Todas las fotografías son imágenes de piezas expuestas en 'De frente me escondo', la exposición de Power Paola en La Tertulia. / Cortesía de Alejandro Martín Todas las fotografías son imágenes de piezas expuestas en 'De frente me escondo', la exposición de Power Paola en La Tertulia. / Cortesía de Alejandro Martín

De frente me escondo: la exposición de Power Paola en Cali

Una conversación con Power Paola, y Alejandro Martín (museo La Tertulia) y Juan Pablo Fajardo (editor de La Silueta), curadores de la primera gran muestra individual de la artista y novelista gráfica.

2018/05/23

Por Sara Malagón Llano

Power Paola tiene la necesidad de dibujarse y contarse a sí misma –sus sentimientos, sus percepciones de sí, como si dibujar y escribir fueran maneras de entenderse a uno mismo y de sanar–, pero también la de dibujar y contar a otros. El mundo, para Power Paola, pasa por el dibujo. Y por eso el dibujo es compulsivo: para entender la realidad se necesita dibujarla. “La realidad es muy inmediata y no alcanza el tiempo para dibujarlo todo”, me dijo. Ella igual lo haría si pudiera. Y De frente me escondo, su primera gran exposición individual –que estará abierta al público hasta el 15 de julio en el Museo La Tertulia de Cali– logra transmitir precisamente eso: a pesar de que no es enorme ni excesiva, quien la recorra sentirá que hay mucho de compulsivo en la manera de trabajar de Power Paola; que dibuja y escribe siempre, y que además experimenta con diferentes técnicas y formatos. Se hace patente una urgencia por fijarse y dejar fijados momentos, conversaciones con otros en cuadernos, libros, lienzos, camisetas, afiches; con lápiz, tinta, pintura, acuarela, en blanco y negro, a color… Y al final, como si ese ejercicio de fijar se desdibujara, un mural enorme, efímero, cierra la exposición, confirmando que Paola es una artista que, además de prolífica, es ambiciosa; casi incansable.

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Conversé con Juan Pablo Fajardo, quien junto a Andrés Fresneda ha editado la obra de Paola desde hace años bajo el sello de La Silueta y participó en la curaduría de la muestra; Alejandro Martín, curador del Museo La Tertulia, amigo y coautor de uno sus libros; y la misma Power Paola, quien siempre quiso exponer en La Tertulia porque, como su obra lo revela, Cali es una ciudad importante.

 

Cuéntennos cómo se pensó la exposición en términos de formatos, tiempo, temáticas... ¿Qué querían Power Paola, Juan Pablo Fajardo, Andrés Fresneda y Alejandro Martín que se reflejara en esta muestra?

Power Paola (PP): Todos estábamos de acuerdo en que queríamos mostrar mi trabajo colectivo. Queríamos exponer piezas que abarcaran los contextos que habito, las personas que conozco, los diálogos, retratos y todo lo que en definitiva atraviesa mi propia vida, que es la vida de muchos. Pero para mí era muy difícil hacer una selección. Eso fue un trabajo de Alejandro Martín y de La Silueta, que de alguna manera son quienes me han acompañado todos estos años editándome. 

Alejandro Martín (AM): Para mí hacer la exposición fue una conversación muy interesante, que tuvo mucho de pulso y de discusión, especialmente con Juan Pablo Fajardo, quien asumió la vocería desde La Silueta. Juan Pablo tenía muy claro que quería articular la muestra alrededor de la idea de la colaboración, de los múltiples modos en que Paola ha trabajado con otros (con su antiguo compañero dramaturgo, con sus colegas editores, con otros dibujantes, con el grupo de mujeres historietistas, etc.). El contrapunto con Paola fue sobre todo a través del título, “De frente, me escondo”, relacionado con una imagen que guía toda la exposición: la de Paola sentada en una mesa dibujando; dibujando sola, en un diálogo dibujado con otro autor de cómic, en parche con sus amigas dibujantes... Allí está ella, de frente, y a la vez, escondiéndose. Mirando y bajando la mirada al papel. Dibujándose como es, y a la vez como un personaje. Y escondiéndose de frente, con ese valor y esa fuerza que son su sello. Eso pasa también en mi escena favorita de Virus tropical, la película de Santiago Caicedo, cuando ella está con la mamá y la hermana en Galápagos. Allí se ve que ellas discuten, lloran, se amistan, discuten más, y Paola en la mitad, frente a la cámara, pero mirando solo el papel, dibujando y dibujando sobre la mesa. Santiago Caicedo me dijo que esa escena era clave porque allí se podía ver cómo Paola se convertía en dibujante, y lo hacía justamente “escondiéndose” en el dibujo en un momento familiar muy difícil.

Fotograma de Virus tropical, dirigida por Santiago Caicedo: la adaptación cinematográfica de la novela de Power Paola.

Juan Pablo Fajardo (JPF): Yo agregaría que fue fascinante ver cómo, mientras trabajábamos, íbamos recogiendo las inquietudes de todos. La exposición es, entonces, el resultado de una suma de voluntades. Quisiera ahondar también en la intención de hacer visible el trabajo que Paola ha hecho en llave, con otros, porque un enorme volumen de producción tiene que ver con eso, y es interesante porque aparentemente el dibujo es una actividad muy solitaria. Paola ha demostrado que dibujar es en efecto algo muy personal, pero también algo que puede hacerse en compañía de muchísima gente. Ella tiene cuerpos enteros de trabajo atados a otras voluntades, a otros dibujantes, a gente que hace parte de su obra. Por eso mismo, en esta exposición, también quisimos hacer un llamado de atención sobre su trabajo como narradora. En el texto de la muestra lo dijimos de una manera chistosa: “Paola tiene un posgrado emocional con su pareja, Quique [Enrique Lozano]”, con quien estuvo como 10 años y con quien produjo un libro autobiográfico sobre la relación que está en la muestra. Lozano es un importante dramaturgo, y creo que una de las mejores cosas que le quedaron a Paola de su relación con él fue aprender a contar historias, o a sofisticar ese aspecto en su trabajo. Y eso es muy importante, porque en el mundo de la novela gráfica es muy frecuente encontrar gente que dibuja y otra gente que hace guion. Paola es uno de esos raros ejemplos de una persona que tiene habilidad en los dos ámbitos, y Enrique fue parte importante en eso.

 

¿Quiénes son esos otros que aparecen retratados en esta exposición? ¿Y qué opinan de ver el dibujo como una actividad para conocer y auto conocerse?

JPF: Algunos ejemplos de trabajos en grupo que están en la exposición son La escuela de Buenos Aires (las chicas, dibujantes y artistas que desde hace tiempo están presentes en la obra de Paola), Las piñas (varios dibujantes en varios países), Chicks On Comics (un colectivo raro porque sus integrantes se conocieron por internet; creo que algunas de ellas ni siquiera se conocen en persona y vienen dibujando juntas desde hace mucho tiempo). Hay una cosa muy femenina, muy fuerte en todas ellas. Y están además Sofía Watson y María Luque, otro grupo grande de trabajo. Alrededor de eso han estado años: conversando, dibujando, produciendo cosas juntas, influenciándose, creciendo.

PP: Todo eso viene de que hay temas o conversaciones que me dan vueltas por días. Me doy cuenta de que, de alguna manera, quiero capturar el presente, que sin querer queriendo termina siendo el presente de muchos. Cuando tengo la idea de cómo quiero aproximarme a esa idea y qué materiales quiero usar, me lanzo a hacerlo. Y sí, es como una necesidad. Seguramente son preguntas que tienen que ver con mi propia vida, pero también son cuestionamientos filosóficos y hasta políticos que de alguna manera, al conversarlo con otros, se vuelven cercanos; preguntas íntimas que a lo mejor no hemos vuelto públicas.

JPF: Además, yo creo que hay una cosa muy curiosa en la manera de Paola de relacionarse con el mundo que se da a través del dibujo. Es una actividad que le permite entender el mundo, y entenderse. Es una manera casi terapéutica que permite establecer una relación otro, de vuelta, con el mundo. Es una relación de ida y vuelta, que le permite ubicarse. Es muy interesante esa vuelta… No me imagino la vida de Paola sin el dibujo. Creo que no habría vida. O no sé qué le tocaría inventarse... Ella entiende su vida a través de esa práctica, y esa práctica –de nuevo– le da una vida.

 

¿Hace cuánto están trabajando en este proyecto?

AM: Lo hicimos este semestre, pero todos veníamos trabajando en esto desde hace años. Paola, produciendo. La Silueta, editando los libros; yo, como lector/interlocutor y coautor de Costuras, un libro ilustrado; y todos como parte de un “parche” que ha venido creciendo desde hace 10 años, y que ha revitalizado el cómic en el país. Un gran aprendizaje fue ver cómo las diferencias que teníamos en términos de conceptos para organizar la muestra, se resolvían al mirar el trabajo de Paola. Teniendo en frente los miles de papeles, ellos mismos nos iban dictando un modo de organización. Y fue lindo que en la exposición quedaron las dos ideas originales: la presencia creativa de tantos otros, como ya lo dijimos, y a la vez está muy presente su interioridad, que es tan fuerte, tan profunda, y está tan ligada a explorar las formas de vivir el tiempo, de tratar de elaborar la memoria en el dibujo, de atrapar todo aquello que es tan fugaz.

 

Ya que hablas de “miles de papeles”, qué opinan de esa sensación que viene de la compulsión; de la experimentación constante, de la compulsión de contar, de narrar las cosas que se viven. ¿Cómo ha sido editar y curar a una autora/artista enfrentándose a esa compulsión?

PP: Cuando uno narra la propia vida es tan complicado… Porque la realidad es muy inmediata y no alcanza el tiempo para dibujarlo todo. A mí lo que más me interesa es experimentar: con los materiales, mi propia vida, la narración y el dibujo. Eso es lo que me entusiasma, pienso que hay muchas posibilidades con algo tan precario como lo es el dibujo.

AM: En cuanto a la curaduría, fue muy difícil armar la exposición. Teníamos unos tiempos para cada cosa, pero todo se alargaba: era muchísimo material. Y estaba además Paola con el mural que hizo... Quiso hacer el muro completo, de abajo hasta arriba sin temerle al andamio, y poco a poco encontró el pulso apropiado de los pinceles, y el carácter de las imágenes, sumadas a las de la imaginación y la memoria, las de las noticias del día. En el mural –también en el proyecto de hace años en Lugar a dudas, en el de la película de Virus tropical y en las decenas de libretas– se ve un rasgo que ella me hizo notar ahora. Y es que la clave está en soltarse y dejarse llevar. Paola asume con mucha seriedad muy distintos proyectos, y la clave está en seguir y seguir, y en no borrar ni botar. Porque luego la obra es el todo. En esa libertad está la clave, en el cuidado y el cariño, en la fuerza. En el desenfado. En que nunca deja de explorar. Y que, aunque reconoce que se muere de miedo, al final no le da miedo exponerse. Enfrenta el miedo con el miedo.

 

¿Cómo fue trabajar con un equipo interdisciplinario para el montaje de una muestra como esta?

AM: Toda exposición es un proyecto de mil manos, y en esta, siguiendo la idea de pensar la colaboración, se potenció mucho la creatividad de cada uno. Lo primero fue invitar a La Silueta a ser curadores y museógrafos. Hacer museografía para mí es muy similar al trabajo editorial, solo que en lugar de escoger portadas, tipos de papel, armadas y encuadernaciones, se trabaja en el espacio: con las paredes, el mobiliario, las luces. Juan Pablo y Andrés estuvieron en Cali, y juntos miramos las potencialidades de la sala. Ellos diseñaron los mueblas y planteamos juntos el recorrido, escogieron las paredes que irían con patrones y la del mural. Luego vino un trabajo muy bonito con el equipo del Museo. Los que trabajaron en el montaje son todos artistas: unos construyeron los muebles y pintaron siguiendo la guía que planteó La Silueta, pero dándose libertades; otro dibujó los patrones en las paredes, haciendo realmente suyos los trazos; la productora coordinó el trabajo de todo el equipo, los de comunicaciones hicieron gifs animados y con ellos pensamos las distintas piezas gráficas; y el equipo de Educación se inventó una sala genial, “Virus en movimiento”, que a partir de los procesos de la película de Santiago Caicedo plantea un espacio para que cada visitante realice distintos ejercicios de animación.

JPF: Estoy de acuerdo con Alejandro. En La Silueta pensamos que ser editor tiene es parecido a ser curador, aunque el medio privilegiado del editor sea la publicación y el del curador, la exposición. Aún así, La Silueta ha tratado de mezclar esos dos saberes produciendo proyectos editoriales y expositivos que se complementan. El proyecto de Paola es uno de ellos, y fue muy bonito trabajar en él: pensar los muebles, pensar el espacio. Ella, además, dijo algo muy bonito, y es que desde que vivió en Cali soñaba exponer, como artista en La Tertulia. Esta exposición fue un sueño hecho realidad, de la mano de Alejandro y de nosotros. Siento que se ataron muchas cosas, que se cerró un ciclo muy bonito. Y siento también que fue una curaduría arriesgada, una museografía extraña, nos arriesgamos a hacer todo un mural… Queríamos que los dibujos adquirieran un poder espacial en un espacio que además es muy difícil. Desarrollamos esa puesta en escena para que tuviera contundencia física, en contra de la naturaleza pequeña, delicada, efímera, plana de los dibujos.

 

Paola, ¿es la primera vez que expones tu obra en un museo?

PP: El año pasado expusimos las Chicks On Comics en PROA, en Buenos Aires. Era la primera vez que el cómic entraba a un museo de arte contemporáneo, fue muy emocionante e interesante todo lo que sucedió. Alguna vez expuse en el MAMBO en una colectiva. En Cali hice un performance/exposición en Lugar a Dudas, donde durante 14 días dibujé lo que tenía al frente con un horario laboral. Los dibujos se pueden ver, de hecho, en esta exposición en La Tertulia. Y el antecedente de esta muestra es una que hicimos en La Silueta casa, en Bogotá. Esta es, sin embargo, la primera vez que expongo de manera individual en un museo, y una selección tan grande de mi trabajo. Para mí es muy emocionante, pues yo decidí ser artista y es a eso lo que me quiero dedicar toda mi vida. La ilustración ha sido mi manera de sobrevivir como dibujante, pero yo sobre todo soy artista, esa ha sido mi formación y de alguna manera mi deseo era que se valorara mi trabajo desde ese lugar. Pensé que era imposible que eso sucediera. Así que estoy bastante contenta con lo que ha sucedido.

JPF: Paola tiene esa mezcla entre artista, ilustradora, dibujante, que es una mezcla que no acaba de estar en un solo lugar. Para ella ha habido cierta dificultad de ubicarse en galerías de arte contemporáneo, en ferias o en exposiciones, porque la ven como ilustradora, pero además es una gran dibujante. Esa es una de sus facetas. Y a la vez en el mundo de la novela gráfica también es un personaje raro, porque es vista como artista, porque pinta y hace otras cosas. Eso la hace particular, y es algo juega tanto a su favor como en su contra, porque si uno menciona una sola de sus facetas queda por fuera otra parte enorme de su trabajo.

 

Alejandro, ¿y tú qué crees? ¿Los espacios de los museos se están abriendo a la obra de artistas que antes no tenían cabida? ¿Cómo percibes tú esto en la región, y especialmente en Colombia?

AM: El arte contemporáneo, al querer romper con la idea de que al arte le corresponden ciertos formatos, en principio abre los museos a muchas formas. La cosa es que en muchos casos se encierra en quienes el mismo contexto del arte ha decidido que son artistas. Pero en otros casos, busca ser consecuente y aprovechar esta apertura. Aunque empieza a haber exposiciones de dibujantes de cómic en los museos, son todavía tímidas, y en general los curadores buscan legitimarlas ligándolos a artistas consolidados. Vi una exposición muy buena de Art Spiegelman en el Jewish Museum, pero (modestia aparte) creo que esta es mejor. Porque no es fácil mostrar cómics. Es fácil que el público sienta que es mejor ver los dibujos en un libro. El reto es que sea propiamente una exposición, una experiencia para vivir en el espacio.

En Colombia, sobre todo, creo que debemos celebrar un progresivo renacer de los museos. El largo proceso de revitalización de La Tertulia se ha inspirado mucho en el MAMM de Medellín, donde tuvo, hace un tiempo, una bella muestra Truchafrita, uno de los dibujantes colombianos de cómic más importantes. Ahora miramos con atención lo que está haciendo el MAMBO con La toma del MAMBO, que para mí fue un ejercicio original para invitar a agentes muy distintos que hacen arte de formas muy vitales. El Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá ha hecho un trabajo genial con grafiteros y ha configurado un espacio de una libertad muy especial. En el Museo del Tolima hubo un proyecto con estudiantes el año pasado muy original. El Museo del Banco de la República se siente a ratos un poco cerrado a lo que estamos haciendo los curadores colombianos, pero proyectos que hace el Banco en las distintas ciudades del país como Obra Viva son pioneros en buscar otros modos de trabajo con los artistas. Un proyecto que va en la misma línea es Frente al otro, que fue un trabajo muy interesante con dibujantes –muchos ellos de cómics– que planteaba distintos modos de trabajar con otros para pensar el conflicto colombiano.

 

¿Y cuál es el recorrido específico de La Tertulia en la exposición de artistas como Power Paola?

AM: La Tertulia tiene una tradición muy importante en relación con la gráfica. Las Bienales de artes gráficas de los 70 y 80 incluían artistas gráficos, y a la vez, diseñadores, publicistas. No he visto nada de cómic allí, pero una obra muy importante para el Museo, La danza de la muerte, una serigrafía muy potente de Pedro Alcántara que realizó en el taller de La Tertulia en el 76, tiene un formato en cuadros que parece a la vez un retablo religioso y un cómic. Desde mi llegada, uno de los proyectos más importantes ha sido la Feria subterránea, de gráfica, en la que ha jugado un rol muy importante Luto, gran dibujante caleño de cómic, que hizo una muestra muy especial de sellos en la primera versión. Trabajamos también con Entreviñetas en una exposición de Luis Echavarría y Dash Shaw, donde nos enfrentamos por primera vez al reto de mostrar cómics, haciendo un paralelo entre los dibujos de ambos y jugando con el museógrafo para pensar los fondos y los colores.

¿Juan Pablo, cómo empezó la relación entre Power Paola y La Silueta?

JPF: Conocimos a Paola hace ya unos ocho años, o tal vez más. Publicamos el primer capítulo de Virus cuando era apenas un folletico de 34 o 36 páginas. En ese momento Virus no estaba acabado y decidimos publicarlo por etapas. Por eso el libro completo –la primera edición que hicimos ya compilada– tiene esos tres colores que quieren recordar que se produjo en tres capítulos, a medida que Paola iba dibujando. La nuestra es una relación de complicidad, amistad, de pensar los proyectos editoriales en conjunto aportando desde lo que nosotros sabemos: los papeles, los formatos, inventarse maneras raras de que el libro sea bello, un objeto especial, y a la vez siendo muy respetuosos con un planteamiento de dibujo que ya es muy elaborado, muy sofisticado. Y eso es casi una felicidad para el editor. Los libros vienen muy armados, ella tiene un pensamiento editorial muy pulido. Nosotros nos hemos beneficiado de eso, y del nombre que ella ya se ha ganado, y Paola tal vez se ha beneficiado de esa relación al ser La Silueta una plataforma que se arriesga a hacer cosas raras, y libros de colección. En definitiva, todos nos hemos enriquecido estéticamente, en términos de contenidos y de experiencias.

 

Por último, la apertura de la muestra coincidió con el estreno en salas de cine colombianas de Virus tropical, de Santiago Caicedo. Y como ya lo mencionaron, la muestra tiene una sala dedicada a la película. ¿Fueron proyectos que se alimentaron mutuamente?

AM: Claro, con Santiago Caicedo buscamos que coincidieran porque la exposición y la película conversan de muchos modos. En la película, por ejemplo, el dibujo de Paola no es el mismo de la novela gráfica: incluye muchas técnicas y trazos que ha exploró después, y que se pueden ver en la muestra. Por otra parte, tanto la película como la exposición son dos muestras muy potentes de las formas de colaborar de Paola, y de la libertad que ella da para trabajar a partir de sus dibujos. Y en cuanto a la sala de “Virus en movimiento”, el día de la apertura tuve dos experiencias muy fuertes. Cuando bajé a la sala, vi los dibujos que había hecho la gente que había visitado la exposición: en la forma en que calcaban, en los cómics que dibujaban en los tableros, en su forma de crear fondos, y sobre todo en los chistes que hacían, pude ver que estaban estimulados por el espíritu de Paola, y que se sentían con la libertad de decir y dibujar lo que querían. Fue algo muy potente. Me emocionó mucho ver, a través de sus propios dibujos, cómo Paola había tocado a ese público, y había transmitido algo de su fuerza. Poco después, se fue la luz en el barrio. Y cuando entré a la sala de exposiciones, vi que nadie se salía. Todos sacaron tranquilamente sus celulares y prendieron las linternas para seguir viendo la exposición. Cada uno estaba metido en las historias y los trazos; con la luz de las linternas, cada cual podía contar con su propia intimidad ante los dibujos. Fue un momento increíble que me dejó ver que la exposición les estaba llegando.

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