Ospina posa con 'Castillo mágico'. Ospina posa con 'Castillo mágico'.

El castillo azul de Nadín Ospina

El escultor colombiano exhibe en la Galería AH Fine Art de Medellín una retrospectiva temática de su obra que abarca cuatro décadas de su producción artística. Arcadia habló con él sobre la muestra y su trayectoria.

2017/11/23

Por Daniel Grajales Tabares

A Nadín Ospina se le estaba derrumbando un castillo. A finales de la década de 1970, el decano de la facultad en la que Ospina estudiaba Artes plásticas le decía que mejor lo pensara bien, que buscara hacer otra cosa.

Pero el curador Alberto Sierra Maya, de Medellín, lo invitó a los Salones Rabinovich del Museo de Arte Moderno (MAMM) de la ciudad, ratificando su capacidad creativa, su innovación en el desarrollo de los conceptos y en el uso de los materiales. Ospina ahondó en la fantasía, lo mágico que hay en el imaginario infantil y lo pop, desarrollando un compendio de obras que llevan ya más de cuatro décadas circulando, vendiendo y recibiendo crítica.

El pasado 18 de noviembre, en la Galería AH Fine Art, ubicada en el Centro Comercial San Fernando Plaza, el artista se reencontró con Medellín. Ospina inauguró Arte de magia, una retrospectiva temática de su obra, que revisa desde su serie Amazonía (1986-1989) hasta su trabajo más reciente, titulado Mutaciones (2017). La exposición cuenta con piezas como Santuario (1991), El gran sueño americano (1992), Oniria (2001), Críptidos (2013) y Del otro mundo (2016).

La muestra, integrada por 40 obras, estará abierta al público hasta enero de 2018. En ella seres extraterrestres conversan con figuras prehispánicas, alienígenas aterrizan en la tierra, Superman bebé viaja en un cohete hacia la tierra proveniente de lejanas galaxias y pajaritos se posan sobre el rostro del artista hecho en resina de poliéster. Sobre todos preside  Castillo mágico, hecho en bronce y pintado de azul rey.

Desde Medellín, Nadín Ospina nos contó sobre sus intereses artísticos, sus búsquedas y cómo ha evolucionado desde su primera muestra en la ciudad.

Nadín, hace ya varias décadas que comenzó a trabajar el tema de la magia y el universo de lo fantástico. ¿Cómo ha cambiado su aproximación a él?

Se ha vuelto más puro, más aproximado al universo de la poesía, a una interioridad, a valorar las cosas más pequeñas. La preponderancia de lo pequeño fue el título que elegí para mi última obra, que la elaboré la semana pasada, y eso nos da una pista de hacia dónde van las cosas. Es una mirada hacia el universo de las cosas subvaloradas.

Sin embargo, entre tanta magia, usted ha querido hacer una serie de reflexiones, un poco de crítica...

Siempre hay una mirada reflexiva, crítica, siempre hay un comentario soterrado, oculto.

Por ejemplo, en esta última serie Mutaciones, ese título de La preponderancia de lo pequeño tiene que ver con un cuestionamiento a cómo el universo del arte contemporáneo es un universo donde el gigantismo, donde las producciones performativas de grandes dimensiones, donde lo exagerado, en algún sentido, se vuelven la decisión curatorial de moda. En ese sentido, de manera obstinada, yo decido producir unas piezas que son absolutamente pequeñas, íntimas, personales, poéticas, apartadas de esa exigencia curatorial contemporánea de magnificencia.

Su obra tiene matices del imaginario infantil, como por ejemplo Supermán. ¿Hay momentos de su propia infancia en ello?

Sí. El universo del juguete siempre está presente la obra, los recuerdos infantiles, la lúdica, forman para de ella, es el juguete como lo colorido, como un llamado a permitirse seguir en la infancia, a ver las cosas con ojos de niños.

Es la parte central de la exposición, es el universo de la fantasía, de las ensoñaciones. El llamado que hago a través de esta obra es a permitirnos como adultos recuperar el acceso al universo lúdico, a lo onírico, que los sueños vuelvan a tener importancia en nuestro diario vivir.

La retrospectiva abarca décadas de su obra. ¿Cómo han sido estos años de trabajo?

Han sido 40 años de trabajo. Los comienzos son difíciles y más para una artista joven que no tiene quien lo represente, que no tiene coleccionistas, que no lo conocen, que no tiene galerista, que los críticos no han visto su trabajo; tiene muchas dificultades para abrirse un espacio en este complejo y competido universo del arte.

En este momento, las circunstancias son más tranquilas, hay un cierto reconocimiento de la obra, por lo que me puedo dar la licencia de trabajar como yo quiero, como se me dé la gana, con el tiempo que quiero, los materiales que quiero, demorarme lo que deseo en hacer una producción. Estoy trabajando ahora de una manera lenta, a mi placer.

Hablemos de su nueva producción, Mutaciones (2017). ¿Está atrás dejando a personajes icónicos como Mickey Mouse, Bart Simpson y Supermán, para explorar otros más simples?

Sí, esta nueva serie, que inicia con las piezas La dificultad inicial, Golpe de gracia y La preponderancia de lo pequeño, trata cosas prototípicas, como el pensamiento, las memorias colectivas, el universo de las aves. Como símbolo de algún hexagrama del I Ching, se vuelven elementos reiterativos. De aquí en adelante, voy a abrir una gran serie que tiene que ver con los humildes pájaros.

La reinvención es uno de los retos de su carrera, siempre se escucha en el campo artístico la pregunta: ¿con qué irá a salir ahora Nadín Ospina?

Sí. Yo creo que hay momentos en los que hay detenimiento. Muchas veces le ocurre al artista que pareciese que no llega nada a la imaginación, que hay como un agotamiento creativo. Por experiencia, a través de los años, he descubierto que esos son los mejores momentos, porque son los momentos en los que se cierran ciclos. Uno deja de pensar obsesivamente en un ciclo de creación y se inicia otro. La clave es dejar que se extienda el otro momento, con naturalidad, que fluya como una pasión nueva.

Esta retrospectiva es también es un reencuentro con Medellín, la ciudad en la que comenzó su carrera. ¿Cómo ha cambiado frente a ese joven Nadín Ospina?

Era más ingenuo, más irresponsable con mi vida y con mi obra. Desde luego, con temores, con miedos de formar parte de un mundo tan ajeno y lleno de dificultades como es el mundo del arte. Ahora, quizás soy un artista más tranquilo, más confiado en las cosas que sé hacer y tengo mucho más claro qué no puedo hacer. Dicen que los perros viejos ladran echados.

¿Borraría algo de su producción artística?

Lo que no está, es porque fue destruido. Alguna de las herramientas más útiles para los artistas son el borrador, el martillo o el fuego. Muchas cosas hay que descartarlas, destruirlas dentro del proceso, el ensayo y el error es parte fundamental en esto de la magia, al mejor estilo de la hechicería.

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