'Lágrimas' de Carlos Motta. Cortesía de la Universidad Nacional de Colombia. 'Lágrimas' de Carlos Motta. Cortesía de la Universidad Nacional de Colombia.

‘Lágrimas’: una instalación que retrata el sufrimiento

El artista Carlos Motta utiliza objetos históricos para mostrar el dolor del ser humano. Se inaugura el 28 de octubre en Bogotá.

2017/10/26

Por RevistaArcadia.com

El artista colombiano Carlos Motta inaugurará el próximo 28 de octubre su instalación Lágrimas, un proyecto que está compuesto por un video de catorce minutos (que cuenta con una banda sonora hecha por el compositor Ian Turner), máscaras de cera y objetos patrimonioLa exposición se instalará en el Claustro de San Agustín, ubicado en la carrera 8#7-21 en Bogotá.

Bajo la curaduría de María Belén Sáez de Ibarra, se creó la instalación con el fin de ejemplificar y explorar las formas en que los seres humanos sufren. Los objetos históricos son utilizados como herramientas: giran en secuencias dispares y se ‘moldean’ según la enfermedad que aflije a distintos sujetos.

El video de Motta es una metáfora para lo doloroso y angustiante que puede ser vivir. La obra también recalca que esto es un sentimiento que ha persistido a través de los siglos y que está presente en todas las edades humanas. Según Ibarra, lo que busca Motta es mostrar es que estar herido es una condición permanente en el ser humano.

Los componentes utilizados en la obra son muy directos. Desde el nombre mismo, Lágrimas, que refuerza la idea de sufrimiento, y hasta la música, que es melancólica. Precisamente Ian Turner, el compositor, se basó en la pieza musical Lachrimae de John Dowland, la cual ahonda en los mecanismos de llorar y sus causas.

En general, el video denota la fragilidad con la que se nace y con la que se vive a lo largo de los años. Motta hace un énfasis importante en destacar todo lo patológico y diferente, aquellas enfermedades raras y la anormalidad a la que se enfrenta el ser humano.  Hasta muestra las lesiones causadas por el sífilis en todas las extremidades, las caras y los genitales de una variedad de pacientes. 

Motta se adentra en un campo difícil de explorar para conectar su obra con la realidad del cuerpo humano. No muestra una aflicción idealizada, con cuerpos pálidos y delgados. En vez, el artista pone en escena la dura realidad de la enfermedad y las heridas para celebrar la capacidad humana para sobrellevar el sufrimiento, algo que en algún momento de su vida experimentan todos.

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