'BOGUE - Bogotá voguing'. Obra de Santiago Echeverry en Fotosíntesis 2019. 'BOGUE - Bogotá voguing'. Obra de Santiago Echeverry en Fotosíntesis 2019.

El arte y la ciencia a través de la luz: así fue Fotosíntesis 2019

Entre talleres, conciertos, charlas y proyecciones, la quinta edición de ‘Fotosíntesis, festival de luz, tecnología y creación’ articuló ciencia y arte en un mismo lugar.

2019/12/09

Por Julián Santamaría

Es difícil saber cuál de las dos se ha nutrido más de la luz como fuente de inspiración, exploración e indagación: si el arte o la ciencia. 

Desde la técnica de claroscuro de Michelangelo Merisi da Caravaggio, pasando por las exploraciones con el reflejo y la luz de los nenúfares de Monet y llegando a la aparición de la fotografía y la popularización del cine como medio artístico, la luz ha sido una de los medios y fuentes de inspiración más persistentes en la historia del arte.

En las ciencias, por su parte, su influencia no ha sido menor. De hecho, fue uno de los fenómenos físicos que más fascinó a Albert Einstein. El científico alemán no solo se interesó por el efecto fotoeléctrico, sino que, a partir de experimentos mentales con la luz, conceptualizó la que sería una las teorías científicas más robustas en la historia de la humanidad: la teoría especial de la relatividad.

Parte de ese espíritu se manifestó en el festival de arte electrónico Fotosíntesis, festival de luz, tecnología y creación del Parque Explora en alianza con la Universidad de Antioquia, que comenzó en 2015 y que celebró su quinta versión este año. El evento se ha puesto a la tarea de, anualmente, permitir que el arte, la ciencia y la tecnología convergen y dialogan en un solo lugar.

Escenas para evitar las pesadillas de Ange´lica Teuta y Espacio do´cil de Germa´n Sa´nchez. Foto: Cortesía.

Del 3 al 7 de diciembre, el taller público Exploratorio del Parque Explora en Medellín fue la sede de este festival que trajo consigo charlas, conciertos, laboratorios, proyecciones e instalaciones que promovieron espacios en los que la ciencia y sus adelantos fueron en estímulos para la creación y la innovación mientras que al arte fue un valioso vehículo al momento de difundirla.

La curaduría de esta edición fue dirigida por Camilo Cantor y Liliana Correa, docente e investigadora de la Universidad de Antioquia, y el equipo de Exploratorio. El resultado de este trabajo fue la recopilación de diez obras de artistas nacionales e internacionales que invitaron a ver la luz como un fenómeno que puede ser explorado desde diferentes medios como el mapping, la realidad virtual, el arte digital y los láser.

La luz como inspiración en dos obras de Fotosíntesis 2019

La selección de Fotosíntesis 2019, además de los cruces entre arte y medios digitales, incluyó piezas en las que la luz fue la inspiración o el recurso para materializar una propuesta creativa. Una de ellas fue la obra Sempiterno, del artista huilense y docente de la Universidad de Antioquia, Miguel Kuan. Esta instalación nació de la colaboración con diferentes personas en un taller colaborativo que dirigió Kuan días antes del inicio del festival. Sempiterno es reflexión sobre lo urbano a partir de la recuperación y resignificación de materiales industriales. Para hacerlo, Kuan construyó una instalación a partir de ensamblajes de objetos encontrados, máquinas construidas con materiales de desecho como basura electrónica, mecanismos rudimentarios y objetos electromecánicos y lumínicos que reproducen imágenes y sonidos captados en vivo.

Sempiterno, de Miguel Kuan. Foto: Cortesía.

Por su parte, la obra que presentó el bogotano Santiago Echeverry está basada en el trabajo del colectivo de voguing bogotano House of Tupamaras, con el cual colaboró para la creación de BOGUE - Bogotá voguing. Echeverry cuenta que desde los años noventa, él mismo practicaba este baile de la comunidad LGTBIQ+. Fue por esa época que se grabaron dos de las piezas audiovisuales que definirían a esta expresión artística: el mítico documental de Jennie Livingston, Paris is Burning, y el videoclip de Madonna “Vogue”.

Pero esta obra de Echeverry tiene un referente aún más lejano en el tiempo: la película de 1972, Cabaret, protagonizada por Liza Minnelli. En el filme de Bob Fosse, se plasma el Berlín de 1929, cuando, antes de la Segunda Guerra Mundial, los nazis estaban llegando al poder. Echeverry comenta que así como sucedía en Colombia, especialmente en Cali, Bogotá y Medellín, entonces en la capital de Alemania, se respiraba un clima tenso que anunciaba que algo iba a ocurrir, aunque todavía no se sabía muy bien de qué se trataba.

La obra estudia la luz y la línea y que, conectando punto y línea como principios básico del dibujo, hace que los espectadores se vuelvan, con su sombra, parte de la obra. Para elaborar este video el artista no usó secuencias, sino animaciones hechas con una técnica cuadro a cuadro, en las que se emplearon más de 45.000 imágenes, captadas una a una con una tecnología que usa la volumetría para registrar las coordenadas de la ubicación de un cuerpo, en tres dimensiones.

De esta manera, al igual que Cabaret, la obra de Echeverry quiere denunciar la situación de inseguridad del país que hacia la década de los ochenta y noventa hacía que las personas tuvieran dificultades para movilizarse, bien fuera porque en el centro de las ciudades podrían caer víctimas de una bomba o porque salir de la urbe, hacia el campo, los arriesgaba a un secuestro. A pesar de eso, hoy el artista se muestra esperanzado y señala que la libertad con la que se producen hoy, en el país, estas manifestaciones hace pensar que aquí las cosas han cambiado.

Descentralizar el museo: Exploratorio como “proyecto vivo”

El Exploratorio de Medellín es un taller permanente que permite espacios de exhibición no convencionales, un “proyecto vivo” que descentraliza lo que tradicionalmente se entiende como un museo. Por eso, varias de las obras son de colectivos que han podido aprovechar el espacio del exploratorio a lo largo del año para consolidar sus proyectos y ahora encuentran una vitrina para darlos a conocer al público. Como lo dice Camilo Cantor: “No solo es dar un espacio de exposición, sino de creación, que cada ocho días puedan venir a acá para desarrollar y madurar sus productos”.

Un ejemplo de ello es Ecos: arte y tecnología, que se conformó como colectivo después de haberse presentado a una convocatoria, en el 2018, para participar en un taller de realidad virtual que se haría en el Exploratorio, taller público de experimentación del Parque Explora. Fluir, obra que presentaron en la exposición, es una instalación en la que el espectador, armado con unas gafas de realidad virtual y un par de controles, entra a un lugar desde donde puede explorar una serie de mundos o esferas que aluden a los estados por los que atraviesa el agua cuando se presenta en la tierra.

Similar es el caso de Aleph, integrado por biólogos, diseñadores, audiovisuales y expertos en animación que se consolidó por iniciativa de Sebastián González, líder temático del Exploratorio y director de Tecnologías de Estratósfera. Este grupo de investigación multidisciplinar, dedicado a la experimentación con instalaciones interactivas y videomapping, fue el encargado de dictar el taller Paisajes invisibles. Allí, los asistentes no solo exploraron el mundo microscópico a través de un estereoscopio, sino que fueron partícipes de la creación de un video al finalizar cada sesión.

Fragmentos Lumen, de Fractum. Foto: Cortesía.

Fractum, grupo que se armó de cara a la residencia conjunta del Festival Internacional de la Imagen de Manizales y del Exploratorio está conformado por especialistas en animación y diseño sonoro y arquitectos. El grupo se creó con el ánimo de desarrollar propuestas que involucren artefactos cinéticos que, instalados en un espacio determinado, sirvan para explorar las posibilidades de la luz. Al igual que sucedió con Ecos que viajó a Quibdó y Bahía Solano a mostrar su primera obra, titulada Latidos Marinos la primera oportunidad de circulación que tuvieron fue gracias al Exploratorio, llevando Fragmentos Lumen al Imagen Fest.

El componente académico del festival, organizado por Correa, es un espacio de interlocución directa entre ambas disciplinas y que desde su gestación tuvo en mente que antes de ser un panel de expertos, era el espacio para traer a la tierra, aquellos conceptos etéreos y abstractos que se tratan en las dos. Por eso, Camilo Cantor, coordinador del Exploratorio y curador del festival, explica: “Somos un museo de ciencias y el exploratorio es un espacio que nos permite tener una vitrinas de exhibición para un público más del común, poder llevarle estas obras de arte, e inclusive ejercicios de realidad virtual a aquellas personas que, por distintas razones, normalmente no se acercarían a un museo tradicional”.

Y es precisamente a esto lo que apunta Fotosíntesis. Más allá de la experimentación formal y la discusión académica, las propuestas de las obras y eventos de la programación están cargadas de reflexiones y meditaciones sobre el contexto en que cada obra está sumergida.

Ca´ntaros de luz, de Laura Tobo´n.Foto: Cortesía.

Así pues, el Exploratorio no es un espacio que se rige por una concepción unívoca y vertical de su lugar en Medellín como institución cultural. Su objetivo es dar herramientas para que cualquier persona se acerque desde su subjetividad y contexto propio. Por eso, Fotosíntesis, al igual que el exploratorio lo hace, Fotosíntesis es una apuesta por la ciencia y el arte como una posibilidad de juego y experimentación libre, de una búsqueda desinteresada sin certeza ni objetivos definidos. Lo que sí busca es que las comunidades dejen de ser objetivo de proyectos desarrollistas para convertirse en agentes que planifican la velocidad y la intención con la que usan estas herramientas.

Por eso, de una manera deliberada el Fotosíntesis saca las expresiones artísticas de las espacios a los que usualmente se han visto confinadas y llevarlos a la calle. Para Cantor es muy claro que una de las mejores maneras para hacerlo es a través de la música. Por eso, la programación incluyó un ‘algorave’ que se llevó a cabo la noche del cinco de diciembre una fiesta de música electrónica cuyas composiciones están basadas en algoritmos y además tuvo interpretaciones de Cero39 y de DJ DMoe las siguientes noches.

Cantor explica que, como agente unificador, la música fue el gancho que permitió que durante estos días de diciembre los transeúntes que se dedicaban a visitar ver las iluminaciones de la ciudad se acercaran a conocer la programación del evento y que no se sientan ajenos a un espacio que les pertenece.

Después de todo, el Exploratorio abrió un espacio para que la comunidad pueda conocer su contexto desde nuevas perspectivas y demostrar que tanto la ciencia como el arte, antes de se inaccesibles o exclusivas para expertos, son herramientas para solucionar problemas y proponer ideas de maneras que no se tienen que quedar en la abstracción ni en la imaginación.

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