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Réquiem por la Polaroid

Crónica sentimental sobre el poder que ejerció durante siete décadas la cámara más amada por artistas y familias de clase media. Hace apenas unas semanas se anunció que no se producirán más películas de este tipo.

2010/03/15

Por Andrés Felipe Solano

Un ovillo de metal verde y una montaña de cristales que brillan bajo la luz del mediodía. Esa es la primera Polaroid que recuerdo haber visto. Estaba en un cajón de la mesa de noche de mi padre. La foto había sido tomada por la policía de carreteras en la vía Ibagué-Neiva como prueba testimonial luego de que un conductor alicorado impactó de frente el Renault 18 GTX que manejaba en solitario. Era terriblemente bella y extraña. Las latas verdes resplandecientes y retorcidas, la espuma de los asientos delanteros cual flores prehistóricas, los vidrios regados como sal sobre el asfalto, un cielo azul desértico y mi padre fuera de peligro. Una composición que ya no se verá jamás ahora que la mítica compañía fotográfica ha decidido dejar de producir la película instantánea preferida por los espías, los fotógrafos de parque, los artistas que trajo la era pop y los pornógrafos. La era digital arrinconó a la Polaroid y obligó al cierre de sus fábricas en Massachusetts, Estados Unidos, México y Holanda después de haber reinado por 60 años gracias al capricho de una niña.

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