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La delgada línea roja

¿Cuál fue el punto de ruptura entre el arte que conocíamos antes, de grandes salones, premios y jurados de selección, y el presente, en donde priman las curadurías? ¿Cuál es la frontera entre artistas y curadores?

2010/03/15

Por Humberto Junca

En los últimos meses se ha llevado a cabo un cambio radical en las maneras de convocar y participar en los diferentes espacios de arte en Colombia. Donde antes concursaban artistas, ahora concursan curadores. Salones impulsados por el Estado como el Salón de Arte Joven, o por la empresa privada como el Salón del BBVA dejaron de ser espacios de “convocatoria abierta” a ser espacios de curaduría. Este giro aún no se asimila y tiene descontentos a muchos artistas que sienten su posibilidad de participación cada vez más lejana, mientras a regañadientes buscan curadores que se interesen en su trabajo… o se vuelven curadores ellos mismos. Para comprender el porqué de esta ruptura, hay que señalar al directo responsable: las curadurías regionales que conformaron el 40 Salón Nacional de Artistas cambiando así su naturaleza de manera radical, en oposición a una tradición que se remonta a 1886 cuando Alberto Urdaneta declaró abierta la Primera Exposición Anual de Bellas Artes (copiando seguramente el patrón instaurado desde 1830 por el Salón Anual de París). Desde entonces (exceptuando algunas interrupciones) reinaba el “Salón” en Colombia como la forma mejor de exhibición colectiva. Había salones de pintura, de escultura, para viejos, salones de arte joven, salones universitarios, salones públicos y salones privados, salones anuales, salones bienales, de arte popular, regionales y, por supuesto, el más grande e importante, el tan mentado Salón Nacional. Así, podría decirse que la palabra Salón se convirtió en nuestro país en sinónimo de arte y participación. Hasta hace un par de años cuando la revolución del curador aparece, señalando la decadencia de la monarquía salonera.

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