El 3 de mayo en Madrid o ''Los fusilamientos''. Francisco de Goya El 3 de mayo en Madrid o ''Los fusilamientos''. Francisco de Goya

Francisco de Goya y Rodolfo Walsh, o la mirada de dos hombres atormentados

El 25 de marzo de 2019 el periodista argentino Rodolfo Walsh cumplió 42 años de desaparecido. Y en mayo de este año se cumplirán 205 años de uno de los cuadros más famosos del pintor español Francisco de Goya. Esta es la historia de cómo estos dos hombres se encuentran en la portada de un libro y más allá de ésta.

2019/03/27

Por María Antonia Ruiz Espinal

Cuando Rodolfo Walsh, el periodista y escritor argentino, escribió Operación masacre no pretendía ser un héroe. Recién empezaba a hacer periodismo. Como cualquiera, se había indignado con la historia de las víctimas. Pero más allá de ese sentimiento básico de injusticia, pensó que, tal vez, con semejante historia podría tener la primicia de una gran nota. “No todo fue tan noble y tan claro”, diría después en una entrevista en los años sesenta.

Tampoco quiso ser un héroe Francisco de Goya, el pintor español, cuando pintó los lienzos de El 2 de mayo de 1808 en Madrid (La lucha con los mamelucos) y El 3 de mayo en Madrid (Los fusilamientos). Su intención no era denunciar a los soldados franceses que habían masacrado españoles durante la Guerra de Independencia, sino que pretendía ganarse la confianza del nuevo tirano del pueblo español, el rey Fernando VII, y recuperar su pensión como pintor de la Corte.

La historia, mal contada, se ha encargado de simplificar el mundo en héroes y villanos. En vencedores y vencidos. En víctimas y victimarios. Pero se ha olvidado de que, sin importar el bando, el hombre desde que es hombre necesita comer: algo de qué vivir. No todo ha sido tan premeditado, cierto oportunismo práctico ha salvado la vida de muchos y ha catapultado la carrera de grandes artistas. Talento, azar y hambre ha sido −y es−  tal vez, la fórmula secreta.

Fue así como Goya y Walsh, dos hombres separados por casi dos siglos de diferencia, hicieron del relato de la guerra un proyecto con inmensas posibilidades artísticas. Y sus obras, con el paso del tiempo, se han convertido en grandes referentes: Operación masacre, del periodismo narrativo, y Los Desastres de la guerra, de la representación del conflicto que marcaría un hito en el arte occidental.

3 de mayo en Madrid "Los fusilamientos". Francisco de Goya. Foto: Museo del Prado.

Rigurosamente fusilados

El periodista argentino, también conocido por sus novelas policíacas, acaba de cumplir 42 años de haber sido desaparecido por la dictadura de la junta militar bajo el mando del general Videla. En Operación masacre −su obra maestra de no ficción− Walsh cuenta cómo el gobierno de la Revolución Libertadora, una coalición cívico-militar que había derrocado a Perón en 1955, condenó a fusilamiento, bajo el imperio de la Ley marcial, a un grupo de civiles que se había reunido en una casa ubicada en el municipio de Florida, donde “el pueblo vive a pesar de todo”, a escuchar una pelea de boxeo por la radio.

Y es que justo ese día, el 9 de junio de 1956, un grupo de militares peronistas intentó una insurrección contra el gobierno de la Revolución Libertadora. Antes de la medianoche, a las 23 horas, la segunda comisaría de Florida allanó la casa número 1624 de la calle Florencio Varela bajo las órdenes del jefe de policía de Buenos Aires, el teniente coronel Fernández Suárez. Los detuvieron sin explicación. Sin decirles, los acusaron de haber participado en las revueltas de esa noche. Los llevaron a un descampado contiguo a un basural. Y los fusilaron. Cinco murieron, siete escaparon.

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Goya, por su parte, después de haber sido el Pintor del Rey, el Pintor de Cámara y el Primer Pintor de Cámara en un lapso de 13 años, pasó a la historia como el testigo de la belleza, la grandeza y la guerra. Conocido por sus retratos de penetrante profundidad psicológica, fue con sus representaciones del conflicto con las que el pintor logró un impacto imperecedero. Durante una época de turbulencia política, cuando Napoleón estaba en su cruzada colonizadora y quería ser dueño del mundo, España libraba una guerra con Francia marcada por atrocidades hasta entonces desconocidas en la historia bélica europea. Fue en medio de tanta sangre cuando Goya realizó Los Desastres de la Guerra, que incluían dos lienzos de gran formato y una serie de 82 grabados.

El pintor hizo un álbum de bocetos de asesinatos, torturas y violaciones, y en un lienzo de 1814, retrató a un grupo de españoles que habían sido fusilados por soldados franceses en la montaña del Príncipe Pío seis años antes, en 1808, cuando las tropas francesas llegaron a Madrid. Un día antes del fusilamiento, el 2 de mayo, los españoles tiraron del caballo y lincharon a un soldado francés. El general Murat anunció que cada derramamiento de sangre francesa clamaría venganza y ordenó fusilar a unos 400 ciudadanos, mendigos, artesanos, frailes y campesinos que estaban vendiendo sus productos en el mercado. Los hizo prisioneros y en la mañana del 3 de mayo fueron ejecutados. Así empezó el combate del pueblo contra el ejército en la Guerra de la Independencia.

El arte de contar

Esa pintura del 3 de mayo −que este año cumple 205 años, cinco más que el Museo del Prado, donde se aloja− se convirtió en la portada de la primera edición de Operación masacre, publicada en 1956, un año después de los fusilamientos en la montaña de basura de José León Suárez, un barrio de invasión contiguo a un descampado en Argentina. Pero a Goya y a Walsh los une algo más que una carátula, el relato de una carnicería y la violencia de una época. El trabajo de ambos es, quizá, la confluencia perfecta entre la luz y la sombra, que se nota en igual medida en la pintura del español como en la crónica del argentino.

Portada de la primera edición de "Operación Masacre".

Y es que la obra de Walsh está rodeada de intriga, suspenso y descripciones minuciosas. En su escritura de no ficción está la técnica de sus novelas policiacas y la influencia de los autores que ha leído. Tiene ritmo. Casi parece que hace poesía. Su escritura es cortante y seca. Es extensa como la pampa argentina y ligera como un río traslúcido que se detiene cada tanto en las piedras del camino. La literatura es su mejor arma, pero la realidad se vale por sí sola: la historia que cuenta es verdadera a pesar de sí misma.

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En esta misma línea, como explican Rose-Marie y Rainer Hagen −historiadora y filóloga y literato y dramaturgo, autores de Goya de la serie de Basic Art de Taschen− los tonos sombríos, las pinceladas rápidas y el uso agresivo del claroscuro en las pinturas y grabados de Goya traen a la memoria la obra de Velázquez y de Rembrandt. La diferencia es que los asuntos que éste aborda no tienen precedentes en cuanto a brutalidad y honestidad. Con Los Desastres de la guerra, y desde que hizo la serie de grabados Caprichos, Goya pasó de ser un elegante pintor de la Corte a un espectador atormentado del sufrimiento y lo grotesco.

Fue un innovador. En sus imágenes no tomó partido ni por Francia ni por España. “Tanto franceses como españoles son víctimas de la crueldad y en muchas ocasiones ni siquiera resulta fácil observar en qué bando mata o muere cada uno. Todo esto resulta nuevo en el arte occidental”, explica Hagen. Ese punto diferenciador está en que desde los egipcios y los griegos, la representación de la lucha siempre ha servido para honrar a los vencedores. Sin embargo, a Goya solo le interesó reflejar cómo trataban los hombres a los hombres, cómo el caos y la lucha hacían de los ciudadanos bestias. Y para esta novedosa forma de ver la guerra, Goya encontró nuevas formas de representación.

Y Walsh no se quedó atrás. Explica Leila Guerriero en la introducción de Operación Masacre, que “cuando faltaban ocho años para que un hombre llamado Truman inventara aquello de la novela de no ficción, mucho antes de que se insinuara un cruce posible entre periodismo y literatura y a décadas de que alguien pensara en la posibilidad de escribir la palabra ‘arte’ junto a la palabra ‘crónica’, Walsh lo sabía todo”. Era, también, un adelantado a su tiempo. Y un hombre de mirada atormentada que renunció a su trabajo, se cambió de nombre y de residencia para, durante un año, no pensar en otra cosa que en encontrar a los sobrevivientes de la masacre.

Es así como la crónica de Walsh y la pintura de Goya, más allá de abordar un mismo tema, se encuentran en lo que son: legítimas obras de arte. Ya decía Guerriero que hay crónicas sólidas que encierran una visión del mundo y se reconocen como una forma de arte y no como pegotes amasados para llenar dos columnas de un diario. Son crónicas que toman del cine, de la música, del cómic o de la literatura elementos como el tono, el ritmo, la tensión argumental y el uso del lenguaje para construir una forma de contar. Un estilo que hace de las palabras y de los brochazos de luz en un lienzo una forma de arte. Una denuncia. Un llamado político: el tiro de gracia entre la pintura y el periodismo.

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