Una de las imágenes más icónicas del trabajo de los artistas Pierre et Giles. Una de las imágenes más icónicas del trabajo de los artistas Pierre et Giles.

Eternamente obsesionados por la belleza superficial

Los artistas Pierre y Gilles se conocieron hace 35 años en la inauguración de una boutique de Kenzo en París. Desde aquella noche, nunca se han separado. Juntos crearon una estética revolucionaria del imaginario visual gay, que hoy es reconocida y copiada en todo el mundo.

2011/06/23

Por Humberto Junca Casas

Quizás ser homosexual, hijo de extranjeros y marginado por ello, hizo que Andy Warhol tuviera muy claro que las estructuras culturales (sexuales, artísticas, de gusto) de sociedades tradicionalistas como la norteamericana después de la segunda guerra mundial, pueden cuestionarse, romperse y reestructurarse de cualquier manera. Este impulso, junto a su disciplina y lo aprendido como ilustrador y publicista llevó a Warhol a mezclar en su obra dos medios que se suponían antagonistas y que incluso hoy, se piensan enemigos: la fotografía y la pintura. La popularización de la fotografía se debió a la versatilidad de manejo de la cámara fotográfica: no se necesitaba ser un profesional, un artista, para tomar fotos; solo había que apuntar y oprimir un botón. Para ser pintor en cambio sí se necesitaba talento o al menos la práctica “que hace al maestro”. Por eso, a mediados del siglo XX, los pintores estaban celosos de la forma en que los medios masivos les habían arrebatado totalmente el control de las imágenes (su producción y su exhibición), el control de un imaginario colectivo que reflejaba cada vez más lo visto en las revistas, periódicos, vallas publicitarias, en el cine y en la televisión. El epicentro de semejante revuelta, por supuesto, estaba en el poder omnipresente de la imagen fotográfica. Sin embargo, a Warhol le encantaba la rapidez, el tono impersonal y la calidad que conseguía al estampar imágenes en foto-serigrafía (botellas de gaseosa, sillas eléctricas o los retratos de estrellas de cine que aparecían en los periódicos) sobre telas o papeles que él pintaba a mano antes o después de la impresión. Así, llevó a cabo un matrimonio forzado entre las formas tradicionales de trabajar la imagen en la alta cultura (con abolengo) y las mecánicas industriales para capturarla y reproducirla dentro de la cada vez más fuerte cultura popular. Y tuvo éxito. De tal manera señaló el camino del arte pop: “sucio”, contaminado, torcido y muy divertido, que años más tarde seguirían y diversificarían artistas como Pierre Commoy y Gilles Blanchard, mejor conocidos como Pierre y Gilles.

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