Autoretrato, 1889, Paul Gauguin Autoretrato, 1889, Paul Gauguin

La libertad radical de Paul Gauguin

ARCADIA habló con Matteo Moneta, guionista del documental ‘Gauguin en Tahití: El paraíso perdido’, sobre la forma en que la libertad radical de Gauguin lo convirtió en un rebelde que redefinió el arte occidental.

2019/08/16

Por Julián Santamaría

Eugène-Henri-Paul Gauguin, conocido como Paul Gauguin, nació  el 7 de junio de 1848 en París, Francia. Pasó sus primero años de vida entre Lima, Perú, donde algunos de sus familiares estaban asentados, y Orleans, en Francia.

A los diecisiete años se embarcó en la marina mercante y la armada francesa. Posteriormente, se instaló en París, donde un empleo en las finanzas le permitió vivir una vida muy acomodada. Con la fortuna que amasó empezó una  colección de arte privada que incluía obras de los grandes artistas franceses del momento: Édouard Manet, Paul Cézanne, Camille Pissarro y Claude Monet.

Fue tal su interés por el arte que se gestaba en Francia en el siglo XX que, tan pronto tuvo la oportunidad, buscó acercarse a Camille Pissarro. Este apadrinó a Gauguin y le permitió ser su protegido mientras incursionaba como artista en los círculos bohemios de la época. Así se hizo amigo de Edouard Manet, Edgar Degas y Pierre-Auguste Renoir.

Así mismo, entró en contacto con el círculo de poetas simbolistas franceses, y conoció a Stéphane Mallarmé, Arthur Rimbaud, y Paul Verlaine. La propuesta de los simbolistas de abandonar las formas tradicionales en la literatura, para permitirle a una fuerza emocional, interna y personal tomar prominencia, es de una manera importa paralela a la manera en que Gauguin concebía y pintaba sus obras.

Pero su amistad más cercana fue la de Vincent Van Gogh. Junto a él se convirtió en uno de los máximos exponentes del movimiento postimpresionista, donde empezaba a primar un desarrollo personal que iba más allá de captar las impresiones que estimulaba el mundo exterior.  Ese hecho se tradujo no solo en el tema de cada obra, también en cada elemento de su forma de pintar, en la técnica de sus pinceladas y en su composición. 

En 1880 fue invitado por primera vez a exponer junto a los impresionistas, y lo volvería a hacer en los dos años posteriores. Por el desplome de la Bolsa de París de 1882, perdió su trabajo y se dedicó de manera exclusiva al arte.

Empezó a vender vasijas de cerámica y, en búsqueda de una vida tranquila que le permitiera dedicarse a su arte, viajó a Pont-Aven, en la región de Bretaña. En esa región pintó un número importante de obras y allá también empezó a interesarse por la vida rural que contrastaba con el auge de un mundo moderno en la metrópolis que era París. Esa concepción de un mundo premoderno y prístino empezaron a obsesionarlo y de ahí nació una exploración de formas de carácter más simbólico, como Le Christ jaune (El Cristo amarillo)‘ (1889), formas alejadas de lo que el impresionismo dictaba.


La danse de quatre Bretonnes (Danza de cuatro bretonas), 1886

Después de vivir una difícil temporada  de invierno, decidió embarcarse hacia tierras que lo acercaran más a esa vida premoderna. Entonces, en abril de 1887, zarpó hacia la isla de Martinica. Allí, pintó obras como Végétation Tropicale, Martinica (Vegetación Tropical), en las que se evidencia su rompimiento con la concepción y ejecución de la pintura impresionista. Su interés por lo “primitivo” empezaba a tener un papel preponderante en sus pinturas y esculturas. 

Regresó a su país y entabló una relación con quien sería uno de sus amigos más cercanos en el mundo del arte: Vincent Van Gogh. La afinidad artística con el pintor holandés le hizo acompañarlo a su Casa Amarilla, en el sur de Francia, para establecer un estudio. Sin embargo, la relación se tornó difícil y, en un episodio impregnado de leyenda para la historia del arte, Van Gogh perdió su oreja. 

Queriendo regresar a un mundo ‘primitivo’, Gauguin viajó a Papeete, capital de la Polinesia francesa, en junio de 1891. Llegó con la expectativa de encontrar escenas como las descritas por el entonces popular escritor francés Pierre Loti. El mismo autor que había inspirado antes la visión del oriente que tenía Claude Monet. De esta manera, sus pinturas empezaron a proyectar las influencias de la tradición artística de Oceanía, y su  hibridación entre su conocimiento de la tradición pictórica occidental con las nuevas influencias era evidente.

Ya en la isla, se desencantó con una realidad que creía “corrompida” por las dinámicas coloniales. Aún así, en este período produjo algunas de sus obras más reconocidas. Y convencido de que sus obras serían aplaudidas, en 1893 regresó a París. Sin embargo, su personalidad y obra eran consideradas extravagantes para los gustos que regían los círculos artísticos del momento y no recibió la atención que esperaba. 

Sintiéndose fuera de lugar, en 1895 regresó a Tahití con ánimos renovados. Seis años más tarde, en 1901, se instaló en la isla de Hiva’Oa, y con ayuda de los locales construyó su ‘casa del placer’ que decoró con motivos maorí. Siguió dedicando su vida a la pintura, pero también se empezó a relacionar con los locales en maneras que incomodaban a algunos habitantes de la isla. Especialmente, las autoridades locales miraban con muy malos ojos  su relación con las jóvenes locales. La más conocida fue con Teha’mana, de tan solo 13 años, con quienes mantuvo relaciones sentimentales y afectivas. Después de contraer una sífilis, murió allí. 


L‘Invocación (La invocación), 1903

ARCADIA habló con Matteo Moneta, encargado de escribir el guión del documental Gauguin en Tahití: El paraíso perdido junto al historiador del arte Mateo Goldin. Se discutió sobre el impacto en el arte moderno y contemporáneo del espíritu radicalmente libre del artista, de su pintura, y de su búsqueda incansable de un mundo fuera de la modernidad.

¿Cómo se preparó para abordar a Gauguin? 

Me preparo siempre de diferentes maneras. Primero, me encargo de leer tantos libros y catálogos sobre del artista como pueda. Cada vez que me acercó a un artista, intentó utilizar sus propias palabras tanto sea posible: leo sus diarios, cartas y memorias. En el caso de Gauguin, hay una gran cantidad de textos dirigidos a familiares y amigos. Además, varios escritos autobiográficos, de los cuales Noa-Noa es el más conocido. Y claro está, utilizar internet me permite estar al tanto de las noticias que van surgiendo sobre sus obras, que hoy en día se encuentran en museos y colecciones de todo el mundo. 

Antes de empezar la investigación, ¿que sabía sobre la vida y obra de Gauguin?

Conocía algunos aspectos de su búsqueda  existencial, de sus pinturas y su estética. No conocía tanto la historia de sus primeros años y todo lo que lo llevó a tomar ese impulso para llevar su arte más allá del impresionismo. Es decir, cómo empezó a explorar con nuevos sujetos y nuevas técnicas para pintar.


Te Pape Nave Nave, 1898

Es un verdadero reto de retratar un personaje cuya vida tiene tantos episodios, venturas y desventuras. ¿Qué dificultades encontró al momento de abordar a alguien como Gauguin?

Lo más difícil fue contar su historia en tan solo una hora y media. Tuvimos que renunciar a algunas partes y es difícil escoger cuando tienes un personaje tan interesante. Hay episodios de su vida que son dignos de un libro de aventuras. De hecho, leyendo El paraíso en la otra esquina de Vargas Llosa, reconocí uno de los elementos que tuvimos que dejar de lado: la historia de  su abuela: Flora Tristán. Ella también es un personaje excepcional y merece su propia película. Por eso, para hacer todo más comprensible, optamos por tener una narración en la que se estableciera una relación directa entre cada época de su vida y la forma en que se desarrolló su arte.

Parte de esa historia de vida incluye a la soledad y el hecho de ser incomprendido en cada uno de los lugares en los que vivió...

De acuerdo. Su historia tiene un final triste. Y creo que, como pocos, demostró algo que, aunque todos conocemos, se olvida fácilmente: que la vida tiene demasiados matices, demasiadas dimensiones. Especialmente cuando se trata de alguien que sufrió tanto pero que no perdió la oportunidad de soñar y traducir su experiencia en tanta belleza. Pero no se puede olvidar que, a la vez ,era un hombre realmente egoísta, mujeriego, y al que le costaba abandonar su vida hedonista y llena de excesos.

Cuando tienes estos personajes, no debes esconder estos matices de su vida, así se trate de los más oscuros. La complejidad es cada vez más escasa en el mundo contemporáneo. Ahondar en su vida fue un proceso hermoso y espero haber sido exitoso transmitiendo toda esa complejidad.  

Junto a Van gogh fue uno de los exponentes del postimpresionismo ¿Cómo se dio ese proceso de alejarse de sus maestros y antecesores?

Siempre me ha impresionado este tipo de artistas capaces de lograr un verdadero cambio en el arte. Él es uno de ellos. Replanteó la manera en que su generación entera entendía el arte y, en gran medida, le debemos lo que hoy consideramos arte. Basta con mirar hacía la época donde nació para darse cuenta de lo grande que fue ese cambio.  Cuando terminé todo, lo que me causó una impresión más profunda fue entender que su búsqueda era algo realmente puro. 

Es muy interesante porque, aunque Gauguin aprendió mucho con los impresionistas, siempre se sintió diferente. Y, a medida que pasó el tiempo, estas diferencias se hicieron más evidentes. Así como los impresionistas celebraban la modernidad, lo que estaba allí,  no solo la campiña, sino las estaciones de trenes, la vida del común, él se interesaba por una vida más personal, interna, que eventualmente lo llevó a buscar escapar de todo lo que consideraba moderno. Por eso, su arte pasó a tener una visión interna, mental, buscó tradiciones que nutrieron su manera de concebir el arte, esa manera de hacerlo terminó siendo revolucionaria. 


Fatata te Miti, 1892

La vida de Gauguin también tiene matices problemáticos, especialmente en su relación con las mujeres locales de Tahití...

Su relación con las mujeres es muy conocida. En el documental siempre tuvimos la intención de narrar los hechos tan cerca de la realidad como fuera posible, aunque para las dramatizaciones actuaron actrices mayores de edad. No intentamos esconder la realidad.  No se puede esconder que hizo, pero tampoco es tan fácil juzgarlo. En la película, se hizo explícita cuál era el tipo de relación que tenía con las mujeres locales. No se debe olvidar que, en gran medida, uno establece su comportamiento moral en referencia a las leyes con las que convive en sociedad. Y, en esa época, casarse con mujeres en ese rango de edad era totalmente legal. Era algo que aplicaba para la ley francesa y sus colonias. Claro que uno puede argumentar que se trataba de un hombre educado que venía de la metrópolis, y es difícil creer que no fuera consciente de que este tipo de relaciones tienen algo de problemático. Afortunadamente, las cosas han cambiado y hay una verdadera conciencia y sensibilidad sobre el crecimiento de los niños, fisica y psicologicamente.

¿Qué nos puede enseñar Gauguin sobre el presente?

Su búsqueda, porque ese deseo de conocer a profundidad lugares desconocidos es parte de todos nosotros. Para entonces, ir hasta Tahití desde París era algo así como ir a otro planeta, mientras hoy se toma un avión. Tan solo esto nos demuestra que su búsqueda fue heroica y sincera. Y eso es algo que a mí, personalmente, me conmueve. Creo que eso nos debe dar una nueva perspectiva sobre cómo nos entendemos como personas que se desempeñan en la civilización, sobre nuestra capacidad de ser críticos con la sociedad en la que nacemos y crecemos.

Otro contraste interesante es la cantidad de sufrimiento que afrontó. No solo el dolor físico, el verse enfrentado a la pobreza, y su habilidad de transformar todo esto en imágenes hermosas, pacíficas, serenas, que te hacen creer que otra vida, otra dimensión, es realmente posible. Creo que el gran valor de su obra es ese coraje que tuvo en la búsqueda de su arte y el poder darle forma a sus deseos en otras dimensiones.

 

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