Fabio Melencio Palacios, 'Tramo/traza 500 metros de -abundancia y resistencia-', Zaragoza, Valle del Cauca. Foto: Felipe Sánchez Villarreal. Fabio Melencio Palacios, 'Tramo/traza 500 metros de -abundancia y resistencia-', Zaragoza, Valle del Cauca. Foto: Felipe Sánchez Villarreal.

Poéticas de la memoria y el olvido en el Pacífico colombiano

Desde el miércoles 8 y hasta el domingo 12 de agosto, el Goethe-Institut y el Museo la Tertulia lideraron Carretera al mar, un encuentro de experiencias, acciones y prácticas artísticas en Buenaventura y Cali (Colombia). Su objetivo: reflexionar desde el arte sobre la elaboración del pasado y los modos de actuar en el presente con relación a las poblaciones negras del Pacífico colombiano. | De nuestra alianza con 'Contemporary And (C&)'

2018/08/22

Por Felipe Sánchez Villarreal

Este artículo apareció originalmente en: Contemporary And (C&) América Latina: revista de arte contemporáneo en los puntos de encuentro entre América Latina, El Caribe y África

Bajamar, el performance que el artista afrocubano Carlos Martiel ejecutó en el Museo la Tertulia de Cali el pasado miércoles 9 de agosto, condensa bien la metáfora: los espectadores suben por una escalera blanca, prolija, que desemboca en un televisor. En él, se suceden modelados 3D de una zona de carga, majestuosos renders arquitectónicos del puerto de Buenaventura. Si no se mira hacia abajo, no se ve: el piso del último escalón es de vidrio y, bajo él, el cuerpo negro y desnudo de Martiel permanece inmóvil, capturado dentro de la escalera. El espectador la sube casi sin percatarse de que él yace ahí, y de que el ascenso solo es posible pasando por encima de su cuerpo a la vez vulnerado y vulnerable: un cuerpo negro que, sin embargo, permanece erguido, que no se doblega ante la contención y la fatiga.

La de Martiel fue una de las acciones con las que Carretera al mar, un proyecto liderado por el Goethe-Institut y el Museo la Tertulia en el marco del diálogo regional “El futuro de la memoria”, quiso reflexionar sobre las formas del recuerdo en medio de las complejas tensiones raciales, socioeconómicas y territoriales que vive el Pacífico colombiano. La región —y, sobre todo, los territorios que surcan la carretera entre Cali y Buenaventura— ha sido el epítome de las contradicciones que han marcado la historia del desarrollo del occidente del país. A pesar de que el puerto de Buenaventura y sus alrededores movilizan el 60% de las mercancías que entran al país, sus gentes viven en el más crudo abandono estatal. Esa indisociable tensión entre los procesos de explotación y modernización de la zona, donde vive el 25% de la población afrodescendiente de Colombia, fue la que detonó la idea que dio forma al proyecto. “La Carretera al mar buscaba reconocer la dimensión histórica de la población afrocolombiana, hacer visible la violencia y el abandono que ha experimentado y, a la vez, contribuir al empoderamiento de las iniciativas que luchan por una sociedad más equitativa, incluyente y justa”, cuenta Wenzel Bilger, director del Goethe-Institut en Colombia.

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‘Acción Errorista‘, marcha del colectivo argentino Etcétera. Foto: Felipe Sánchez Villarreal.

Desde la imagen de la carretera, que hila la intrincada relación entre el puerto y el interior, se articularon experiencias, acciones y prácticas artísticas para, en palabras de la directora del proyecto, Úrsula Mendoza, “abrir un espacio de pensamiento sobre lo urgente en los territorios con respecto a la memoria y el olvido”. El objetivo, anota, era “cuestionar las formas hegemónicas de narrar la experiencia común” a través de la pregunta de cómo las prácticas artísticas pueden dinamizar procesos políticos y territoriales. Desde allí, el equipo curatorial de Carretera al mar organizó entre el miércoles 8 y el domingo 12 de agosto un “recorrido simbólico” en el que participaron artistas, líderes sociales, investigadores y colectivos para reflexionar sobre la elaboración del pasado y los modos de actuar en el presente con relación a (y de la mano de) las poblaciones negras del Pacífico.

Las acciones, conversatorios y apuestas estéticas se articularon como un vehículo de cuestionamiento de los sueños de progreso y procesos de industrialización de la región, así como de las violencias raciales y territoriales que ellos han conllevado. La ruta comenzó en el sector de Zaragoza (jurisdicción de Buenaventura), con una acción que estableció el tono del proyecto: Tramo/traza. 500 metros de —abundancia y resistencia—, del artista nariñense Fabio Melecio Palacios. En un trabajo conjunto con los pobladores de la zona, Melecio Palacios recuperó un tramo desahuciado de las vías férreas que antiguamente servían de arteria comercial entre Cali y el puerto. Con la reapropiación de las “brujitas”, transportes artesanales de madera y balineras en los que se movilizan los habitantes de la zona, el artista ensambló un espacio de reflexión móvil sobre los modos como los bonaverenses retrazan subversivamente sus trayectorias en espacios de abandono institucional.

Fabio Melecio Palacios, ‘Tramo/traza: 500 metros de –abundancia y resistencia–‘, Zaragoza, Valle del Cauca, Colombia. Foto: Felipe Sánchez Villarreal.

Preocupaciones como la de Melecio enmarcaron toda la Carretera. La artista bogotana Liliana Angulo presentó algunos resultados de su trabajo de dos años de recuperación de archivo con colectivos de La Cima e Isla de la Paz en Buenaventura, a través de la memoria y las luchas por la defensa del territorio del líder comunitario Temístocles Machado (Don Temis), asesinado en enero de este año. Desde ese proceso de recuperación documental, la artista quiso cuestionar la forma como, desde la arbitrariedad de las cartografías, se han despojado territorios a los pobladores originarios en nombre del progreso industrial. “El eje de lo que hemos hecho tiene que ver con la voz de Don Temis: su intención de que el archivo fuese una herramienta para la defensa de la comunidad contra los usurpadores de la tierra”, cuenta Angulo. Su investigación se articuló con la del artista Óscar Moreno y su proyecto Radio Conversa, también invitado a la Carretera, quien grabó una entrevista con Machado antes de su asesinato. “Con su asesinato, el audio de esa entrevista se volvió un material central; con su voz y su archivo, quisimos reivindicar su trabajo por justificar la pertenencia al territorio y la tenencia de la tierra de la comunidad”.

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Liliana Angulo, ‘Por la defensa del territorio de Buenaventura: archivo y monumento Temístocles Machado‘. Foto: Felipe Sánchez Villarreal.

Y es que, durante cinco días, la Carretera hizo eso: propiciar diálogos entre el arte, la memoria, la acción política y la defensa del territorio de los pueblos afrocolombianos. El colectivo CaldodeCultivo, por ejemplo, transformó un importante coliseo de Cali en “un escenario para entrenar las luchas del pueblo”. Cruzaron muestras de taekwondo, parkour, hip hop y boxeo con mingas y encuentros con la Guardia Cimarrona del Norte del Cauca, la Guardia Indígena de la Delfina (Buenaventura), así como de pensadores afrodiaspóricos y defensores de derechos humanos. El colectivo argentino Etcétera, por su parte, sacó a la gente a las calles a una marcha carnavalesca “contra el neoextractivismo” que, al final, resultó en un encuentro con activistas indígenas y negros que protestaban en el centro de Cali. “Nuestros cuerpos negros son los que han tenido que vivir las violencias y saqueos que han venido con la tal idea de progreso”, dijo la líder ambiental caucana Francia Márquez, una de las invitadas al encuentro, durante su intervención con el colectivo radiofónico Noís Radio en la acción de cierre de la Carretera. “Pero el río nos enseñó a hablar duro, a luchar por lo que creemos”.

Conversatorio en Coliseo El Pueblo, Cali. De izquierda a derecha: Nidia Góngora, Amber Henry, Francia Márquez, Mary Grueso y Aurora Vergara. Foto: Felipe Sánchez Villarreal.

Además de Márquez, otras visibles líderes afrocolombianas acompañaron el proyecto. Entre ellas, la cantora Nidia Góngora, la poeta Mary Grueso, el profesor y rapero Rhonal ‘El Teacher’ Valencia y la investigadora Aurora Vergara. El catálogo de invitados internacionales incluyó a la directora argentina Lucrecia Martel y su master class sobre cine y memoria desde el sonido; al escritor mexicano Mario Bellatin con una reinterpretación performática de su novela de culto Salón de belleza, y a la pensadora y dramaturga berlinesa Hannah Hurtzig, quien lideró un panel sobre muerte y recuerdo de la mano de Karin Harrasser, Claudia Mosquera y María Victoria Uribe. Los trayectos comunes articularon un potente mosaico de arte, memoria y luchas desde el margen ancladas a reimaginar formas de vida y recuerdo allí, en ese territorio profundamente paradójico: afuera y adentro del proyecto de nación, a la vez itinerario de ida y vuelta del centro a la periferia, entre los sueños de progreso y la exclusión radical. Como gritaron todos al cierre, haciendo eco del icónico paro de Buenaventura en 2017: “¡El pueblo no se rinde, carajo!”.

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Carretera al mar, Goethe-Institut Colombia.

Felipe Sánchez Villarreal es un periodista colombiano, editor online de Revista Arcadia.

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