Uribe intentará estar muy conectado a los procesos y actores del arte local. Foto: David Estrada Larrañeta Uribe intentará estar muy conectado a los procesos y actores del arte local. Foto: David Estrada Larrañeta

“La esperanza siempre estará depositada en los artistas”, Carlos Uribe

ARCADIA habló con el nuevo curador en jefe del Museo de Antioquia sobre sus primeros días, la escena artística de Medellín y sus posturas sobre la idea de “curar la antioqueñidad”.

2019/03/19

Por Daniel Grajales T.

Carlos Uribe ha recorrido los caminos complejos del sector cultural de Medellín. Además de su labor docente, ha dirigido el Museo Casa de la Memoria y el Centro Cultural de Moravia, ha sido decano de la Facultad de Arte de la Fundación Universitaria Bellas Artes y, hasta hace unas semanas, fue curador de contenidos patrimoniales de la Biblioteca Pública Piloto.

Es incómodo, crítico, y como artista actualizó Horizontes, obra cumbre de Francisco Antonio Cano, que simboliza para algunos antioqueños el ideal de progreso. En su versión de esa pintura, titulada New Horizons, una avioneta fumiga con glifosato mientras dos campesinos miran al futuro desde el presente.

Uribe estudió Historia en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, Arquitectura en la Universidad Pontificia Bolivariana, y tiene un doctorado en Historia, de la Universidad de Huelva, España.

El Museo de Antioquia, MDA, el segundo del país en tamaño y presupuesto, no le es extraño. Hasta 2006 fue su director de Educación y Cultura, además de director artístico del Encuentro Internacional de Arte de Medellín 2007 (MDE07).

En el cargo releva a la venezolana Nydia Gutiérrez, quien trabajó por mantener una conversación con el arte contemporáneo y fue implacable en la búsqueda de proyectos sobre temas vedados, como la antioqueñidad misma o la sexualidad. “Voy a seguir con algunos proyectos sueltos que me emocionan. Quiero reconocer a quienes me facilitaron una etapa maravillosa de trabajo. Me voy feliz, me jubilo porque es hora, pero seguiré activa en cosas puntuales”, relató Gutiérrez a su salida.

ARCADIA habló con Carlos Uribe sobre su llegada al museo, sus retos, sus posturas sobre la idea de “curar la antioqueñidad”.

¿Cuáles son los retos del Museo de Antioquia en curaduría?

Construir el relato nodal del Museo sobre el potencial de la colección en una permanente revisión –este año renovaremos la Sala Conquista y Colonia, y se inaugurará la Siglo XXI–, con lo cual se consolida un diálogo fértil entre diversas temporalidades históricas.

La curaduría lee también la ubicación geopolítica del Museo, situado en el Centro de Medellín, a su vez privilegiado y problematizado, y concibe el edificio como más que un contenedor.

La curaduría es un ejercicio que no comparto sin la competencia de otros departamentos o áreas estructurales del museo contemporáneo como son Educación y Comunicaciones. La construcción del discurso debe agenciarse colectivamente, no puede haber un solo curador, tienen que participar simultánea y deliberativa los que proceden de la pedagogía y la mediación, los investigadores y los comunicadores de los contenidos.

¿Cómo va a articular sus proyectos con los que ha avanzado la directora María del Rosario Escobar, quien ha puesto el Museo en apertura en todas las calles, en lo que ha denominado Museo 360?

Yo llego a construir sobre lo construido. Recibo este reto consciente de que el Museo va por buen camino, que posee una misión y visión claras, y que el enfoque del Museo 360 grados no sólo es una apuesta osada sino necesaria.

Los proyectos que asumo con mi equipo de curadores darán continuidad a esa práctica y acción desarrollada por las anteriores curadurías. Tendremos como pilar la realización del MDE 1+9, evento que se suma a los anteriores, pero con la característica particular de revisar y hacer un análisis académico sobre las versiones pasadas [MDE07, MDE11 y MDE15], ponderar sus bondades y desencuentros, publicar y poner en circulación las memorias de los dos eventos anteriores.

Apostaremos por una plataforma de alfabetización ciudadana en la activación del espacio público del pasaje Calibio. Esto utilizando contenidos fotográficos de los procesos de construcción de la historia regional y de la ciudad, que incentiven al transeúnte a conocer de su identidad y contexto cultural. Potenciaremos la plataforma de pasantías y residencias creativas, con una nueva denominada Residencias De Greiff, que convocará a arquitectos, urbanistas, diseñadores, antropólogos o sociólogos que nos ayuden durante su estadía a diagnosticar, mapear o encontrar salidas posibles con proyectos creativos a las problemáticas o iniciativas coexistentes en el entorno del Museo.

¿Por qué cree que, cuando los museos del país se han encargado de elegir curadores internacionales, el MDA se decidió por el talento local, por un curador “paisa”?

Con el respeto que merecen los curadores extranjeros, considero que los museos y sus juntas directivas se han tardado inexplicablemente en permitir el relevo y liderazgo de curadores locales, sin que se malentienda lo anterior como un chauvinismo reduccionista y excluyente donde no quepan otras visiones.

Es fundamental que los mismos medellinenses y los turistas que vengan a la ciudad comprendan, a través del guion principal y los mismos contenidos puestos en escena, qué es esta cultura de la antioqueñidad, diferente al común y displicente apelativo bogotano de “paisas”. También cuáles han sido las motivaciones de nuestros artistas y productores culturales en la larga duración histórica, para hacerlos vivir una experiencia similar a la que nosotros, como espectadores, vivimos cuando vamos a cualquier museo del mundo.

Contar con un curador local le permite al Museo una mayor comprensión y claridad sobre el debate de su futuro y de la resignificación de su relato a partir de una revisión permanente y pertinente de sus colecciones. Así, habrá un conocimiento y contacto más cercano con los procesos de los artistas y productores culturales locales.

Ser un curador proveniente de la práctica artística, pero también de la investigación y la docencia, me ha permitido conocer y tener contacto con la gran mayoría de artistas de la región, tanto a los reconocidos, los de la generación intermedia y los emergentes.

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¿Qué proyectos o ideas le aportará al Museo en su reto de conectarse cada vez más con los ciudadanos y con los artistas de Medellín?

Intentaré estar muy conectado a los procesos y actores del arte local. Es un propósito visitar los artistas y productores culturales en sus talleres, estudios y exposiciones. La interlocución y la comunicación permanente deben ser el reto. Los artistas locales reclaman al Museo y el Museo debe conectarlos, buscar espacios para su visibilidad y conocimiento de sus procesos creativos por parte de los ciudadanos.

Igualmente, invitaremos a los arquitectos, urbanistas y otros provenientes de las disciplinas que tienen como enfoque de interés la planeación urbana.

Nuestra ciudad es indiscutiblemente un referente global, tanto por sus matices positivos como por sus inequidades, las cuales son objeto de interés para cualquier ciudadano del mundo. Soñamos con una Oficina del Arquitecto para la ciudad, una sala que exhiba los procesos de planeación, transformación y el legado sobre el patrimonio.

Conservar archivos de nuestros arquitectos pioneros, por ejemplo de Martín Rodríguez, quien diseñó el edificio para la Alcaldía que es nuestra actual sede. Una pieza magnífica de la arquitectura del art deco considerado el ejemplo de arquitectura más importante de la primera mitad del siglo XX en Colombia. También de otros como Nel Rodríguez, Elías Zapata, Antonio Mesa Jaramillo, que merecen un espacio de reconocimiento.

Pero este espacio no lo estamos pensando solo como una galería de exhibición. Queremos que sea un bureau, un espacio de co-creación, de debate en el sentido abierto de convergencia a todos los arquitectos: los reconocidos, los de una generación intermedia y los que están en las universidades. Esto con el fin de cultivar un ambiente fértil de debates y aprendizajes que ayuden y coadyuven a la ciudad a encontrar el norte. Queremos la presencia de todas las universidades con facultades de arquitectura, sin celos y primacías. Este va a ser el espacio de la convergencia y el pensamiento de ciudad.

Este año se trasladará el fresco del maestro Botero del antiguo edificio del Banco Central Hipotecario a una sala acondicionada en el segundo piso del Museo. En este propósito, aspiramos a consolidar otros archivos personales de artistas antioqueños en un proceso de cambio que afrontan las grandes colecciones.

¿Cómo ve la escena artística de Medellín? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?, ¿no es muy difícil eso de “curar la antioqueñidad”?

Es una escena compleja, con muchas fisuras y desestructurada, pero con muchas potencialidades y particularidades. No podemos permitir que se le siga comparando con la de Bogotá, lo cual simplifica sus alternativas de salida posibles. Hay que entenderla en su singularidad histórica y actual.

El campo artístico local, el articulado a la cadena de las artes visuales, fue golpeado más que ninguno por el Narcotráfico de los años setenta y ochenta. La mafia y algunos coleccionistas especuladores inflaron los precios de la obra de arte como valor de cambio para lavar dólares. Muchos artistas y galeristas cayeron en el juego, como la sociedad misma se implicó en el dinero fácil. Esta fue una muy mala señal para las nuevas generaciones de artistas, recién egresados de las nacientes facultades de arte, quienes confundieron su proyecto de vida entre los referentes que comercialmente circularon y los referentes ejemplificados por sus profesores.

Hoy, Medellín muestra una escena dominada por los museos. Posee una superficie museística tan amplia como la de cualquier capital latinoamericana. Estos cuentan con programas y presupuestos para activar su programación, no obstante, operan sus actividades más puntuales con contenidos externos a las lógicas locales –me refiero específicamente al Mamm-. Las curadurías o agenciamientos no solo pasan por la directriz de un dirección y de curaduría foráneas, sino que con recurrencia se invita a curadores desde Bogotá que han encontrado en el atractivo presupuestal que implica desarrollar proyectos independientes, una forma escondida de distraer a la clientela local con muestras que insertan dos o tres actores nativos y no se piensan desde la necesidades mismas de narrar el relato local. Tampoco el que éste relato sea protagonizado por las producciones de los artistas y demás productores locales.

No existe nada más paradójico que “el mercado” local, una ironía en una sociedad que, como la antioqueña, se ufana de ser “de comerciantes”. Aquí todo se vende, todo se negocia y se afirma que Medellín es una capital de negocios; pero la realidad es que el arte como objeto de valor de cambio es un sofisma.

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Las galerías desisten de proyectos a largo plazo, con tan poca convicción como el boom de restaurantes y tiendas que estamos viviendo cerrar en menos de 6 meses. Esto sumado a la errática estrategia desde la política pública, que en vez diseñar una plataforma coherente para el impulso a los artistas en el exterior y hacia grandes eventos internacionales, parece competir con el mercado liderando ruedas de negocio y ubicando equivocadamente a los artistas en ferias comerciales. En esta perspectiva, los museos y la academia tendremos que hacer un proyecto común de pedagogía e incentivos hacia la valoración ciudadana de la obra de arte y el coleccionismo, que permita cerrar dicha brecha.

La esperanza siempre estará depositada en los artistas, en sus iniciativas y consistencia, en el profesionalismo con el que asuman las variables del mercado y la pertinencia de su pensamiento como aporte a la realidad de su tiempo.

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