Ritualia. Foto: Cortesía Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo/ Scottish Dance Theatre. Ritualia. Foto: Cortesía Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo/ Scottish Dance Theatre.

“Lo diferente puede parecernos desconcertante, pero está lleno de belleza”

Este fin de semana, en el Teatro Julio Mario Santo Domingo, se presentará la Scottish Dance Theatre, una de las compañías de danza contemporánea más importantes de Europa. ARCADIA habló con su director, Joan Clevillé, sobre las coreografías y su carrera artística.

2019/06/20

Por Paula Doria

Hace apenas unos meses, el catalán Joan Clevillé tomó las riendas de la Scottish Dance Theatre, una de las compañías de danza contemporánea más importantes del antiguo continente. En su primera gira por América Latina trae dos coreografías: TuTumucky, de Botis Seva, y Ritualia, de Colette Sadler, dos piezas con las que el público viaja entre lo clásico y lo contemporáneo, entre lo extraño y lo conocido. Hablamos con él sobre la compañía, las piezas y su visita a Colombia.

Esta compañía ha sido pionera en invitar al público a ser parte de sus obras. ¿Por qué?

Es importante que la danza, especialmente la danza contemporánea, cree un espacio para la reflexión. La idea es que el público no sea pasivo y consuma un producto finalizado o cerrado, sino que la obra esté abierta a su interpretación y a su participación. Es una invitación para que el público viva su propia experiencia, su propia sensibilidad. También es una forma de abrir una conversación entre el coreógrafo, los bailarines y el público. Creo que la danza tiene esa capacidad.

¿Por qué fusionar dos piezas como TuTumucky, de Botis Seva, y Ritualia, de Colette Sadler?

El programa trae dos propuestas diferentes para reflejar el abanico de voces con el que trabajamos, y la diversidad de nuestra propuesta y de la danza contemporánea. Empieza con Ritualia, una pieza poética que crea un mundo surreal, visualmente muy distinto, con un vestuario, un diseño de luces y una estética muy contemporánea, cercana a las artes visuales. Y el lenguaje representa seres andróginos. Percibes una cierta extrañeza. Es una propuesta ambiciosa. Es un reto para el público, pero es importante que lo sea. Pensamos que era necesario empezar la noche con una propuesta distinta.

En cambio, TuTumucky es una pieza más inmediata, del ballet y del hip hop. Boris es del sur de Londres, de una comunidad afro, con unas raíces más urbanas, y su pieza tiene una inmediatez muy destacada. Nos lleva de la opresión a la libertad. Ambas piezas se complementan en que empiezas en lo extraño y la otra te lleva a lo más familiar. 

Traen una obra que representa conceptos como la ansiedad y el miedo al otro. ¿Por qué los seres humanos le tememos al otro, al que es diferente?

Es realmente importante hacer un esfuerzo para recibir y abrazar lo diferente, en especial en días como los que estamos viviendo. Al principio, lo diferente puede parecernos desconcertante y extraño, pero está lleno de belleza. Colette nos conecta con ese mundo distinto, surrealista, poético, pero a la vez es reconocible. Es una oportunidad para la reflexión del género, del cuerpo como objeto y, en especial, del cuerpo femenino como objeto. La pieza hace referencia al ballet de 1920, cuando ya se empiezan a ver estas ideas protofeministas de una mujer. Colette toma esas ideas y las explora. Ella también trae influencias de moda y de prácticas como el dogging que nos invitan a la reflexión. 

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Joan Clevillé ya tenía su propia compañía de danza cuando fue llamado a dirigir la Scottish Dance Theatre.

Algunos han definido a TuTuMucky como un canto a la paz desde el caos. ¿Cómo se logra esta atmósfera?

Empieza desde la oscuridad. Trabajan una atmosfera ofensiva, los bailarines no llegan a tocarse nunca. Interactúan, pero parece que están perdidos y oprimidos. Y a medida que se avanza uno empieza a ver que conectan más y más unos con otros. Ves una interpretación de los bailarines desde el interior, y cómo van saliendo a la luz y se entregan unos a otros. Esa paz es un sentimiento universal de búsqueda de la conexión con el otro, de aceptar y tolerar.

TuTuMucky. Foto: Cortesía Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo/ Scottish Dance Theatre.

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Hablemos un poco de usted. Hace 10 años fue bailarín en la Scottish y ahora regresa como director, después de haber tenido su propia compañía. ¿Cómo ha sido el regreso?

Como volver a casa. Trabajé con la compañía 4 años y por eso fui a vivir a Escocia por primera vez. Me siento como cuando ya eres adulto, has madurado y puedes tomar las riendas de la casa de tus papás. Preparar la gira ha sido todo un placer. Es mi primera gira internacional en Latinoamérica y siento una conexión muy entrañable con esta región. Acabamos de venir de Bucaramanga y yo pensaba todo el tiempo en cómo íbamos a conectar. Justamente pensando en esa dualidad de presentar algo familiar y a la vez innovador. Y creo que se logró.

No había artistas en su familia. ¿Qué lo llevó a ser bailarín?

Fue descubrir la danza. Yo siempre había estado interesado en la literatura, empecé haciendo teatro en la escuela, pero descubrir esa faceta física, el poder trabajar con el cuerpo era algo que nunca me había planteado. De hecho, empecé tarde, a los 16 años, porque el baile siempre había sido algo extraño para mí. Pero un amigo me invitó a ver una presentación y a unas clases de danza y se me abrió todo. Era un mundo que nunca había visto y del que no pude salir. Cuando vi danza por primera vez, vi a la Compañía Nacional de Danza de España, y fue como “¿dónde has estado? ¿De dónde vienen? ¿Dónde se ha escondido esta belleza?”. Fue una sensación abrumadora.

Si bien en su casa no había artistas, sí había muchos libros. ¿Qué lecturas lo impactaron entonces y cuáles lo impacta ahora?

Es cierto. Siempre he crecido rodeado de libros. Cuando crecía hubo mucha literatura clásica. Ahora que lo pienso era raro para un adolescente, pero me fascinaba la literatura clásica española, de Cervantes a Calderón. Luego descubrí la literatura de de principios del XX, artistas como Lorca, Miguel Hernández, todos los que estaban durante la guerra civil española. Ahora mi interés por haberme mudado a Escocia se centra más en autores anglosajones de no ficción. Leo más ensayos y obras filosóficas relacionadas con la idea del cambio, como a Naomi Klein o a Rebecca Solnit, que hablan sobre ideas de género, de feminismo y de ecología.

Ahora que hace activismo, también lee a otros activistas…

La Scottish me ayudó a abrirme a temas sociales. Tiene un aspecto de encuentro, talleres, labor social con jóvenes e individuos con discapacidad. Una vez empiezas a tomar conciencia social es difícil dar la espalda. Vivimos momentos históricos muy duros. La desigualdad de género es la raíz de muchos males. Y siento que tenemos el deber, hombres y mujeres, de examinarnos para generar un cambio.

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Hace un tiempo tuvo una lesión grave en una de sus vertebras. Pero usted lo tomó como algo necesario para parar y cambiar de rumbo. ¿Cómo fue eso?

Al principio, parte del proceso fue maldecir y preguntarme por qué me pasaba a mí. Pero después lo vi como una oportunidad para tomarme unos meses de reposo y volverme a conectar con el cuerpo. Sonará raro para un bailarín, pero tenía que conectarme con mi cuerpo de una manera diferente, no a través del dolor. Ese fue un punto de cambio. Durante la primera parte de mi carrera la ambición y esa idea rígida de lo que la danza tiene que ser me llevó a lesionarme y a que mi cuerpo me forzara a parar. La manera en la que estaba trabajando no era sostenible. Es importante escuchar lo que el cuerpo nos dice, es muy sabio. Constantemente nos da lecciones. Nos recuerda. La tarea como bailarines, más que otra cosa, es precisamente escucharlo.

Algunos eligen el camino del arte precisamente para conectarse con su "yo". ¿Le pasó lo mismo?

Definitivamente. La danza me ayuda a conocerme, pero también es la mejor manera que tengo para conectar con los demás en un nivel más profundo. Esa búsqueda espiritual no está determinada por una creencia particular o por una religión, aunque crecí en una familia católica. Conectar con uno mismo se trata de una búsqueda muy universal que a la vez es individual. El arte forma parte de ese ámbito corporal y espiritual. La danza tiene esa particular capacidad de fusionar el cuerpo con el espíritu y la mente. Ese sentido de algo completo y entero que compasa todas nuestras facetas es muy enriquecedor y  por él me dedico a la danza.

*Funciones: viernes 21 y sábado 22 de junio a las 8:00 p.m. en el Teatro Mayor. Más información en este enlace.

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