un palpito, un fuego que no le tema a derribar las puertas como La camera degli sposi (Homenaje a Mantegna) de 1958 con sus personajes apañuscados y el lila dominante, premiada en el XI Salón Nacional de Artistas, es una de las obras de gran formato que está siendo exhibida por primera vez en Colombia tras largas negociaciones con el Hirshhorn Museum de Washington.

‘Camera Degli Sposi (Homenaje a Mantegna) II‘ (1961). Fernando Botero

Mi consigna ha sido sencilla: atisbar toda fuerza rebelde. Es así como sobre mi mesa de trabajo posa el libro de La violencia en Colombia según Fernando Botero y la Vogue Italia del 2011, en cuya portada aparecen, descaradas pero apetitosas, tres modelos bastante curvilíneas y subidas de peso sin pedir ni dar explicaciones —a la misma moda— cuyo canon ha sido bien estricto desde los años 60. Porque la moda como Botero debe devorarse a sí misma antes del hastío, y si ya el tedio domina, hay que olvidarlo todo para recomenzar de nuevo, para ver al “Botero antes de Botero” como lo tituló Beatriz González en su conferencia en el 2004. Porque durante los próximos tres meses veremos los motores encendidos que el comercio no logrará apagar.

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