Por esta fotografía, John Moore fue nominado al World Press Photo. Foto: Getty Images. Por esta fotografía, John Moore fue nominado al World Press Photo. Foto: Getty Images.

“Si logramos que alguien cambie de opinión, la foto ha valido la pena”

La imagen de una niña llorando cuando a su madre la requisan en la frontera hacia Estados Unidos apareció en medios de todo el mundo y hoy fue distinguida como la foto del año por el World Press Photo. Su autor, John Moore, silencioso, ha retratado la migración desde hace 10 años. Hablamos con él.

2019/03/16

Por Santiago Ramírez

La noche del jueves, desde un hotel en Bogotá, el fotógrafo John Moore llamó a algún lugar de la costa este para oír la voz de Jeanette Vizguerra. “Lo siento, sé que es muy estresante. Sé que tienes ansiedad, pero quiero que sepas que hay muchos de nosotros que pensamos en ti. Buena suerte mañana”, le dijo Moore desde el otro lado de la línea, a miles de kilómetros.

Al día siguiente su estatus provisional de estadía en los Estados Unidos se venció: Vizguerra volvió a ser una migrante ilegal.

Los dos se conocieron en una protesta en 2011 en Denver, Colorado. Cada vez que sale a las calles, esta mujer lucha para que se detenga la deportación a México, porque no quiere ver fragmentada a su familia. Es una reconocida activista para su comunidad y la revista Time la nombró en 2017 como una de las 100 personas más influyentes por su lucha por los derechos de los migrantes.

2017 fue el primer año con Trump dando órdenes desde la presidencia. En sus primeras noches se tuvo que ocultar en una iglesia de Denver, se escondía de la ICE, la agencia investigativa más grande del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

Moore saca su celular y muestra las fotos que ha tomado de ella junto a su familia en el exilio. Como si el fotógrafo se desvaneciera, se ven las fotos de Jeanette compartiendo la mesa con su pareja y sus tres hijos, hablándoles a los manifestantes desde un altavoz y otra mirando al horizonte, como buscando la frontera entre la tierra y el cielo en lo que parece ser una iglesia.

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Foto John Moore / Getty Images

Moore vino a la ciudad para presentar su libro Undocumented, una recopilación de su trabajo sobre la migración. Sin mostrarse aburrido, confiesa que ahora hay una foto por la que siempre le preguntan pero que no está en las páginas de la publicación. Porque se tomó tres meses después de haberse lanzado el libro.

“Por eso creo que es difícil ponerle un final a estas historias, porque no creo que el problema de la inmigración se acabe dentro de poco”.

Yanela, de casi dos años, llora y mira hacia arriba a un oficial del ICE que desde su perspectiva debe parecer un gigante. Es el llanto congelado. Está en la frontera intentando entrar a un país que no es suyo. A Sandra, su madre, la requisa un uniformado. La fotografía se esparció por el mundo, se convirtió en una denuncia.

Moore viajaba con los agentes antes de toparse con Sandra y Yanela. “Siempre tengo diálogos con ambas partes, eso no quiere decir que no tenga una opinión”, afirma con seriedad.

Con la misma seriedad con la que asimila que el mundo ha cambiado. No solo eso, ahora cambia más rápido. el fotógrafo ha vivido una transformación y el oficio ya no es lo que era en muchos aspectos. Los medios no se han logrado adaptar a tanto algoritmo, métrica e información. Todos pueden hacer una foto, en cualquier momento, y hacer que el planeta la vea en segundos.


John Moore ha retratado la migración desde hace 10 años

Pero para él hay cabida para todo tipo de fotos. Incluso aquellos cuadros distorsionados que exponen una realidad sin ser embellecida, pictórica o poética. Pues la realidad también puede ser confusa y borrosa. Y el fotógrafo va en búsqueda de un equilibro: entre embellecer algo que es crudo, cruel e infunde miedo ­–una búsqueda de la belleza inamovible en la persona que dispara– y la dignificación que se le tiene que dar al retratado.

Moore, así como maneja la relación con sus fuentes, vive entre contrastes. Pasa de la línea que divide a dos países, con capturados que quieren asilo político y la policía evitando a toda costa que extranjeros entren, a las grandes asambleas de la ONU donde Trump le habla al mundo entero y dijo una vez con una sonrisa en su cara que ha logrado más “que casi cualquier administración en la historia de nuestro país” y todo el recinto se burló del magnate.

Decía Susan Sontag que “no existe la fotografía definitiva”. Y Moore le da la razón. Puede que sea recordado por mucho tiempo por la foto de Yanela y Sandra, recientemente nominada al World Press Photo, pero no es el fin, ahora va en búsqueda de la siguiente foto que atrape lo que parece imposible por lo inmenso del problema.

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“Siempre queremos cambiar el mundo, pero si logramos que alguien cambie de opinión la foto ha valido la pena”.

Foto John Moore / Getty Images

No falta mucho para que vuelva a empacar sus cosas hacía alguna parte del diverso continente de América, dividido en dos por un muro.

Tal vez para reencontrarse con Jeanette y sus tres hijos, o con Sandra y Yanela, en cualquier parte de la costa gringa donde se encuentren, para detener una parte del tiempo y del espacio con el único objetivo de contar una historia.

El problema es que hay pocos casos, y este es uno de ellos, en donde no se sabe cuándo se va a acabar una historia.

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