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La consagración

Fue seleccionado como el único colombiano que participará en la Bienal de Venecia en junio próximo. Su obra fue la mejor cotizada en la pasada edición de Art Bassel en Miami. Y fundó en Cali un sitio de encuentro para artistas que le cambió la cara a un medio cultural en decadencia. ¿Qué piensa Muñoz de tanto éxito? Arcadia lo entrevistó en su ciudad.

2010/03/15

Por Humberto Junca

Para ver a Óscar Muñoz en una reunión hay que buscarlo dos veces. Pasa inadvertido, no se hace notar, tiene la rara cualidad de desvanecerse. Ese estado gaseoso, que para algunos puede ser un inconveniente, es para este artista nacido en Popayán la ventaja que le ha permitido desaparecer para experimentar con rigor durante años los problemas del dibujo como huella (de un elemento que raya o moja o mancha o tizna o flota) y su permanencia sobre una superficie. Así el artista y su obra parecen compartir ese raro y delicado estado inmaterial. Como una vieja fotografía desgastada y borrosa o una sombra tras la cortina. Esto no deja de ser extraño en el medio artístico colombiano que castiga con indiferencia a quien no se mantiene perfectamente enfocado como centro de atención. Sin embargo, ese estado de anonimato amenaza hoy con derrumbarse: Muñoz se ha convertido en el artista colombiano contemporáneo con mayor proyección internacional después de Doris Salcedo, otra presencia invisible. Está claro que los dos saben que lo que vale en las artes no es aparecer en las revistas, sino perseverar sin descanso en la investigación de su propio proceso plástico. Pero es que la invisibilidad en el caso Óscar Muñoz era hasta ahora sobrenatural. A diferencia de Salcedo, que ha preferido no exhibir en Colombia, ¿cómo no reparar en las maravillosas exhibiciones que desde los setenta viene haciendo Muñoz? Claro, la mayoría de sus obras son delicadas y silenciosas, como miniaturas de acontecimientos; todo lo opuesto a lo que nos gusta ver (lo grandilocuente, lo espectacular, lo escandaloso). Aun así, ¿cómo no conocerlo después de Volverse aire el libro de 2003 con el cual María Iovino analiza minuciosamente su obra y su contexto? ¿Y cómo no reparar en el generoso esfuerzo que desde hace poco más de un año viene haciendo como gestor y director de Lugar a Dudas el espacio cultural más importante que tiene Cali en este momento? Para los muchos que no lo conocen, este texto intentará fijar momentáneamente al inasible artista que representará al país en la próxima Bienal de Venecia.

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