'Neo extra activismo', una acción del colectivo Etcétera en el marco del proyecto "Carretera al mar". 'Neo extra activismo', una acción del colectivo Etcétera en el marco del proyecto "Carretera al mar".

Acción Errorista: una marcha carnavalesca contra el 'neoextractivismo'

#ColombiaEsNegra | En el marco del proyecto “Carretera al mar”, un proyecto del Instituto Goethe y el Museo la Tertulia de Cali, participamos de la acción performática 'Neo extra activismo' del colectivo argentino Etcétera: una caricaturesca protesta y reflexión acerca de la violencia neo-extractiva en el territorio sudamericano.

2018/08/09

Por Felipe Sánchez Villarreal

Este artículo hace parte de nuestro cubrimiento especial de "Carretera al mar", un proyecto del Goethe Institut y el Museo la Tertulia. Lea todos los contenidos del especial #ColombiaEsNegra haciendo clic aquí.

“La Internacional Errorista es un movimiento que nació por error”. Vestida de mazorca y con unas contundentes gafas oscuras, la artista y activista Loreto Garín espera a que la batería del megáfono cargue para convocar a una marcha. Una marcha no: una Acción Errorista. 

En la entrada del Museo La Tertulia, sobre la ribera del río Cali en la capital del Valle del Cauca, se empiezan a acumular los asistentes, que miran con sorpresa y risa nerviosa cómo tres personas disfrazadas de maíces tiernos —¡choclos, choclos transgénicos!— comienzan a entregar, una por una, pancartas de huelga. “Neo-extractivismo”, dice. Y luego: “Cógeme la caña. Endúlzame el odio”.

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Garín es una de las fundadoras y coordinadoras del colectivo argentino Etcétera. Junto a su compañero Federico Zukerfeld, que recién se empieza a vestir con la vibrante lona verdeamarilla en las escaleras del museo, han estado organizando acciones artísticas desde 1997 en toda América Latina. Acciones articuladas en una jubilosa mezcla entre el teatro, la poesía, el performance y las artes visuales. “Pasamos de Etcétera a la Internacional Errorista en 2005, cuando se realizó la Cumbre de las Américas en la ciudad de Mar del Plata (Argentina)”, cuenta. “Ahí nació este movimiento”. 

Ese 2005, el entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush visitaba Argentina. “Bush, el más poderoso del mundo en esos momentos, venía a hablar de la Ley Antiterrorista para todos los países de Latinoamérica”, recuerda Garín. En vísperas de la Cumbre, antes de su llegada, el colectivo empezó a pensar una acción “que trataba la idea del trabajo que los medios de comunicación hacen de la imagen del terrorista”. Comenzaron a estudiar, entre otras, “cómo desde la CNN se creaba la imagen del árabe como terrorista”. En un intento de parodiar y sacudir la Cumbre desde esas representaciones, uno de sus compañeros escribió un manifiesto: Teatro y terrorismo.

“Cuando llegó a nuestras oficinas, nos presentó el documento de Word y tenía un error. Decía Teatro y errorismo. Buscamos en el corrector y nos daba dos posibilidades: terrorismo y erotismo. Nos reímos, vimos que era un descubrimiento, una palabra que no existía. En Google no había búsquedas relacionadas. Dijimos: Descubrimos un nuevo –ismo. Entonces escribimos otro manifiesto”.

Así nació el Errorismo. Y con él, las Acciones Erroristas. 

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Con el micrófono a todo volumen, bajo su tusa textil, Zukerfeld convoca manifestantes. “Nos inyectaron algo en el ADN que está muy bueno: no quiero que se me baje, quiero que se me quede siempre. Transpiro sudor, veneno, quiero que se me quede. En vez de usar Gucci, prefiero esto: prefiero el glifosato. Ese es mi perfume”. 

La manifestación parte de La Tertulia. Los treinta asistentes a la acción ríen y sostienen sus carteles con entusiasmo. Despliegan una bandera dorada: “Neo extra activismo. Acción Errorista”.

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Por la ribera del río Cali, Garín y Zukerfeld intentan animar al grupo —uno conformado por curadores, artistas, ciudadanos desprevenidos y activistas solidarios con la causa de la Guardia Indígena del Cauca— con arengas. “El neoextractivismo no es solo la minería, es también lo que ocurre con los museos y las redes sociales”, explican. “Esas resistencias que quedan atrapadas”.

Etcétera, la Internacional Errorista, ha participado en varias exposiciones internacionales y su defensa de la tierra y las siembras originarias contra las economías extractivas los ha posicionado como uno de los colectivos artístico-políticos más contundentes de Suramérica. En 2011, estuvieron en la edición 52 del Salón de Octubre en Belgrado; en 2014, en la 31ª Bienal Internacional de Arte de São Paulo y en 2015 participaron de la Stadtkuratorin de Hamburgo. Ganaron hace cinco años la segunda edición del Premio Internacional de Arte Participativo en Boloña y, más adelante, obtuvieron el Premio Príncipe Claus de Holanda. 

Desde el compromiso político y el posicionamiento frente a los conflictos sociales de América Latina, sus Acciones Erroristas han ido desde la defensa del territorio hasta el cuestionamiento de la forma como se han hilvanado las memorias oficiales de las desapariciones en la dictadura argentina. Con humor y picardía, dice el texto curatorial de su acción, pretenden “generar una carnavalesca imagen de protesta y reflexión”.

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Gritan: “¡Por la tierra, carajo! ¡El pueblo no se rinde, carajo!”. Y una voz irónica: “¡Choclo transgénico! ¡Soy un choclo que quiere ser popcorn!”.

Veinte minutos de caminata —esa suerte de caricatura de manifestación— y una de las líderes se detiene. Se detiene y lee un comunicado en apoyo a la Guardia Indígena y a las resistencias en el Norte del Cauca. “Vemos la urgencia de convertir cada rincón del planeta en un punto de liberación. No solo para resistir: es necesario pasar a la ofensiva”. El amarillo del traje de mazorca contrasta con el verde y el rojo de la pañoleta de la Guardia; de fondo, su himno.

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Ya frente al Centro Administrativo Municipal, que alberga la Alcaldía Municipal, el grupo se encuentra con el campamento de pobladores rurales, comunidades negras e indígenas que desde hace más de diez días protestan por una compleja resolución de Parque Nacionales en Farallones que, aún con la intención de frenar daños ambientales, dicen, afectaría sus territorios. “Aunque nosotros seamos choclos de ciudad, contaminados y con glifosato”, arenga Garín, “estamos con ustedes, choclos originarios”. Una bulla larga de los asistentes a la acción performática se mezcla con la de los manifestantes indígenas. “¡Que vivaaaaa la mazorcaaaa!”.

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