'Auras anónimas', la intervención de Beatriz González en los columbarios del Cementerio Central. Foto: Iván Darío Herrera. 'Auras anónimas', la intervención de Beatriz González en los columbarios del Cementerio Central. Foto: Iván Darío Herrera.

La molestia de Peñalosa con la decisión de declarar patrimonio cultural los columbarios del Cementerio Central

El alcalde Enrique Peñalosa se despachó en Twitter contra el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural por la decisión de impedir la construcción de un parque sobre la obra de Beatriz González.

2019/10/11

Por RevistaArcadia.com

El pasado jueves, La W informó sobre una resolución que tenía en vilo al sector cultural desde el año pasado. En la sexta sesión ordinaria del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural se tomó la decisión de incluir los columbarios y Auras anónimas la obra de 2007 en la que la maestra Beatriz González elaboró nuevas placas funerarias con siluetas humanas para rendir homenaje a los muertos del Bogotazodentro de la declaratoria como bien de interés cultural del ámbito nacional del Cementerio Central de Bogotá.

El Consejo argumentó que, además del valor artístico y cultural de la obra de la artista santandereana, el lugar “rescata la memoria de todas aquellas personas que fueron enterradas allí desde el momento mismo en que se construyó el cementerio central en el siglo XIX, incluidas la víctimas anónimas del 9 de abril de 1948”. En la decisión se insistió en que la arquitectura misma debe ser conservada y preservada con la obra de la maestra González “como un monumento público abierto que invite a la reflexión y la contemplación”.

La Alcaldía de Bogotá, que ahora está obligada a garantizar la preservación de los cuatro pabellones fúnebres, se ha mostrado indispuesta y en oposición frontal a la decisión. El alcalde Enrique Peñalosa publicó al menos once trinos en su cuenta de Twitter cuestionando al Consejo Nacional de Patrimonio y minimizando el valor patrimonial de una obra como Auras anónimas:

En mi ignorancia no había visto lo que vieron los sabios del Consejo Nal de Patrimonio: q (sic) estos dibujos tenían la importancia del Coliseo de Roma y debían preservarse eternamente en un lote de $80.000 millones, en vez de hacer allí un parque recreo deportivo para niños y jóvenes”.

“En cocteles de Londres y París artistas e intelectuales chapinerunos con expresión trascendental explicarán cómo su obra en lo que debió ser un parque expresa lo terrible de la violencia. No dirán que dejar a miles de niños y jóvenes sin parque causa drogadicción y violencia”,

“Con la decisión de convertir en Patrimonio Nacional unas tumbas desocupadas construídas en 1945 (no se trata por supuesto del Cementerio Central) en vez de un parque con campos deportivos, habrá menos niños y jóvenes deportistas y más carrán en la drogadicción”.

Los ataques de Peñalosa, que vienen de años atrás, están relacionados con los obstáculos a los que se ha visto enfrentado para concretar su proyecto de construir un parque en el lote aledaño al Cementerio Central, por obligación de preservar los columbarios intervenidos por la maestra González. El crítico Halim Badawi detalló muy bien el caso el año pasado en ARCADIA y habló con la artista, quien encendió las alarmas sobre la posible demolición del lugar que implicaría la construcción del parque. “Peñalosa ha tenido siempre cuatro cosas en la cabeza que no alcanzó a hacer: meter Transmilenio por la Séptima e intervenir el Parque de Tominé, la Reserva van der Hammen y los columbarios del Cementerio Central”, dijo en ese momento.

El 28 de febrero pasado, a través de un acta presentada por la Alcaldía de Bogotá, se dio a conocer un proyecto para “desafectar el carácter patrimonial del espacio” con el plan de construir el parque. El sector cultural presionó para que no prosperara y, con la decisión del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, será muy difícil que Peñalosa pueda sacar adelante su proyecto.

Los columbarios se han vuelto un espacio de recogimiento y memoria, cercano al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación y a los proyectos culturales que se tienen planeados para el eje de la avenida El Dorado. También, como anotó González en una entrevista, un lugar de encuentro de turistas internacionales, por lo general coleccionistas y galeristas, que viajan a Bogotá solo para conocer el lugar y la intervención de quien hoy es uno de los principales referentes del arte contemporáneo colombiano. A eso se le suma el valor económico de una obra fundamental que, según algunos galeristas, podría llegar a los 1,5 millones de dólares.

Con la decisión de esta semana, como anotó Paula Bolívar en La W, “se amplía el concepto de lo que es el Patrimonio Cultural y abre un debate sobre otras obras”. Como concluyó Badawi cuando informó del caso, “habría que preguntarse si el escenario de que el gobierno, en cabeza de la Alcaldía de Bogotá, demuela una obra de arte de este tipo no constituye un detrimento patrimonial para todos los colombianos. Mientras todos los países adquieren arte y conservan su patrimonio para enriquecer lo colectivo, el espacio público y los museos, probablemente Colombia constituye un caso sui generis en esta escena al demoler bienes que sus mayores artistas han legado a la posteridad”.

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