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Ese otro que nos asusta

Dentro del Programa Nacional de Estímulos a la Creación e Investigación en las Artes de MinCultura, se está llevando a cabo desde 1998 un intercambio de residencias artísticas. Arcadia aprovechó la coincidencia en Bogotá de dos de las ganadoras de este año. Crónica.

2010/03/15

Por Humberto Junca

Ingrid Hernández es mexicana, ganó una residencia artística del Programa Residencias Artísticas Colombia-México con Irregular, una obra que consistía en una salida de campo a las afueras de Bogotá para fotografiar fachadas e interiores de viviendas en barrios de invasión “como memoria de un lugar que, construido por sus mismos habitantes, puede desaparecer”. El interés le viene de su historia personal. Su casa de infancia fue un restaurante frente al hipódromo de Tijuana, ciudad de paso apenas a quince minutos de San Diego. Creció en ese lugar límite entre el ir y venir de los comensales (en su mayoría chilangos tras el american dream o gringos de vacaciones), observando con detenimiento y curiosidad las huellas, los rastros y el desorden que éstos dejaban en su casa. Hernández estudió Sociología en la Universidad Autónoma de Baja California, cursó una maestría en Administración Integral del Ambiente en el Colegio de La Frontera Norte y trabajó como asistente de dirección y productora de video-documental; de allí saltó a la fotografía. Siempre ha documentado los lugares de sus desplazamientos mientras evita mecánicamente tomarles fotos a las personas que los habitan. “Sin embargo, acá en Soacha, en Altos de Cazucá, la gente estaba obsesionada con su propia imagen. A diferencia de Tijuana, aquí todos querían que les hiciera un retrato y no entendían por qué sólo les tomaba fotos a las paredes de sus casas”. La artista sabe cómo integrarse a la comunidad que visita: va con un líder del sector para presentar su trabajo. Se compromete a mostrar las imágenes tomadas en un espacio comunal y a dejar copias de las fotografías que más gusten. Este proceso parece ser una estrategia de acercamiento empleando la foto como excusa, para entrar en la intimidad ajena o acaso para ampliar la propia. “Querían que les contara sobre mi vida y mi trabajo en México. Al ver las fotos de Tijuana, no podían creer que allá también hubiera pobreza”.

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